Apuntes desde el gueto sobre los nuevos europeos de Madrid. Por Vicky Bautista Vidal

Apuntes desde el gueto y a vuela pluma de los nuevos españoles. Ilustración de Linda Galmor
Apuntes desde el gueto y a vuela pluma de los nuevos europeos en Madrid. Ilustración de Linda Galmor

«Vivir en mi barrio de Madrid es contemplar ejemplares de muchas culturas, aunque, ya les gustaría eso de la cultura»

Vivir entre dos aguas, en este caso entre dos barrios: uno trabajador, surtido y variopinto y el otro de lo que se llama categoría, como es la Castellana y aledaños, da la oportunidad de pasar en poco tiempo de un mundo a otro en una misma ciudad. Penoso contemplar como sin darse cuenta, el primero se puede convertir en un gueto si es que no lo es ya.

Vivir en mi barrio es contemplar ejemplares de muchas culturas, aunque, ya les gustaría eso de “la cultura”: Mejor decir que ejemplares de muchos países con la misma no cultura intentando sobrevivir muchos, y otros tantos, viviendo subvencionados y acunados por el piojerío españolense… Si, he dicho españolense por que “español” es otra cosa y dado que ahora hay que ser asertivo, me saco de la liga el palabro para definir al batiburrillo de patatas nativas que andan por ahí dándoselas de buenos samaritanos, aunque a ellos esas nacionalidades bíblicas les suenen a tegucigalpense.

Me siento turista en este mundo variopinto. Y, me gustaría que nadie me tirase una piedra por afirmar que, dentro de veinte años, habrá muy poquitos naturales y que España, será una mayoría mezclada de chinos, sudamericanos, negros y árabes; y que la futura juventud “española” será de estas nacionalidades, porque ya se pueden ver miles de niños con otros tonos de piel y muy poquitos blancos.

«Los niños son igual de maravillosos en todas partes. Igual de graciosos, igual de inocentes»

Los niños son igual de maravillosos en todas partes. Igual de graciosos, igual de inocentes. Exactamente igual de listos y juguetones. Pero no sé qué pasará si los grupos, como los grupos étnicos acostumbran a hacer, empiezan a reunirse encerrándose fanáticamente en sus leyes, culturas, creencias que trajeron de países ya fracasados.

Como ando de buen humor, me permito quitarme un poco de él y me voy de paseo por los dos barrios. Por la mañana, una fiesta de perroflautas en la placita del barrio trabajador. Por la tarde, el personal cambia en esa plaza y da paso a la morería femenina en pleno asfixiada por chales, pañuelos, abrigos…, que contempla plácidamente a sus herederos jugar al balón en esa misma plaza y parecen no estar al borde del pálpito pese a los cuarenta grados a la sombra, soportando con estoicismo y una comprensible peste a sudor, encerradas como están bajo varias envolturas de tela, el calor canicular. Puede ser que contentas tras su indiferencia, porque pronto cargarán los coches estupendos de maletas y bultos para pasar a su África natal y veranear tranquilamente, gracias a nuestro sudor laboral, sudor que yo creo, se debe a los cincuenta grados de hartura de la panda contribuyente nacional.
A ellos no se les distingue, salvo alguna chilaba delatora, van muy fresquitos, con pantalones cortos, camisetas de tirantes, zapatillas deportivas nuevas … Muy occidentales, muy adaptados: móviles a la última.

Muchas tiendas de comida y ropa suya; que digo yo, que debe ser en ellas donde trabajan los caballeros del turbante, por que yo no los veo trabajar, pero estar están, debido a que sus mujeres si que se ven y hay muchísimas, embarazo en marcha y empujando la sillita de los futuros soldados de Alá.

Estos detalles no le dicen nada a la asnada feministoide nacional, que todavía no ha salido a defecar ni a mover las domingas pintarrajeadas a las puertas de mezquitas o calles tomadas por la morería para denunciar posibles “machismos” y “hetero patriarcados”. Ellas a lo facilito: iglesias y eso, que, de ahí, nadie saldrá y les calentará el lomo si se ponen bordes.
Los traseros nacionales solo defecan en lo suyo. El culo paiseño es respetuoso y no se ocupa de lo ajeno. Para que luego diga alguien que no son patriotas.

