(1) Banderas estropeadas: Protocolo y Respeto. Por José Crespo

 

Banderas estropeadas. Protocolo y Respeto
Banderas estropeadas. Protocolo y Respeto

«Desde hace años el incumplimiento de la Ley de Banderas es habitual en múltiples instituciones autonómicas y municipales de Cataluña y otras comunidades controladas o no por partidos nacionalistas»

Muchas personas desconocen el alcance y profundidad del significado del protocolo. Hay quien cree que son formas recargadas de las sociedades modernas pero nada más lejano a la realidad. El protocolo está enraizado en el ser humano desde tiempo inmemorial, desde el momento que comenzó a elaborar ideas simbólicas y abstractas aplicadas a la religión y al culto a los muertos, tanto es así que lo podemos observar en las normas de relación y ceremonial que se practican en sociedades y grupos indígenas a los que se manera ignorante se califica como primitivos.

Podemos definir protocolo como un conjunto de normas y disposiciones legales vigentes que, junto a los usos, costumbres y tradiciones de los pueblos, rige la celebración de sus actos oficiales y, también en la celebración de actos de carácter privado que toman como referencia todas estas disposiciones, usos, tradiciones y costumbres. El protocolo se complementa para cubrir todas las necesidades que requieren el conjunto de actividades que tienen lugar cuando en los actos oficiales se realizan otra serie de actividades que se deben regular y organizar, sin olvidar que lo importante es la propia actividad pública que realiza cualquier autoridad pero que se envuelve en el protocolo para su exactitud, orden y correcto proceder.

Existen una serie de conceptos que sirven de complemento al campo de la actividad protocolaria.

De ahí arrancan ciertos términos como etiqueta o ceremonial. En el Diccionario de la RAE podemos leer que la etiqueta es el ceremonial de los estilos, usos y costumbres que se debe guardar en las casas reales y en actos públicos solemnes y en una segunda acepción como ceremonia en la manera de tratarse las personas particulares o en actos de la vida privada, a diferencia de los usos de confianza o familiaridad.

Y para ceremonial otras dos definiciones, la primera como perteneciente o relativo al uso de las ceremonias, y en la segunda acepción aclara que es una serie o conjunto de formalidades para cualquier acto público o solemne.

Este conjunto de términos, protocolo, etiqueta y ceremonial, nos dan las bases fundamentales para la preparación, organización y ejecución tanto de actos oficiales como de actos privados.

Hecho este sencillo recordatorio pasemos al aspecto concreto y referido al uso de la Bandera Nacional, banderas autonómicas, locales y/o supranacionales y lo comentaré a través de un ejemplo concreto.

No voy a entrar, aunque debo comentarlo, en el flagrante incumplimiento, por no decir insulto, por parte de ciertos ayuntamientos nacionalistas que esconden la Bandera Nacional o no la colocan como requiere la legislación vigente, ante la pasividad y el silencio de las autoridades del estado que prefieren ponerse de perfil… TODAS, de la primera a la última. Ello no impide el que tengamos una administración recargada de empleos, cargos y autoridades públicas así como un derecho premial que en una carrera alocada ha llevado a todas las administraciones autonómicas y locales a crear medallas, recompensas y premios dejando de lado las órdenes y condecoraciones estatales de toda la vida y que deberían tener como cúspide al monarca como fons honorum consagrado así por nuestra Constitución, y que desgraciadamente ha sido vaciado de contenido.

Recordemos que Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la Bandera de España y el de otras banderas y enseñas establece en su Artículo 10:

Uno. Los ultrajes y ofensas a la bandera de España y a las contempladas en el artículo 4 del presente texto, se castigarán conforme a lo dispuesto en las leyes.

Dos. Las infracciones de lo previsto en esta ley se considerarán incursas en lo establecido en el artículo ciento veintitrés y concordantes del Código Penal y, en su caso, en el artículo trescientos dieciséis del Código de Justicia Militar, sin perjuicio de las sanciones administrativas que pudieran proceder (1).

Tres. Los ultrajes y ofensas a las banderas a que se refiere el artículo tercero de esta ley, se considerarán siempre como cometidas con publicidad a los efectos de lo dispuesto en el citado artículo ciento veintitrés del Código Penal (2).

Cuatro. Sin perjuicio de la responsabilidad en que incurran los autores de las infracciones de lo dispuesto en esta ley, lo establecido en el artículo ciento veintitrés del Código Penal o trescientos dieciséis del Código de Justicia Militar, en los casos de personas y lugares previstos en este último, será asimismo de aplicación a los Presidentes, Directores o titulares de organismos, instituciones, centros o dependencias y a los representantes legales de partidos políticos, sindicatos, asociaciones o entidades privadas de toda índole que, tras ser requeridos para el cumplimiento de esta ley por la autoridad gubernativa, incumplan lo preceptuado en los artículos anteriores (3).

Normativa de la que como vemos el propio Tribunal Constitucional se ha encargado de desmontar las medidas ante un posible incumplimiento. De un Tribunal Constitucional, cuyos miembros han sido y seguirán siendo designados en su totalidad por el poder político, con estos mimbres ¿Qué podemos esperar ante el referéndum ilegal y antidemocrático que se planteaba, que se realizó y los que vengan?, y no nos engañemos, de todos los estragos que ha causado la politización de la Justicia, los mayores los ha provocado este Tribunal.

