Mario se quedó atrás para siempre y es imposible que el nuevo Año le devuelva la vida. Por Rodolfo Arévalo

Mario se quedó atrás para siempre y es imposible que el nuevo Año le devuelva la vida
Mario se quedó atrás para siempre y es imposible que el nuevo Año le devuelva la vida

“Es imposible que el nuevo año, le devuelva su vida, hay cosas que no se recuperan jamás, incluso la confianza en los gobiernos… y en la gente”

Cuando aquel día treinta y uno del año dos mil veinte Mario despertó solamente esperaba que ninguna otra desgracia se sumara a la lista de ellas que se le habían acumulado a lo largo de los últimos diez meses. Había perdido su negocio y por lo mismo su trabajo. Siempre había deseado, desde los veinte años, tener una cafetería que a la vez fuera obrador y panadería. Lo iba consiguiendo, con esfuerzo y pasando penalidades para pagar el crédito que tuvo que pedir y del cuál todavía le faltaban tres años para la amortización.

Ahora la mala suerte se había casado con él y debió de ser en martes, pues no daba crédito a tanta fatalidad. Cierto es que la enfermedad no se había cebado en él, no le había alcanzado el virus y mira que otros caían alrededor como moscas en camas de unidades de cuidados intensivos de hospital.

Sabía que los ataúdes se producían en cadena, el negocio funerario tuvo un buen año, no así las pompas fúnebres que no permitieron muchas alharacas a los familiares de los difuntos, por el peligro del contagio. Se fueron solos, más solos que nunca. En aquel momento lamentó no haber tenido una fábrica de sarcófagos. Estaba seguro de que pensar de aquel modo era totalmente inhumano, teniendo en cuenta lo que aquello significaba para otros, pero no podía evitarlo dado que ahora, a sus sesenta años y sin ayuda del gobierno de su país, no iba a volver a levantar cabeza, le faltaban las fuerzas, no las físicas, sino las morales.

El recibo de los impuestos le llegó puntual y tuvo que pagar. Fue como si los gestores del país le sacaran los higadillos con fórceps y sin anestesia. Sí, una fiesta cruel, macabra, sobre todo teniendo en cuenta que para otros ni siquiera llegaría el famoso día de mañana. Se consoló pensando aquello, hasta que su mujer le pregunto sobre el tema y le dijo: “mal de muchos consuelo de tontos”.

Se conoce que su mujer Juliana tenía los pies en el suelo y la cabeza bien amueblada, “a estos los vuelve a votar su – un silencio expresivo– madre” pero ni siquiera las omisiones servían en aquel momento. Ni aunque algún famoso mago sacara de su chistera algún arte de birlibirloque, hubiera podido hacer frente al pago del alquiler del local de su negocio, este daba para mucho, pero no para tantos meses de clausura más que monacal.

Tuvo que despedir a tres trabajadores que ya no eran empleados, sino que los sentía como de la familia tras más de veinte años trabajando juntos. Juro que vi cómo se le saltaban las lágrimas sobre todo cuando se lo dijo a Adela, que para más inri, acababa de tener su segundo hijo y su marido también había quedado en paro hacía ya dos años.

Puede que alguno considerase que Mario era un capitalista de saco de dinero y puro, pero nada más alejado de la realidad, era un autónomo más que nada, un sufridor en casa y cafetería, digamos que tenía un negocio casi de supervivencia. Bien es cierto que en sus mejores años había hecho un capitalito, no mucho claro, los impuestos tampoco permitían hacerlo grande, salvo excepciones y tras muchos años de trabajo y sacrificios. Pero por decirlo de manera tolerable, había podido vivir bastante bien.

Todo esto se produjo en el tiempo, paso a paso, mientras nada fuera de lo común ocurrió, pero aquel año se llevó por delante vidas y haciendas, ilusiones y logros, no dejó títere con cabeza. El último mes cayó en depresión y estuvo encerrado en su habitación a oscuras. Solo permitía que entrara su mujer con algún alimento o bebida, poco, porque según él: “no me entra nada, no puedo tragar”…

Así habían pasado los últimos días del nefasto año, se veía a sí mismo, cargado de cadenas en una galera, remando contra olas gigantes mientras sus compañeros de remos, azotados por sus dirigentes iban desfalleciendo y muchos pasando a mejor vida. Él así lo pensaba; con la que tenían encima, dejar de existir era sin duda mejor vida, o no vida, o lo que fuera aquello.

Esta fue la razón que aquel día treinta y uno del año dos mil veinte llevó a Mario al despertar a asomarse al balcón y tras fumarse un buen puro, pensar que toda una vida de trabajo y mucho esfuerzo, no habían servido de nada frente a aquel desgobierno que había llevado, por lo que fuera, eso ya daba igual, a la ruina a muchos amigos y compañeros. ¿Cómo había ocurrido? ¿Por qué se unieron todos los hados, para machacar con los votos sus almas rotas?

Se incorporó, estaba en cuclillas mirando la calle desde el balcón y entonces lo tuvo claro, era un pájaro podía volar, saltó… Toda su vida pasó ante sus ojos, no había sido mala hasta entonces… después un golpe contra el duro suelo de losetas, ese que ya no sintió, fue muy rápido, no tuvo tiempo ni de darse cuenta. El ajetreo mañanero comenzó a pararse a su alrededor: “vaya mala pata” murmuraban sus vecinos. Todo tipo de comentarios y rumores llenaron el aire frío de aquella hora de desesperanza. Es imposible que el nuevo año, le devuelva su vida, hay cosas que no se recuperan jamás, incluso la confianza en los gobiernos… y en la gente.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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