Pues eso, abramos las puertas del corazón y de nuestra tierra, a los habitantes africanos. Por Rodolfo Arévalo

Pues eso, abramos las puertas del corazón y de nuestra tierra, a los habitantes africanos
Pues eso, abramos las puertas del corazón y de nuestra tierra, a los habitantes africanos

«Pues eso señores, abramos las puertas del corazón y de nuestra tierra, para dar cobijo a los millones de habitantes africanos. Creo que son mil quinientos millones»

Pues eso señores, abramos las puertas del corazón y de nuestra tierra, para dar cobijo a los millones de habitantes africanos. Creo que son mil quinientos millones. Pobrecillos en sus países no tienen trabajo y mueren de hambre y penurias, que bonito y lloroso mensaje…pero que poco real.

Nadie puede decir que sea la realidad, el pan suyo de cada día, o solo sea simplemente la composición de un cuadro que hacemos desde occidente. Un día me acerqué a la orilla del río Zaire, no sé si en la actualidad vuelve a llamarse Congo. Había hombres trabajando. Es curioso pero los “hombres de color” de por allí no están precisamente muertos de hambre, no. Generalmente como se dice por aquí, están cuadrados. Y las mujeres exuberantes en curvas. La naturaleza es tan abundante, que hasta el más humilde ser humano, tiene alimentación. Más aún en las aldeas en dónde se caza, pesca y se recolectan todo tipo de frutas. Por cierto también comen insectos como las termitas, que yo probé y que están muy ricas, saben a marisco. También comen algunos tipos de orugas, que guardan en tarros en la época de abundancia de ellas y conservan en el frigorífico. Con estas ya no me atreví, pero imagino que con hambre todo está bueno. Un amigo natural de allí me dijo que estaban muy buenas. Puede ser que en estas circunstancias un europeo muriera de hambre al segundo día, pero no los que viven desde siempre por allí.

El africano es un hombre adaptado a su medio ambiente semiurbano y rural. El fácil encontrar en las avenidas árboles de Papaya y otros frutos, que puedes coger y comer durante tu camino. Suelen ser los nativos de por allí alegres y afectivos. Luego evidentemente, aparte, están los que no se pueden valerse por si mismos, porque están tullidos o padecen enfermedades invalidantes como la elefantiasis y otras, estos son rechazados por sus semejantes y si no fuera por el trabajo de los misioneros y religiosos diversos, que entregan su cómoda vida occidental por ellos, nunca llegarían a vivir mucho tiempo.

La labor de los religiosos que vista desde aquí es a veces denostada y criticada por gentes sin dos dedos de frente, es lo más importante en labor social y económica que hay en muchos países del África negra. Los chinos, sabedores de que hay que enseñar a pescar antes que dar pescado, se han abierto camino en muchas partes de ese continente bajo la boba mirada de gobiernos occidentales que no se enteraron de la misa la media.

Hay niños que mueren a las pocas horas de nacer en sus primeros años por infecciones bacterianas al beber agua del río o por otras causas. Esto que tan cruel nos puede parecer aquí, visto desde una sociedad configurada en la tecnología y en el desarrollo de la medicina, para ellos no es menos natural que sobrepasar la edad juvenil y llegar a adultos. De hecho si preguntas por un niño muerto, te dirán que no estaba capacitado para vivir, era débil y más tarde o más temprano estaba condenado a morir. Inmediatamente te dicen que el año que viene tendrán otro. Es el lugar en dónde se entiende perfectamente el refrán “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”, porque no podría ser de otro modo, es la ley de selección natural y supervivencia del más fuerte. Es más te dicen que es bueno que muera porque no llegaría a vivir bien nunca.

En África existe el racismo, pero no un racismo al uso entre blancos y negros, no, es un racismo regional o cultural, visceral, carente de todo motivo evidente. Los hombres de la costa son despreciados como inferiores por los hombres del interior, es más el marisco y los pescados son considerados por ellos como comida de pobres de la costa de manera despreciativa, y viceversa. Por otra parte y aunque la mujer con la invasión cultural de la religión Islámica va perdiendo peso y valor en la sociedad, siempre, ha sido venerada y respetada, sobre todo si tenía hijos. Las llaman “Mama” como un título, el más importante, el más venerado y protegido. Desde luego, no necesitan empoderar a sus mujeres, ya se empoderan día a día ellas mismas. Algunas pueden poner firme al más machista de los galanes, porque por allí la necesidad de copular y tener descendencia es el valor más preciado. Las familias pueden llegar a constar de veinte miembros y haber perdido algunos descendientes. Los hijos se tienen para que te ayuden en la vejez, con el trabajo y para sobrevivir.

Las feministas de por aquí dirán que eso anula el trabajo fuera de casa que puedan desarrollar las hembras, pero claro, visto desde una perspectiva blandiblup de cultura moderna occidental. En África una mujer con hijos, aparte de ser una institución muy valorada, es consejera, guía y a veces hasta sustento por su trabajo en pequeños negocios como venta de productos. Vamos toda una mujer liberada e importante por su misma esencia, ser hembra de la especie. Y ninguna se siente menospreciada ni agraviada por no tener un trabajo absurdo o no considerado de hombre. Ninguna se va a poner con un machete a vaciar un tronco para hacer una canoa, al borde del río, eso lo hacen los machos, que por otra parte, jamás abusaran de su fuerza contra una mujer, bajo la amenaza de ser ridiculizados ante los demás. Bueno eso si no han sido convertidos al Islam que es tan suyo, como religión.

Un día trate de hacer unas fotos a unos hombres que construían unas embarcaciones cerca del río Zaire. Una mujer se acercó a mi y muy seria y me dijo “Tu dois payer” o sea “debes pagar”, creo que me saco cien Zaires del 1980. Pues eso señores, abramos las puertas del corazón y de nuestra tierra, para dar cobijo a los millones de habitantes africanos. Creo que son mil quinientos millones. Pobrecillos en sus países no tienen trabajo y mueren de hambre y penurias, que bonito y lloroso mensaje…pero que poco real. Y desde luego sí en algunos países puede pasar, es más pecado de sus dictatoriales y abusivos gobernantes, esos que occidente sí debería remover que de la miseria que pueda haber en el país. Esto no es así, evidentemente en Marruecos, pero en algunos aspecto se le parecerá mucho.

Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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