Vivimos ante un incumplimiento continuado, y lo vemos desde declaraciones antiguas como las de 2013 de Joana Ortega (CIU) en las que rechazaba hacer cumplir la Ley de Banderas en Cataluña porque es “crear problemas”, la vicepresidenta de la Generalidad cargaba contra lo que ella denomina “obsesiva beligerancia” mostrada por parte de la Delegación del Gobierno en Cataluña a la hora de exigir el cumplimiento de la Ley de Banderas. Llamaba beligerancia a lo que era simple y llanamente diligencia de la señora María de los Llanos de Luna Tobarra en aquel momento en su función como representante del gobierno de España en Cataluña.

Si la diligencia se define y caracteriza por la rapidez o cuidado al hacer una cosa dentro de una actuación competente y profesional y como virtud podemos recordar que es aquella con la que se combate la pereza, con todo esto no hace falta definir ni adjetivar la actuación de la señora Ortega.

Desde hace años el incumplimiento de la Ley de Banderas es habitual en múltiples instituciones autonómicas y municipales de Cataluña y otras comunidades controladas o no por partidos nacionalistas, empezando por el Parlamento autonómico catalán, que solo iza las enseñas oficiales los días en que se celebra pleno parlamentario. El propio alcalde, ya bien conocido, de la localidad de Gallifa, Jordi Fornas Prat, de Solidaritat, se fotografiaba ante la fachada del Ayuntamiento, donde se puede ver un minúsculo banderín clavado en la pared para tratar de soslayar la Ley de Banderas… y nadie decía ni hacía nada y hasta hoy… seguimos en las mismas.

Uso y abuso son dos palabras que van de la mano con la Bandera Nacional. Nuestro símbolo patrio ha sido utilizado por algunos en los últimos lustros como si de cualquier trapo se tratase. Con él se justifican acciones, se satisfacen intereses individuales y colectivos.

Son decenas de miles las que se venden en todo el país cuando juega la Selección Nacional de fútbol o cuando hay otra actividad que mueve pasiones. En manifestaciones públicas, en instituciones del Estado o empresas privadas la Bandera Nacional es la primera que se exhibe. Y no solo eso, hay quienes han tenido la osadía de quemarla y ultrajarla como símbolo de protesta, de indignación, porque no han logrado sus propósitos separatistas, sin recibir el castigo merecido que ahora pretenden lograr formando parte del gobierno en complicidad de partidos que han dejado de ser nacionales para convertirse en irracionales.

Si hablamos de la Bandera Nacional no podernos pasar por alto lo que acabamos de comentar más arriba pero en fin, vayamos al asunto concreto que deseo comentar. Podemos observar que en lugares públicos, centros educativos, tanto públicos como privados, balconadas, actos oficiales, conferencias, la colocación de las enseñas se hace de forma muchas veces arbitraria, errónea y hasta disparatada, y en el caso concreto que deseo mencionar se observan muchas banderas desgastadas, con colorido borroso, a veces incluso rotas y deshilachadas.

Tras apreciar el deterioro de las banderas en un club de golf de mi localidad y en un centro educativo de la misma me dirigí tanto a ellos como al propio ayuntamiento. Los primeros me agradecieron la inquietud y mostraron agradecimiento en lo que se refiere a mostrar el orden correcto de colocación de las banderas así como a su cambio debido al manifiesto deterioro.

Quizá pueda resultar poco importante este tema, en ese caso si se piensa de esa manera lo mejor es no usarlas ni ponerlas, pero el protocolo es norma en toda sociedad, desde la más primitiva a la más avanzada, y es igual de importante como la colocación de las personas. Es una forma de mostrar respeto y en un colegio se deben cuidar esos principios para enseñarlos y transmitirlos.

Igualmente sucede con el mantenimiento y cuidado de las mismas, es bastante lamentable ver símbolos que representan a pueblos, comunidades o naciones que se encuentran descoloridos, desgastados, deshilachados o raídos como es el caso que observo con mayor frecuencia de la deseada.

Desde el ayuntamiento se me contestó amablemente que al ser centros privados tanto el club de golf con el colegio no podían hacer nada (¿?), aunque sí remitirían una sugerencia. Lo cierto es que en los países ya sean de nuestro entorno europeo o hispanoamericano existe una normativa aplicable a TODOS los lugares donde se exhiben símbolos colectivos, ya sean nacionales como locales, indicándose los procedimientos para su renovación, cuidado, mantenimiento y reposición en su caso, y cómo deben colocarse tanto en centros oficiales con el balcones de las viviendas en celebraciones.

Notas

(1) Artículos 10 (apdo. 2): Declarado inconstitucional y, por lo tanto, nulo, por Sentencia 119/1992, de 18 de septiembre, del Pleno del Tribunal Constitucional. (B.O.E. nº 247, de 14 de octubre de 1992).

(2) Artículo 10 (apdo. 3): Declarado inconstitucional y, por lo tanto, nulo, por Sentencia 118/1992, de 16 de septiembre, del Pleno del Tribunal Constitucional. (B.O.E. nº 247, de 14 de octubre de 1992).

(3) Artículo 10 (apdo. 4): Véase la Ley Orgánica 13/1985, de 9 de diciembre, del Código Penal Militar. Véase la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal.

José Crespo

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Historia. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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