(VI) Lingüística para Nacionalistas: De la inmersión en Quebec y en Cataluña. Por Manuel I. Cabezas González

De la inmersión en Quebec y en Cataluña
De la inmersión en Quebec y en Cataluña

«En Quebec, la iniciativa de la inmersión partía de los padres anglófonos; sin embargo, en Cataluña, la iniciativa la tienen y la imponen los políticos nacionalistas»

Para sustituir el modelo inicial de “normalización lingüística flexible” por el de “normalización radical”, los responsables de la política educativa y lingüística de Cataluña importaron, deformándola intencionadamente, una de las fórmulas del modelo innovador de aprendizaje del francés por los anglófonos de Quebec (Canadá), modelo que, en la literatura científica, se ha denominado “inmersión”.

En Quebec, los programas de inmersión lingüística en francés comenzaron en 1965, en el alfoz sur de Montreal, por iniciativa de los padres anglófonos, deseosos de armar lingüísticamente a sus hijos y de que se convirtieran en ciudadanos bilingües (inglés/francés). Luego, se extendieron a otras provincias limítrofes (Ontario y Nouveau-Brunswick). Además, la inmersión quebequesa se limitó a la escuela primera y, por lo tanto, no tuvo continuidad en la enseñanza secundaria.

¿En qué medida este modelo quebequés podía y debía ser importando a Cataluña para llevar a cabo la mal llamada “normalización lingüística”, si las condiciones de Quebec y de Cataluña son totalmente diferentes e incluso antagónicas? Para intentar responder a esta pregunta, vamos a oponer, desde distintos puntos de vista, los programas canadienses y el modelo único de “inmersión radical”, implantado en Cataluña:

– en Quebec, la iniciativa de la inmersión partía de los padres anglófonos; sin embargo, en Cataluña, la iniciativa la tienen y la imponen los políticos nacionalistas;

– en Quebec, el objetivo perseguido era conseguir un “bilingüismo escolar” (inglés/francés); en Cataluña, “normalizar” el uso del catalán en todos los sectores, normalización que está conduciendo a un “monolingüismo reductor y castrador”;

– en Quebec, la inmersión tenía carácter voluntario; en Cataluña, obligatorio;

– en Quebec, la inmersión adoptó diferentes formas (“inmersión precoz o larga”, “inmersión tardía o corta”, “inmersión media”, “inmersión total”, “inmersión parcial” e “inmersión doble”); en Cataluña, se impuso un modelo único, el café para todos (“inmersión precoz, total y obligatoria”);

– en Quebec, se pensó siempre en los discentes y en los deseos de los padres; en Cataluña, han primado la “construcción nacional” y los intereses de la casta política nacionalista;

– en Quebec, el inglés (lengua materna de los alumnos “inmersionados”) es introducido progresivamente como materia de estudio y como lengua vehicular; en Cataluña, el castellano tiene un horario raquítico y, además, por ley y por la práctica docente, fue y está descartado como lengua vehicular;

– en Quebec, el alumnado era voluntario (10% de la población escolar canadiense) y estaba formado por niños de familias favorecidas social, cultural y económicamente; en Cataluña, el alumnado está formado por los hijos de las familias más desfavorecidas social, cultural y económicamente; los hijos de la “gente bien” pueden librarse de la inmersión en catalán al frecuentar la enseñanza privada nacional o extranjera (colegio alemán, liceo francés, colegio suizo, etc.);

– en Quebec, la inmersión se aplicó sólo en la enseñanza primaria; en Cataluña, la normalización por inmersión concierne todos los ciclos de enseñanza no universitaria y, en la actualidad, también se persigue la universitaria;

– en Quebec, la evaluación de la inmersión fue, globalmente, positiva; en Cataluña, a pesar de lo que digan ciertos expertos de la Unión Europea en sus informes, debidamente aleccionados por el “lobby” catalán en Bruselas, los resultados son catastróficos: basta con consultar los Informes Pisa, las evaluaciones que realiza periódicamente el MEC o el nivel lingüístico (en catalán y/o en español) de los alumnos que llegan a la universidad en Cataluña;

– en Quebec, se hizo una inmersión en francés, lengua materna y propia de la mayoría de la población; en Cataluña, la inmersión se hizo y se hace en catalán, lengua materna y propia de menos de la mitad de la población;

– en Quebec, se hizo una inmersión en francés, lengua internacional, lengua de los organismos internacionales, lengua difundida —como lengua oficial— en países de los cinco continentes, lengua hablada por cientos de millones de locutores; en Cataluña, se trata de imponer el catalán, lengua que merece todo el respeto del mundo, pero lengua local, utilizada por dos o tres millones de personas, en una pequeña región del noreste de España y en tres pequeñísimos enclaves extranjeros (Andorra, Francia y el Alguer).

Este análisis contrastivo denota una importación torciera e interesada de una de las fórmulas del modelo de inmersión canadiense por parte de los nacionalistas catalanes, que están imponiendo, manu miliatari, el catalán en detrimento del español. El objetivo perseguido y los resultados obtenidos, como veremos en próximas entregas, ponen en entredicho e invalidan el medio utilizado en Cataluña para llevar a cabo la mal llamada normalización del uso de la lengua catalana: la inmersión precoz, total y obligatoria. En efecto, todas las evaluaciones coinciden en señalar que los resultados, tanto en el dominio del catalán como del español, son insatisfactorios y deficientes. Y, por otro lado, en Cataluña, las lenguas han dejado de ser instrumentos de comunicación y se han transformado en armas de la lucha política. Ahora bien, esto será objeto de nuestras próximas entregas.

Coda: « Je ne demande pas à être approuvé, mais à être examiné et, si l’on me condamne, qu’on m’éclaire » (Ch. Nodier).

© Manuel I. Cabezas González. www.honrad.blogspot.com

Manuel Ignacio Cabezas G.

Manuel Ignacio Cabezas G.

Con tres topónimos puedo resumir las líneas maestras de mi devenir vital: desde El Bierzo Alto (Almagarinos), donde nací, hasta Barcelona, donde he impartido docencia de Lingüística y Lingüística Aplicada, en la UAB, y pasando por Paris, donde me formé en la Sobona y donde tuve mi primera experiencia profesional durante 8 años, en la Embajada de España en París (Servicio de Atención Cultural y Lingüística a los Hijos de Emigrantes Españoles en Francia). Desde el 2011, he tratado de alimentar al hijo lingüístico que bauticé con el exigente nombre de Honestidad Radical. Para ello, por un lado, he tratado de aplicar el lema que se dio a sí mismo el maestro de periodistas Mariano José de Larra: "Mi vida está dedicada a decir aquello que los demás no quieren oír". Y, por otro lado, he intentado ser un fiel y humilde practicante de la doctrina de la “honestidad radical”, cuyas señas de identidad, siempre respetando la obligada cortesía lingüística, pueden resumirse en tres principios: 1. Seleccionar siempre las palabras más adecuadas; 2. Sacarles punta antes de usarlas; y 3. Aderezarlas con una pizca de cicuta para hacerlas más eficaces y letales.

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