Greta, la histeria climática y la cruzada de los niños contra el calentamiento global. Por Carlos Aurelius

Greta, la histeria climática y la cruzada de los niños contra el calentamiento global
Greta, la histeria climática y la cruzada de los niños contra el calentamiento global

» La Cruzada de los Niños fue un movimiento religioso popular que surgió en la Edad Media Europea, concretamente durante el verano de 1212″

La Cruzada de los Niños fue un movimiento religioso popular que surgió en la Edad Media Europea, concretamente durante el verano de 1212. Miles de jóvenes se pusieron en marcha para recuperar Jerusalén de los musulmanes. La Cruzada de los Niños carecía de apoyo oficial y terminó en fracaso. Ninguno de los participantes llegó a Tierra Santa. Sin embargo, el fervor religioso que suscitó ayudó a iniciar la Quinta Cruzada (1218). Puede afirmarse que fue el primer movimiento juvenil europeo.

El principal protagonista de “la cruzada de los niños” fue un pequeño pastor de doce años, Étienne (Esteban en la lengua francesa). En el mes de junio el pequeño Esteban afirmó haber tenido una visión: Jesucristo le pide que escriba una carta al rey de Francia solicitándole que dirija una nueva cruzada para la liberación de Tierra Santa.

 Felipe Augusto, que ya había participado personalmente en la Tercera Cruzada, dos décadas antes, junto a Ricardo Corazón de León sin conseguir nada, y enzarzado como estaba en su guerra con los Plantagenet, ignoró por completo la carta del pequeño Esteban. En realidad, lo sorprendente es que el niño-pastor consiguiera hacérsela llegar.

«Se le vuelve a aparecer Jesucristo, pero esta vez con un mensaje distinto: le encarga que dirija una cruzada integrada por niños para liberar la Tierra Santa»

El caso es que, tras la negativa del rey a Esteban, se le vuelve a aparecer Jesucristo, pero esta vez con un mensaje distinto: le encarga que dirija una cruzada integrada por niños para liberar la Tierra Santa. Según cuenta la leyenda, Jesucristo le promete que, abrirá las aguas del Mediterráneo para que puedan cruzarlo, tal como hizo Dios con Moisés; y Jerusalén caerá bajo el poder de la pureza de sus almas y de su bondad.

Al mismo tiempo que Esteban tuvo aquella “revelación” y recibió el encargo,  otro pequeño pastor, de nombre Nicolás, de la región de Renania en Alemania, recibió un encargo similar y comenzó a reclutar niños por toda la región, para finalmente lograr congregar en la ciudad de Colonia a miles niños que habían sabido de la misión que le había encargado Jesucristo.  Desde allí emprendieron camino a través de los Alpes, rumbo a Italia. Un camino difícil, pese a ser en verano. Muchos murieron y otros muchos dieron la vuelta y regresaron a sus casas. Alrededor de siete mil acabaron llegando a Génova a finales de agosto. Se dirigieron a la costa y allí esperaron que las aguas se abrieran para cruzar hacia su destino.

«En su camino iban viviendo de la caridad de los pueblos que atravesaban, pero eran demasiadas bocas que alimentar»

Mientras tanto, Esteban había conseguido reunir unos treinta mil niños y pusieron rumbo al sur, a la costa mediterránea. En su camino iban viviendo de la caridad de los pueblos que atravesaban, pero eran demasiadas bocas que alimentar: muchos murieron de hambre y, al igual que los niños alemanes, otros muchos regresaron a casa.

Menos de dos mil llegaron finalmente a la costa, donde comenzaron a rezar de sol a sol en espera de que se abrieran las aguas. Pero el milagro no llegaba. Tras varios días rezando, unos comerciantes les ofrecieron sus barcos para trasladarse a Jerusalén. Esteban y sus seguidores, agradecidos, creyeron ver en el gesto el milagro prometido y embarcaron confiados. Sin embargo los barcos pusieron rumbo a Alejandría, donde los niños fueron vendidos como esclavos.

