
«Además del buenismo hay otra cosa que no puedo entender o que me cuesta entender: La cerrilidad de pensamiento»
Además del buenismo hay otra cosa que no puedo entender o que me cuesta entender: La cerrilidad de pensamiento. Pero no la de los enemigos de la libertad, sean del tipo que sean; Antisistema, comunista, fanáticos religiosos; si no la de los políticos, jueces y estamentos policiales. No comprendo, cómo piensan que a gentes de esa calaña y nivel moral se les puedan aplicar las tan manidas normas del Estado de Derecho.
Si hay personas que reniegan de ese Estado y lo atacan, situándose al margen y lo niegan, y ni siquiera reconocen sus normas es porque han declarado la guerra a la sociedad. En las guerras las normas varían con respecto a un mundo de paz. Si no respetan el espacio que se ha dado el común de las personas para convivir con derechos, que los sacan de la brutalidad de la selva, ¿Cómo pueden reconocérseles los derechos de los que ellos abjuran?
«Me da igual cual sea el calificativo que los meapilas del buenismo quieran ponerme, porque por encima de las convenciones humanas está la libertad de los individuos»
Lo siento, no puedo entenderlo ni tolerarlo. Debe de haber un juego limpio para los que asumen esas premisas de las democracias y un juego sucio para los que no solo no las aceptan si no que las rompen siempre que pueden en su provecho, machacando a los demás. Y puesto que ellos mismos se excluyen, no veo la necesidad de que la sociedad tenga que otorgarles esos derechos. No hay ninguna justificación moral que enarbolar, porque la defensa propia debe ser respetada. Y si esta tiene que ser muy fuerte para ser específica, debería de serlo y legislarse. Todo esto debe afectar, no solo a la criminalidad, política o religiosa o de cualquier tipo, sino también a esos individuos que para el juramento de sus cargos de responsabilidad política, y desde aquel famoso «por imperativo legal», inventan las mil y una triquiñuelas para burlar y arremeter contra la Constitución y el Estado que van a representar.
No, digo no, una y mil veces, y me da igual cual sea el calificativo que los meapilas del buenismo quieran ponerme, porque por encima de las convenciones humanas está la libertad de los individuos y la libertad de la sociedad que como grupos forman. No se puede dejar que unos autoexcluidos personajes que jamás respetan la libertad de los demás, ni tampoco sus derechos, puedan darse el lujo de ser respetados por estos últimos. Así que si hay que usar mano dura para defender los estados de derecho, que se use, para eso se han creado los cuerpo de seguridad del Estado, para defenderlo. Y ni siquiera puede aceptarse que haya para ellos cauces democráticos para llegar al poder, puesto que su intención es acabar con los postulados básicos que constituyen las democracias.
