Los segadores de hoz y de España. Por Luis Bully

Los segadores de hoz y de España. Obra de Julien Dupré,
Los segadores. Obra de Julien Dupré,

«Segadores. De hoz. Ataban los manojos de mies haciendo gavillas. Avanzaban mirando al suelo. Sudaban. Sufrían»

Al llegar junio salían por las puertas de sus casas. Unos, los más afortunados, comenzaban allí mismo, nada más salir. Otros, la mayoría, tenían que recorrer muchos kilómetros, casi siempre a pie, para llegar al tajo. Todos, sin excepción, pasarían cuando menos un mes fuera del hogar. Todos sudarían sangre para ganarse el pan de unos meses.

En la mayoría de los casos salían todos, la familia al completo, críos de pecho incluidos, que cuando el hambre apretaba todos tenían que poner de su parte.

Conocí a algunos, pocos, pues pocos quedaban ya. Alguno todavía vive, aunque los que menos tuvieron que hacerlo. En realidad tendría que decir algunas, en femenino, pues la mayoría de las que he conocido eran mujeres.

Estas mujeres poca cosa me contaron, habían hecho por olvidar y apenas recordaban. No se les puede culpar, quien puede olvidar el dolor hace bien en desterrarlo de su memoria. Casi todo lo que conozco lo sé por quienes les contrataban.

La jornada comenzaba antes de salir el sol, con la fresca. No se lavaban. No veían el agua salvo para beber, ni por la mañana ni por la noche, el polvo en la piel, la mugre, protegía del picor. Y de beber casi que no, mejor era el vino.

La ropa de manga larga y bien anudada al cuerpo. Era mejor sudar que los cortes y pinchazos.

Corrían todo lo que podían. Cuanto antes terminarán antes se irían a otro lado, y el dinero hacía falta.

A mediodía paraban y comían lo que se terciara. Casi era mejor que fuera poco y ligero, que con la calor la comida sobra. Tras el almuerzo dormían la siesta a la sombra de los carros.
Ay, los carros. Algún día les hablaré de los carros.

Se pasaban el día encorvados, sufriendo en la espalda, en los riñones, que diría el otro. Las manos duras, encañadas, curtidas, bastas, ásperas, dañadas, heridas, cansadas.

En los dedos los dediles, que más valía aguantarlos que cortarse.

La herramienta por su cuenta, aunque a veces no había ni una perra gorda para comprarla y tenían que ajustar el pago sin ella o pedirla prestada. O empeñar algo para comprarla y luego, tras la temporada, empeñarla a su vez para desempeñar la otra prenda.

Al caer la noche cocido, de garbanzos, de alubias, de lentejas, de patatas, de lo que hubiera. Y todavía le quedaban a alguno ganas de cantar o de acariciar o de …

Dormían en el sobrao, en la panera, en el pajar.

Eran de casi toda España, los más, andaluces, extremeños y gallegos. Empezaban por abajo y se movían hacia arriba.

Segadores. De hoz.

Segaban a mano, ataban los manojos de mies haciendo gavillas. Avanzaban mirando al suelo. Sudaban. Sufrían.

Luego el labrador que les contrataba amontonaba las gavillas sobre el carro y las llevaba a la era. En la era se trillaban y se separaba el grano de la paja.

Aún queda algún trillo, aunque la mayoría reconvertido en mesas con gruesos cristales sobre ellos para evitar el roce de las piedras de cuarzo.

Yo les conocí segando garbanzos. Tal vez algún día cuente algo.

Luis Bully

Luis Bully

A los catorce años sembré unas alubias, cuando las vi germinar y convertirse en unas hermosas plantas quedé maravillado y decidí ser agricultor, y eso soy, agricultor y ganadero. En el camino fui algunas otras cosas, pero no tuvieron gran importancia. y, por ello, pretendo dar a conocer las realidades de quienes habitamos un mundo condenado a la desaparición si quienes suelen dirigir nuestros destinos terrenales no cambian su forma de entender lo que es el mundo rural y las necesidades de quienes vivimos en él.

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