A Nicolás y los suyos tampoco les fue demasiado bien. Las autoridades genovesas se apiadaron de ellos y ofrecieron la ciudadanía a aquellos que quisieran establecerse allí. Y muchos lo hicieron, pero Nicolás y sus seguidores más fieles no quisieron darse por vencidos y continuaron camino hasta los Estados Pontificios, donde les recibió Inocencio III, exhortándoles a regresar junto a sus familias. Apenas ninguno logró sobrevivir en el viaje de vuelta a través de los Alpes.

«Detrás de experiencias místicas, histéricas, de locura como la que acabo de narrar está lo que se denomina milenarismo»

Detrás de experiencias místicas, histéricas, de locura como la que acabo de narrar está lo que se denomina milenarismo, la creencia en la Segunda Venida de Cristo y el establecimiento de su reino en la tierra como se predijo en el Libro de Apocalipsis de San Juan.

Pese a que la mayoría de la gente piense lo contrario, la base fundamental de la creencia milenarista no es el anuncio de las desgracias que deben ocurrir en el año mil o en el dos mil, o en el tres mil…; es la convicción de que habrá, entre el tiempo que vivimos, con sus desgracias y sus crímenes incluidos, y la eternidad posterior al último juicio, un periodo intermedio de paz y de felicidad en el mundo terrenal. Según la creencia milenarista, Cristo vendrá a reinar en este mundo con los «justos» resucitados. El Reino de Dios estará precedido por el caos, cataclismos y guerras.

«De nuevo vivimos en un período histórico oscuro, una época de temores particularmente impactante»

Demos un salto de ocho siglos, trasladémonos al siglo XXI; de nuevo vivimos en un período histórico oscuro, una época de temores particularmente impactantes que, no responden tanto a profecías, o premoniciones apocalípticas (aunque algo de ello también hay), como a un conjunto de amenazas de sectas salvacionistas, ligado al concepto de mesianismo. Asistimos a una especie de milenarismo, expresado en forma de utopismo de carácter secular pero religioso, vigente a través de proyectos políticos de salvación universal o ingeniería social totalitaria.

Para los tiernos infantes, los jóvenes y los adultescentes, y demás víctimas de las leyes educativas “progresistas; es necesario hacer un paréntesis para explicar el vocablo “utopía” y su derivado, “utopismo”:

La palabra “utopía” empezó a emplearse después de la aparición del famoso libro de Tomás Moro, “Utopía”, en el que se describe un Estado ideal y la vida social racionalmente organizada de los hombres en la inexistente e imaginaria isla de “Utopía”. Desde entonces, la palabra “utopía” sirve para señalar una teoría fantástica sobre el régimen estatal ideal, sobre la sociedad ideal. Evidentemente, Tomás Moro se inspiró en San Agustín (la Ciudad de Dios) y el gobierno de los sabios que propone Platón en “la República”… En la actualidad, utopismo también es sinónimo de todo proyecto (social, técnico, etc) sin fundamento, sin base científica.

«En los tiempos que nos ha tocado vivir, predomina el infantilismo frente a la madurez. La impulsividad, las emociones, los instintos, dominan a la reflexión»

En los tiempos que nos ha tocado vivir, predomina el infantilismo frente a la madurez. La impulsividad, las emociones, los instintos, dominan a la reflexión; el placer a corto plazo a la búsqueda de horizontes futuros. Los derechos y los privilegios, imperan sobre los deberes, sobre la disciplina, esas pesadas obligaciones de las personas adultas.

Predominan la fiesta, la algarabía, la protesta, el derecho al pataleo, frente a la búsqueda de la excelencia. Y, a río revuelto, la enorme infantilización e idiotización colectivas fomentan la difusión de miedos, temores sin base alguna, que hacen que la gente se sienta cada vez más insegura, angustiada y vulnerable.

Es mucha la gente que siente vivir en una especie de “sociedad del pánico“, tremendamente conservadora que, ve peligros por todos lados, reacia a cualquier clase de cambio, que rehuye asumir riesgos, y por lo tanto, rechaza tomar decisiones y asumir oportunidades.

 «Nunca la humanidad había alcanzado las cotas de seguridad y bienestar que hoy disfrutamos, nunca el mundo ha sido tan seguro como en el presente»

Vivimos en una sociedad asustadiza que, se siente víctima de cualquier clase de terrorismo, y que se aterroriza simplemente por serle nombrada la palabra “terrorismo”. Nunca la humanidad había alcanzado las cotas de seguridad y bienestar que hoy disfrutamos, nunca el mundo ha sido tan seguro como en el presente; y, sin embargo nunca la gente ha tenido tanto miedo. Hasta los periodistas, tertulianos, “intelectuales” son incapaces, por miedo, a contar lo que ocurre a su alrededor.

