Extracto de la novela «Esclavo Siglo XXI» (Parece una premonición). Por Rodolfo Arévalo

 

EXTRACTO DE MI NOVELA ESCLAVO SIGLO XXI (Parece una premonición).
EXTRACTO DE MI NOVELA ESCLAVO SIGLO XXI (Parece una premonición).

«La inmigración, que tanto habían deseado algunos y tanto denostaban otros como José Artero, fue creando zonas gueto»

AÑO 2030 ASUNTOS QUE YA QUEDAN LEJOS.

En el año dos mil treinta, la tranquilidad que se había estado viviendo en Madrid durante la mayor parte de los anteriores a 2025, se fue perdiendo. La inmigración, que tanto habían deseado algunos y tanto denostaban otros como José Artero, fue creando zonas gueto. En unas vivían personas que provenían de países de religión musulmana, y en estos, grupos violentos hacían cumplir sus leyes, que nada tenían que ver con las nuestras. José había constatado desde su automóvil que en esos barrios podían verse muchas personas sin mano derecha, porque se las cortaban a los ladrones. Colgaban a veces de grúas a los homosexuales que tenían la desgracia de caer en sus garras. Otras los lanzaban desde las azoteas de los edificios. Eso tenía aterrorizado a Leandro, que se tranquilizaba cuando Ragapé le decía que a ellos no les pasaría porque no aparentaban lo que eran. Lo que la gente no había previsto años antes, cuando decían que había que admitir la inmigración musulmana por solidaridad y porque salvo algunos intolerante terroristas, la mayor parte eran buenas personas, era el aumento de esos grupos sociales con el tiempo. Sí pensó Artero, pero lo que no habían tenido en cuenta es que los hijos de esos inmigrantes votarían en las elecciones y cambiarían las leyes democráticas por otras teocráticas más acordes a sus creencias. Ese era realmente el peligro y no los grupos terroristas. José, lo había tenido claro desde que el problema de la inmigración comenzó a adquirir proporciones fuera de control. No se trataba de buenos o malos, evidentemente musulmanes buenas personas los había como en todos lados, pero ese no era el problema, el problema eran sus formas de estado basadas en la creencia religiosa y en la no admisión de la libertad fuera del Corán. Esto empezaba a ocurrir, en algunos barrios. En otros de mayoría hispanoamericana, alegre por naturaleza, no ocurría, sus costumbres y leyes en general eran mucho más próximas a las nuestras. Se habían vestido estos lugares de colores llamativos. Un ambiente distendido y tranquilo, salvo por la ruidosidad musical de aquellas personas, los hacían zonas seguras, pero esa alegría que había durante el día, por parte de los residentes, se perdía por la noche, porque las denominadas bandas latinas, en las cuales ahora también se integraban nacionales, invadían las calles. Lo peor eran las peleas constantes entre miembros de esas tribus urbanas por la posesión del territorio. Cada día se producían cinco o seis casos de apuñalamientos, palizas y muchos más asuntos nada agradables. Además las agresiones “machistas”, como las llamaban eran más frecuentes en la población inmigrante que en la autóctona. Pero esto no se solía decir. Los parados de larga duración, entre ellos los operarios de cadena de la TIO que ya sumaban decenas, se habían convertido en desempleados de duración indefinida y perenne, por ello muchos se empezaron a agrupar en bandas delictivas autónomas, casi bandas por gremio. Los robos, asesinatos por encargo y venganza por haber sido despedido aumentaron enormemente. José Artero era consciente de que nada volvería a ser igual que antes. De hecho tenía miedo, bastante miedo… Los sucesivos gobiernos, más interesados en ser considerados demócratas para ser reelegidos, que en ocuparse de la integridad de sus ciudadanos autóctonos, sus costumbres, derechos y cultura, desatendían todos y cada uno de estos problemas haciendo oídos sordos a una población cada día más aterrorizada y que empezaba a tomarse la justicia por su mano. Algunos decían que estas actitudes eran fascistas, pero José siempre contestaba si alguien lo mentaba, que no, que sólo se trataba de defensa propia. También había notado que el trabajo de desarrollo de los robots, que tenía a su cargo, estaba empezando a producir efectos negativos. Por oposición a lo que le habían vendido de liberación humana del trabajo esclavo, se estaba consiguiendo todo lo contrario. La población no solo no había empezado a recibir los soportes de supervivencia, sino que todavía, no se recaudaban impuestos por esos conceptos. Los operarios en paro se veían a sí mismos como siervos de la gleba, abandonados a su suerte y sin saber donde obtener los recursos necesarios para vivir. Pero eso sí, machacados a impuestos indirectos. De hecho en cinco años se habían ido a la calle más de quince millones de operarios. Los poderosos de la sociedad, que no vivían inmersos en la creciente ruina de las capitales y pueblos, se permitían además el lujo de usar a los autómatas para mantener el orden y la seguridad en sus paraísos aislados del resto de la gente. Artero sabía que su familia y él estaban viviendo todavía gracias a su trabajo en un mundo alejado de la realidad y miseria cotidiana. Pero tenía miedo al futuro. La mayor parte de los despedidos apenas cobraban un subsidio durante un par de años, pero luego quedaban a merced de su suerte Las empresas no cumplían sus pactos para con los despedidos. No había autoridad para hacer cumplir las resoluciones judiciales. Esto causaba indignación entre aquellas gentes que también veían cómo a inmigrantes sin oficio ni beneficio se les daban ayudas sociales por hijo y por otras causas, mientras ellos se morían en la miseria.

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Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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