
«Muchos, queremos acompañaros con este acto de contrición para pediros perdón a todos y cada uno de los muertos por el coronavirus»
Para casi todos nosotros es muy difícil ponerse dentro de los zapatos de los demás durante una milésima de segundo. Si se ejercitara este “deporte” con más asiduidad, el mundo cambiaría bastante: El mundo de la buena gente, claro está; que, el de la mala gente, es un poco más complicado de modificar hasta que no se conozca la fórmula para eliminar el miedo y ciertos instintos que provoca la absoluta ignorancia. Yo quisiera que mis palabras salidas del corazón llegaran a ese espacio que ocupáis ahora para que sintierais que no estuvisteis olvidados en vuestra soledad. Que, en alguna parte del tiempo, muchos, queremos acompañaros y sentimos por voluntad propia vuestra impotencia, vuestro miedo y vuestra soledad en los momentos mas trascendentales del ser humano: los de la muerte.
Deseamos que entendáis que, en el mundo del que fuisteis arrojados, los eventuales supervivientes, comprendemos y conocemos que fuisteis víctimas. Que no vemos, en las infames estadísticas que nos dan cada día, solo números. Que sabemos que, debajo de los plásticos y dentro de todos esos ataúdes dormís vosotros, personas con nombre y apellido. Iguales a nosotros: en muchos casos, infinitamente mejores. Con una historia cada uno. Con ilusiones, planes e inocencia.
«Que conocemos la injusticia con muchos de vosotros, que fuisteis empujados a un lado por las necesidades de una selección obligada por la ineptitud y la irresponsabilidad»
Que sabemos del miedo que pasasteis. Que conocemos la injusticia con muchos de vosotros, que fuisteis empujados a un lado por las necesidades de una selección obligada por la ineptitud y la irresponsabilidad. Que, quienes se formaron para salvaros, tuvieron que elegir a la fuerza vuestro dolor y el de vuestros familiares en consideración a edades y situaciones.
Que se vieron obligados a seleccionar, aunque, si se trataba de edades, vosotros las teníais todas. Cada uno de vosotros era un niño, un adolescente, un joven… hasta llegar a vuestra avanzada edad.
Que también, quienes os trataban y debieron tomar la decisión obligada, van a cargar injustamente sobre sus espaldas con esa responsabilidad, aunque les viniera impuesta a la fuerza por estamentos abstractamente “superiores”. Por que ellos, además, tuvieron que veros morir desde la impotencia.
«Habéis pagado un precio caro, aunque fuera vuestra profesión: médicos, enfermeras, auxiliares, policías… Servidores por vocación, de la vida»
De donde hay no se puede sacar. Los derechos se esfumaron en la noche oscura de la insuficiencia culpable. Muchos de vosotros pertenecéis también al grupo inocente de los salvadores. Habéis pagado un precio caro, aunque fuera vuestra profesión: médicos, enfermeras, auxiliares, policías… Servidores por vocación, de la vida.
Tantos y tantos casos. Tantas lágrimas derramadas… Y ni una palabra de contrición a cargo de quienes deberían velar por vuestra seguridad. Al contrario: quejas continuas, negaciones, errores, corbatas rojas y ni un pésame. Y me refiero al último escalón de la culpabilidad, por que la responsabilidad primigenia, parte del oscuro origen de ese virus.
«Tantos y tantos deberían arrodillarse y besar la mano que nos habría gustado sostener en vuestros angustiosos momentos finales»
Tantos y tantos os deben una justificación. Y tantos y tantos deberían arrodillarse y besar la mano que nos habría gustado sostener en vuestros angustiosos momentos finales, para que, al menos, hubierais podido sentir un poco de calor.
Ojalá os llegue este humilde homenaje desde el mundo de los vivos. Ojalá, este pensamiento que os busca os lleve, allí donde estéis, cierto consuelo por nuestra contrición.
En el nombre de todos os pedimos humildemente perdón.

Gracias por el artículo.Mi madre falleció en la primera oleada el 12 Abril 2020,en pleno confinamiento y en soledad.La mayoría de la gente no sabe lo duro que es no poder hacer el duelo de forma habitual.No pudimos estar en la Incineración,2 meses la Urna en el Tanatorio,cuando al fin ,pudimos ir al cementerio 3 sacerdotes me negaron el acompañamiento,uno tenía cita con el médico,otro era mayor y le daba miedo salir y el tercero me dijo por tfno ,que estaba mal visto desplazarse a otro pueblo que no le correspondía.
Así rezamos solos en el cementerio.
Muchas Gracias por su empatía.