
«Y es que mas allá de los amores de cada uno, en la dura realidad de la geopolítica internacional, el órdago secesionista no es lance fácil de jugar»
La puesta en escena del supremacista Torra esta llena de señas que todos los jugadores pillan a la primera. Ni sabe ni quiere jugar. La escenificación de banderas en «sus embajadas» y hasta el salir, cada día, con sus corifeos para entonar «Els Segadaors» con el orfeón de subvencionados catalanes. Se trata de un órdago en toda regla, en esa partida que comenzó Jordi Pujol hace ya más de treinta años y en la que las famosas cuatrocientas familias catalanas han invertido el oro y el moro en hacer patria: educación, inmersión, propaganda y fidelidad compartida entra la corrupción y la subvención.
Al estado ahora capitaneado por el felón le quedan dos posturas: aceptar, o no, el envite final.
En el caso del no, el mus nos enseña que se deben contar las jugadas y hasta el último pito cuenta. En este caso y paradójicamente España debe asumir que para los catalanes independentistas, es decir prácticamente toda su élite intelectual, artística y financiera, no se trata de una cuestión de dinero ni de economía, y aunque todos sepamos de carrerilla un montón de chistes sobre catalanes y pesetas, en el órdago lo que cuenta es el adn separatista. Hay que asumir que se quieren ir cueste lo que les cueste.
En el caso de aceptar el órdago hay que recordar la vieja frase del castellano: «Al enemigo puente de plata». Quiero destacar aquí una frase que me llamo la atención pronunciada por el político españolista Albert Rivera: «Amo tanto a Cataluña que estoy en contra de la secesión» tomada del libro de frases celébres, en sus páginas dedicadas a Albert Camús: «Amo tanto a mi país que no puedo ser nacionalista». (Albert Camus). Y es que mas allá de los amores de cada uno, en la dura realidad de la geopolítica internacional, el tema del órdago secesionista no es lance fácil de jugar. Hay que hacer muchos cálculos, observar con atención a ese corazón del mal que representa Bélgica y aparcar muy bien los tanques.
El Torra ha demostrado que no es buen jugador de mus. Se le ven todas las señas. Confía en que el doctor Sánchez, el maestro de la impostura y la traición, sepa engañar con las señas a a esos millones de catalanes que aman, trabajan, se divierten, sufren y consumen en todas los pueblos de Cataluña y hasta ahora siguen confiando en la necesidad de la izquierda, la progresía, el derecho a decidir pero les da vergüenza sacar la bandera española al balcón. Por modernidad, para no molestar la convivencia, y que dicho sea de paso, ya está condenada aunque no lo quieran ver.


Bordado, aunque no tengo tanta seguridad en que todos los que no estaban aplaudiendo a Mas, estén con el resto de España, habría que descontar a los «medusas» que se dejan llevar por la corriente más favorable; los que ponen un precio distinto a su compromiso; los que «pasaban por allí» … y sobre todo los que se sienten más genuinos que el propio Mas, que son a los que no les hace ningún favor la jugada. De todas formas, estamos con los españoles de Cataluña que lo tienen tan difícil con los órdagos sobre su crisis.