Los actuales humanos tienen miedo de lo que comen, del aire que respiran, de hasta cómo amarse y cómo “hacer el amor”… Y, han sido convencidos de que lo inusual, lo excepcional, está ocurriendo a cada instante a su alrededor, aunque no sea cierto.

Por todo ello cada día es mayor el número de personas que se dejan influir por ideas milenaristas. Sí, igual que ocurría en la Edad Media Europea, los predicadores de teorías apocalípticas ejercen enorme fascinación, sus seguidores son legión… y los nuevos “pueri” y “puella” (tal como se les llamaba en la Edad Media) no se dan cuenta de que, en medio de tanto ruido, los charlatanes solo pretenden con su retórica vacía llenarse los bolsillos.

«Y, en estas llegó Greta Thunberg predicando una nueva cruzada de los niños, pero, en esta ocasión sí está bendecida, y apoyada de forma entusiasta por el Papa de Roma»

Y, en estas llegó Greta Thunberg (ésta no es una “pastorcilla”, pero todavía está a tiempo de aprender a pastorear, pero, de momento le basta con padecer trastorno de déficit de atención e hiperactividad, síndrome de Asperger y trastorno obsesivo compulsivo), predicando una nueva cruzada de los niños, pero, en esta ocasión sí está bendecida, y apoyada de forma entusiasta por el Papa de Roma. Hasta el extremo de que le ha dedicado una Encíclica al asunto, “Laudato Si”.

A la niña sueca, cada día que pasa se parece más a Girolamo Savonarola, religioso dominico, predicador italiano, del siglo XV y organizador de la célebre hoguera de las vanidades, donde los ciudadanos de Florencia  estaban invitados a arrojar sus objetos de lujo y sus cosméticos, además de libros que consideraba licenciosos, como los de Giovanni Boccaccio. Predicó contra el lujo, el lucro, la depravación de los poderosos y la corrupción, contra la búsqueda de la gloria y contra la sodomía, que consideraba que eran los principales males, pecados de la sociedad de Florencia, en la que él vivió.

Evidentemente, negar que existe el cambio climático es del género tonto, pues el clima es un fenómeno cambiante, nunca ha habido un “óptimo climático”, y nadie sabría explicar en qué consiste, pero lo que, sin duda no existe es lo que algunos denominan cambio climático antropogénico.

El cambio climático, el calentamiento global, es una religión, no es ciencia. Y, pese a que, hasta el Papa Francisco lo afirme cual dogma de fe, tampoco hay emergencia climática, el planeta no va a morir, el Apocalipsis no está cerca; están intentando engañarnos mediante la histeria climática y hay que hacer lo posible para que recupere la cordura.

«Si no recuerdo mal, el Papa Francisco hablaba recientemente de incluir en el catecismo de la Iglesia Católica el “ecocidio” y el “pecado ecológico”

Si no recuerdo mal, el Papa Francisco hablaba recientemente de incluir en el catecismo de la Iglesia Católica el “ecocidio” y el “pecado ecológico”, o algo parecido, para quienes incurran –por acción u omisión- en actos y hábitos de contaminación y destrucción de la armonía del medio ambiente; a este paso, la principal representante, y cabeza visible de la “iglesia de la calentología”, solo le falta proponer que se queme a los negacionistas en la hoguera de las vanidades, tal cual hacía Savonarola…

La cruzada de los niños, terminó de forma catastrófica, como he narrado más arriba; la cruzada de Greta, es posible que acabe de igual manera; lo peor son las enormes secuelas que dejará en el camino…

 

Carolus Aurelius Calidus Unionis

Carolus Aurelius Calidus Unionis

Profesor jubilado, jubilosamente jubilado, debido a mi profunda sordera, lo cual me hace ser capaz de diferenciar entre "oír" y "escuchar", cosa poco corriente en la oclocracia (el gobierno de los que más fuerte gritan, más ruido son capaces de hacer) que padecemos.

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