Cuando el horizonte se cubre de desesperanza el futuro empieza a hacerse fuerte y cercano. Por Rodolfo Arévalo

Cuando el horizonte se cubre de desesperanza el futuro empieza a hacerse fuerte y cercano
Cuando el horizonte se cubre de desesperanza el futuro empieza a hacerse fuerte y cercano

«Como dice Mercedes Sosa en su disco “Gracias a la vida que me ha dado tanto” porque llega un momento en la de cada uno, en que el futuro empieza a hacerse fuerte y cercano»

Llega un momento en la vida de cada uno, en que el futuro empieza a hacerse fuerte y cercano. Pasados los sesenta y cinco, puedes creer en milagros, muchos lo hacen día a día, y hasta en los Reyes Magos y Papá Noël. Pero se da el caso de que empieza a ser distinto. Miras atrás y ves como decía el poeta “la senda que nunca más se ha de volver pisar”. Solo quedan a la meta cuatro zancadas de siete leguas, como las botas del gigante, y poco más. Sí, hay que decirlo en ambiente infantil, ya que no queda mucho tiempo para festividades. Los regalos de cumpleaños y Navidad, siempre tan esperados, se reducen a que no te bajen el sueldo o la pensión y por regalo puedas aceptar hasta que te los mantengan sin rebajas de coronavirus y mala gestión.

Cuando, en cambio, se tiene mucho morro, como poseen los inefables gobernantes y jaleadores de estos pendones desorejados, que tenemos en España, el futuro, la posibilidad de que no ocurran desastres queda totalmente disipado. El horizonte se cubre cada vez más de una densa bruma de desesperanza y de paro. Si el capitán supiera, tan siquiera, manejar la rueda del timón y pudiera mantenerla derecha e impertérrita, tal vez atravesaríamos el mar de olas montañosas que se avecina sin tantos empleos y empresas muertas o moribundas. ¿Podrían mantenerse a flote? Quizás si hubiera esperanza en el futuro, tal vez, pero desde que gobernó el infame Zapatero, corre ve y dile de Maduro en la actualidad, la posibilidad de recuperar la ilusión, la fuerza, las ganas de trabajar y no de joder al prójimo se perdieron.

Empezaron a perderse cuando el nombrado, cada vez más innombrable, no se dedico a contar nubes como dijo, si no a joder al prójimo. La inocente juventud del 15-M, se creyó las mentiras del comunismo que tan bien diseminan sus mensajeros, rompedores de asambleas populares, para dirigirlas donde ellos las quieren. El desorden, la revuelta y el sálvese quién pueda, que sistemáticamente conduce, cuando se pierde el raciocinio a las sociedades dictatoriales.

No es culpa de los menores de cuarenta años, no. Ellos fueron educados en la laxitud y en el buenismo, “nadie es malo, lo hace malo la sociedad y la imposibilidad de prosperar en este sistema capitalista que ahoga y estrangula la libertad”. ¡Pobres necios! Que diría un autor del renacimiento, no se han enterado de que todo lo que no es libertad, no se hace realidad, siempre es un sueño y los sueños de universalidad y amor son de cristal, siempre se rompieron, se rompen y se romperán, por aquí y por Allah.

Si aún no se ha roto del todo el futuro es porque aún vivimos los que conocimos España antes de la transición y antes de que unos infames aprovechados fueran lavando el cerebro a incautos, desinformados con cuentos chinos sobre la igualdad la autogestión y las sociedades igualitarias, que al fin y al cabo resultan las menos igualitarias porque le hacen perder al individuo su valor como tal. Lo han conseguido cambiando la verdad de la historia de su país, engañando sistemáticamente. La mentira es su divisa, preguntadle a Pablo que os dirá lo uno y lo contrario en la misma frase.

Hay que ser individuo, con pensamiento propio no manipulado, la base de la familia, pilar de cualquier sociedad. Preguntadle a los musulmanes porque conservan sus valores caducos tras tantos siglos después de Mahoma. La respuesta no puede ser otra que la creencia en algo. Creer es vivir, lo de menos es en lo que creas. Para las culturas occidentales cada vez es más difícil creer, no en Dios, en el que todavía muchos creen, si no en los valores y normas que describen los diez mandamientos de la Ley de Dios, que no vienen a ser ni más ni menos que las reglas de convivencia que las sociedades se otorgan para poder vivir, y este descrédito se basa en la pérdida de identidad.

Un día alguien dijo, creo que un científico: que las posaderas existían porque sino el olor emanado de los anos de todos sería insoportable; así que la evolución fue propiciando la supervivencia de los individuos que tenían posaderas más grandes. Todo esto venía a cuento para poder decir que la sociedad Española, esta moribunda, la cultura occidental lo está en gran parte, salvo en zonas concretas en las que hay individuos que creen aún en los valores universales, han desarrollado nalgas grandes para evitar que se huela la podredumbre que algunos individuos, que han perdido el rumbo, huela. Estos son los únicos reductos de los que puede llegar la savia nueva que se enfrente a la putridez que nos envuelve y otorgue a los jóvenes el deseo de recuperar su Libertad con mayúsculas, la posibilidad de aprender, de informarse, de saber, incluso de entender lo que leen por complejo que sea, para no ser dirigidos y engañados por los medios de comunicación de masas que vendidos al dinero publicitan a quién lo proporciona.

Al parecer no hay ningún valor superior al dinero, nada vale más, todo es monetario y vil. A los que tenemos ya más de sesenta años, como comprenderéis ya solo nos preocupan las necesidades básicas, de vida, un lugar para estar a salvo de la calle, comer todos los días, algún momento de evasión cultural o de ocio y por supuesto y esencial los servicios médicos, sociales y por delante dejarles un buen futuro a los hijos. Con eso y un bizcocho, amaneceremos el último día ese en que podamos ver la luz del sol por última vez, más tarde que importa, el muerto al hoyo y el vivo al bollo.

A eso se reduce la vida, ahora ya lo sé, pero hacen falta muchos años para comprenderlo así, asépticamente y desprovisto de toda emoción. Llega un momento en la vida de cada uno, en que el futuro empieza a hacerse fuerte y cercano. Ese futuro lógico que justifica la vida y la muerte, aceptarla con resignación, cuando se ha vivido, es el acto de heroísmo más grande del ser que es consciente, porque sabe que es necesario para que otros puedan ser. En ellos, si lo hemos sabido hacer, cosa que a veces dudo, esta el único legado importante los genes y los memes humanos. Sea pues el paso a la nada, el nacimiento de nuevas realidades. Y como dice Mercedes Sosa en su disco “Gracias a la vida que me ha dado tanto” porque llega un momento en la de cada uno, en que el futuro empieza a hacerse fuerte y cercano.

Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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