No teníamos la mejor sanidad pública del mundo sino los mejores sanitarios, públicos y privados. Por Anna Castells

 

No teníamos la mejor sanidad pública del mundo sino los mejores sanitarios
No teníamos la mejor sanidad pública del mundo sino los mejores sanitarios

«Estos comentarios eran el lógico fruto de la propaganda oficial que hacia aparecer a la Sanidad Pública como la única que estaba luchando hasta la extenuación contra el virus»

En la época del primer, y de momento único, confinamiento aparecieron algunos comentarios reclamando que la Sanidad Privada “echase una manita” a la Sanidad Publica como crítica al siempre mal visto sector privado…
Estos comentarios eran el lógico fruto de la propaganda oficial que hacia aparecer a la Sanidad Pública como la única que estaba luchando hasta la extenuación contra el virus.
Últimamente he hablado con varios profesionales de la Sanidad Privada que vivieron ese momento. No hay ni uno al que no se le llenen los ojos de lagrimas o se le altere la respiración cuando cuentan lo que vivieron esos meses; de un día para otro hubo que doblar la capacidad de las instalaciones; habitaciones para uno se convirtieron en dobles, los puntos de salida de oxígeno tuvieron que servir a dos pacientes al mismo tiempo; los cirujanos tuvieron que decidir quién podía pasar mas tiempo esperando una intervención necesaria porque no había personal para realizarlas, el hospital se había llenado repentinamente con pacientes de una extraña y desconocida patología vírica.
Te cuentan las agotadoras jornadas de catorce y quince horas; la falta de trajes de protección agotados en pocas horas y sin que los proveedores estuviesen en condiciones de suministrar repuestos; cómo se protegían con dos y tres bolsas de basura a falta de otra protección eficaz; de los pacientes que ingresaban en estado grave y a veces fallecían en una hora sin que pudiesen hacer nada por evitarlo, pacientes jóvenes de 40 o 50 años no “ancianos prescindibles ” como parecían ser todos los fallecidos oficiales; o de cómo tenían que hacer de tripas corazón cuando tenían que llamar a una familia para informarles de que el ser querido que habían dejado en el hospital pocas horas antes había fallecido…
Y como algunas compañías se negaban a hacerse cargo de los costes porque esto era una epidemia pública…
Y a pesar del miedo a llevarse a casa la mortal enfermedad y contagiar a sus seres queridos levantarse y volver al hospital al día siguiente para seguir cumpliendo con su deber. 
Pues parece que sí, que la Sanidad Privada “echó una manita”.
Anna Castells

Anna Castells

Soy Licenciada en Derecho y periodista de profesión. He sido Jefe de Prensa del Ministerio de Cultura y del Tribunal Constitucional. Directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de la compañía RENFE. Editora y Presentadora de diversos informativos de TVE y corresponsal de RNE en Francia. Profesora en diversos Masters de Liderazgo y Comunicación.

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