Las Grullas que se van de España me avisan de la tempestad que nos viene. Por José Crespo

Las Grullas que se van me avisan de la tempestad que viene. Fotografía del autor José Crespo
Las Grullas que se van me avisan de la tempestad que viene. Fotografía del autor José Crespo

 

«Espero que las sombras y nubarrones que ensombrecen nuestro futuro, y me anuncian las grullas, solo hayan sido un mal sueño»

Tengo la suerte, así lo considero yo, de vivir bajo un punto de paso de aves migratorias. Dos veces al año, en un sentido u otro, las veo viajar orientándose mediante el brillo del río Tajo que tomado como autopista les ayuda en su viaje a África cuando las nieves se ciernen sobre los países nórdicos.

Toda la noche ha estado llorando el cielo sobre una tierra paciente, reseca y dolorida. Esta mañana una brizna de luz asomaba entre la cerrazón tormentosa mientras las últimas bandadas de escandalosas grullas sorteaban la negrura de una tormenta, que se adivinaba sobre Ocaña, y que como un antiguo capelo o galero cardenalício abarcaba con sus alas negras hasta el mismísimo borde del río Tajo en Aranjuez. 

Las grullas, con esa inteligencia grupal que las caracteriza, herramienta necesaria para su supervivencia como especie, bordeaban raudas y gritonas el negro presagio. Quisiera que nuestro instinto de supervivencia como nación nos empuje a defender su permanencia e impedir su destrucción, eludiendo las tormentas que preparan  sus enemigos con rayos y truenos de amenaza y traición.

Un rayo de luz iluminaba los sotos y las hojas de los álamos, olmos, castaños, tilos y liquidambar brillaban en toda una inimaginable escala de tonos, desde el marrón y el rojo hasta el amarillo. El suave crujido de las hojas bajo mi lento trote y el imperturbable silencio otoñal solo se veía roto por las grullas que avisaban del invierno y la negrura que se avecina.

Como cada año al escuchar el griterío pienso que mi hija Valle, que vive en Dinamarca, las haya escuchado también y me traigan noticias de ella. Cada primavera en su regreso huyendo del sofoco africano para pasar un agradable estío en las lagunas nórdicas miro al cielo y mando mis recuerdos para Valle.

Espero que cuando llegue la primavera solo hayamos pasado un invierno meteorológico y que las sombras y nubarrones que ensombrecen nuestro futuro, y me anuncian las grullas, solo hayan sido un mal sueño.

 
José Crespo

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Historia. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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