
«Los espejos todos, de todas las casas, hasta los de la Moncloa presidencial, e incluidos los del esperpento reflejan ya el auténtico rostro del gobierno de Sánchez»
Los espejos todos, de todas las casas, hasta los de la Moncloa presidencial, e incluidos los del esperpento que se conservan en el «callejón del gato» de Madrid desde que, por allí, pasó Max Estrella recitando a Valle Inclán, reflejan desde hace ya varios días el auténtico rostro del gobierno de Sánchez. Un presidente nuevo que azoga la política para reflejar su poder, delirio social y apuesta por la provocación en cada de una de sus movimientos. Una enfermedad que propaga desde su laboratorio de propaganda y nos hará temblar a todos.
Políticos en la oposición y sesudos columnistas alertan de la condición de cortina de humo o de apestosa tinta del calamar al ataque frontal al pin parental asumido por la comunidad de Murcia que el gobierno de Sánchez lanzó por boca de sus ministras, pero en realidad el órdago ha sonado con contundencia: Su propuesta política se centra en controlar la educación de nuestros hijos por medio de una nueva Ley de Educación.
Se trata de la nada política convertida en mayoría parlamentaria por el diseño de la propaganda por la que, en tan solo una semana, hemos evolucionado desde la ingeniería financiera a la ingeniería judicial, una nueva arma de destrucción democrática que Sánchez está desplegando desde su nueva Fiscalía General del Estado, un virus que será capaz de colarse por la puerta trasera de la Constitución para infectar todo el sistema.
Dime, dime espejito, ¿Cómo me mantengo en poder hasta el 2023?… Han debido preguntar a sus gurús mediáticos, como los héroes clásicos lo hacían en la Delfos del Oráculo, pero sin percatarse, ni echar cuentas por su prepotencia, a la concavidad de la calle, nuestras expresiones torcidas, al alma doblada de los vecinos en paro y las miradas torvas de incomprensión ante su descaro ideológico, ideas, incumplimientos y traición a los españoles que viven en Cataluña, a todos los españoles, y claro está, las respuesta por el momento se han transformado en Esperpento.
Lo dijo Max y está escrito negro sobre blanco en la enciclopedia de las grandes obras: «El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada. España es una deformación grotesca de la civilización europea.»
Y así, mientras las televisiones nos reflejen un Sánchez pletórico, feliz y comprensivo con todo hasta con la alta traición de los políticos catalanes, la inexorable realidad de los espejos curvos nos muestra su riesgo para la convivencia, tanto en la deriva catalana de incumplimientos judiciales, como en el déficit presupuestario que España tiene encima.