«Bajo hasta Cuatro Caminos. La parte baja de mi calle, una de las arterias de Madrid, es patrimonio de la humanidad sudamericana»

Bajo hasta Cuatro Caminos. La parte baja de mi calle, una de las arterias de Madrid, es patrimonio de la humanidad sudamericana. Grupitos de hombres reunidos aquí y allá y la certeza de que todos aquellos del pasamontañas y la gorrita, de las bandas latinas que vimos en las películas americanas, se han mudado y han emprendido el “descubrimiento” de Colón, pero al revés. 

Admirada de la firmeza y potencia de las señoras de los “países hermanos”, poseedoras casi todas de un caudal considerable de carne, posicionada valientemente al final de la espalda. Que entonces una comprende sus bailes, todos ellos adecuados a colocar en su sitio a base de movimientos, esos traseros descomunales.

Las llamadas nalgonas por ellos mismos, llenan mi calle de salserío. Ilustración de Linda Galmor
Las llamadas nalgonas por ellos mismos, llenan mi calle de salserío. Ilustración de Linda Galmor

«Las llamadas “nalgonas” por ellos mismos, llenan mi calle de salserío y rotundidad carnal también»

Las llamadas “nalgonas” por ellos mismos, llenan mi calle de salserío y rotundidad carnal también. Imagino que, una alegría para muchos cuerpos masculinos. Noventa y cinco de cada cien personas con las que me cruzo no son españolas. Los naturales son en su mayoría gente de cierta edad, o que corrobora mi primera opinión de que, en cien años, los españoles todos calvos, y España, será un lugar donde los guerrilleros, lucirán tonos de piel oscuros, y muchos llevarán turbante, y otros muchos, pasamontañas y gorritas al revés.

Que nadie me llame nada más que “profeta”. Que hay mucho sensible que en cuanto lee algo relacionado con el extranjerío en España, siente que el dedo índice toma vida propia y anda denunciando a la nueva inquisición española: Facebook y sus nuevas SS, posibles delitos de odio.

«Asumo la verdad y la transfiero sin acritud, asumiendo lo que hay y lo que es, sin rabiar ni nada, lo que ya es una heroicidad»

Informo al propietario de “dedo justiciero” que yo no me ocupo en odiar nada ni a nadie. Yo dentro de cien años calva también. Solo soy un testigo y cuento lo que veo. ¡Vamos!, encima que asumo la verdad y la transfiero sin acritud, asumiendo lo que hay y lo que es, sin rabiar ni nada, lo que ya es una heroicidad.

Afirmando en verdad que lo singular de España, pronto pasara a ser “lo plural” de Zapatero en primer lugar y de todos los gobiernos que han permitido esa “pluralidad”.
Me acerco a una obra: obreros sudamericanos, pocos españoles y algún negro: ¡Si, negro! Sin connotaciones: Uno de China es chino. Un negro es un negro. Un sudamericano es un sudamericano, no un “sudaca”. Yo soy una madrileña y mi prima la de Zaragoza es maña.

Sigo paseando hasta llegar a la frontera: La calle Orense. ¡Caramba!, recupero la España de antes otra vez. Aquí la mayoría es nacional. Las tiendas de moda colombiana, chinas y árabes se han quedado atrás y me encuentro de nuevo con la España que no se ha dado cuenta todavía de la masiva pluralidad.

Me gusta recordar viejos tiempos paseando por sitios ya vividos. Pero como ya estoy cansada de andar y sobre todo de pensar, tomo un autobús que me suba otra vez hasta el gueto y que me haga olvidar con sus tirones tanta meditación. Nunca he sabido ir en autobús, siempre ando bamboleándome como una caña y a punto de probar el suelo, agarrada con desesperación a una barra sin que me sirva de nada, pues sigo siendo agitada de un lado a otro: “Cuerpo señorito”, como diría alguien que conozco.

Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

Deja un comentario