
«Se está tratando de ver algún tipo de mensaje subliminal más allá de las palabras del Rey en su mensaje de Nochebuena»
Se está tratando de ver algún tipo de mensaje subliminal más allá de las palabras del Rey en su mensaje de Nochebuena. Lo cierto es que se trató de una jerigonza aterciopelada, salpicada de referencias a la Nada más absoluta, plagada de globalismología, sin entrar al trapo de las cuestiones que realmente preocupan a la gente, aunque más de uno argumentará lo de que habló del desempleo, que mencionó una vez a Cataluña y que España tiene un horizonte brillante por delante… ¡Joder con el horizonte brillante! (Y perdonen por el exabrupto).
Llevamos cuatro décadas oyendo decir que tenemos grandes retos por delante, que somos unos monstruos en la cosa de los deportes, que hay que superar las diferencias políticas y evitar los enfrentamientos, que si la convivencia, que si el respeto, que hay un horizonte megasuper para el país, que la consolidación de la democracia y su santa abuela nos enamora y que la Constitución es la pera limonera que nos protege y acuna. Pues he dejado de estar de acuerdo, ¡leñe!
Me aburrió y decepcionó a partes iguales el chorro verbal al más puro estilo Ozores, connotado de la fraseología rimbombante que empleábamos en los exámenes (de lo que fuera) que no nos habíamos preparado adecuadamente…
«Se trabó bastantes veces, cosa que sucede cuando uno lee algo que o bien no ha escrito, o bien le han repasado tanto… que ya ni lo reconoce»
Se trabó bastantes veces, cosa que sucede cuando uno lee algo que o bien no ha escrito, o bien le han repasado tanto… que ya ni lo reconoce. Las masonas referencias a la UE, al reto climatológico (lo del “medioambiente” ya ha desaparecido por completo), y a la brecha salarial de la cosa del género, me recordó más bien a cualquiera de las charletas del tal Dr. Sánchez, que no a lo que se esperaba de Su Majestad.
El ejemplar tumbado de la Constitución, esa porquería de Nacimiento soso y breve, y la preponderancia de un adorno civil y nada español como es el dichoso árbol de Navidad sajona, me hicieron rechinar los dientes. ¡Tanta expectación para nada de nada! La trascendencia necesaria, o al menos aguardada, que millones de españoles esperaban hallar en ese ratito televisivo, brilló por su ausencia por todo lo alto, con categoría siete huracanada pero sin viento, con apenas una brisilla suave y melíflua…
«No pareció anoche con su mensaje de Nochebuena que tenga una intención clara de empujar la prevalencia de la sensatez y la cordura, al menos en público»
Lo dicho: o este hombre se está suicidando o se está dejando querer y… ¡a ver qué pasa! Tiene al enemigo en casa y con chorreras, dispuesto a segarle la hierba bajo los pies al menor atisbo de posibilidad, y no pareció anoche con su mensaje de Nochebuena que tenga una intención clara de empujar la prevalencia de la sensatez y la cordura, al menos en público. Se podría, por tanto, argumentar que quizá haya algo que los demás no sepamos, que tal vez se esté haciendo bajo cuerda, que a lo mejor el verdadero discurso está presente entre líneas y otras ocurrencias fantásticas, pero el hecho incontestable es que anoche no vislumbramos ninguna esperanza real ni mensaje subyacente que mantenga viva la llama que alumbre un camino para todo este tinglado, antes llamado España.
Veremos…
