
¡BUENOS DÍAS!
Nos adentramos hoy en el mundo onírico y extraño de Glauco Capozzoli. Su pintura es una de las más extrañas e inquietantes páginas del horizonte de la plástica contemporánea.

La perfección técnica alcanzada, su dominio de maneras de hacer en el campo del dibujo y de la pintura -ya prácticamente abandonadas y desaparecidas-, su imaginación portentosa y su esfuerzo por devolver al mundo de la plástica toda la magia y el misterio que en otras épocas ha correspondido a la actividad pictórica a través de un resucitado e irreprochable manierismo, son aspectos en los que el artista se perfila como una excepción, e incluso cualquier tipo de clasificación, como por ejemplo la adscripción de su obra al realismo fantástico es totalmente parcial y deja sin explotar muchas parcelas de una realidad humana y plástica llena de elocuencia y de riqueza.

Nacido en Montevideo en 1929, Glauco Capozzoli murió en Zaragoza a los 74 años. Dejar constancia de su trayectoria y recordar su nombre parece ahora doblemente necesario, porque Glauco se había radicado en España en 1971, de manera que su vínculo con el Uruguay se había disipado bastante.

En sus años juveniles había estudiado con Ricardo Aguerre y Miguel Ángel Pareja en la Escuela Nacional de Bellas Artes, pero a comienzos de la década del 50 Capozzoli ya era un artista en plena actividad, dedicado mayormente al grabado. En ese campo no sólo desplegaría un singular virtuosismo, sino que aplicaría su destreza para el dibujo y una fineza expresiva que se desplegó a través del color: en una época donde la gráfica solía ejercitarse en blanco y negro, los grabados cromáticos de Glauco fueron un indicio de maestría y de dominio técnico nada comunes.



Un mundo gélido, impersonal, solo entibiado por la calidez de las formas femeninas. Es lo que me sugiere esta pintura sorprendente. Un descubrimiento. Gracias
Lino
That’s a smart way of loniokg at the world.