La protesta ya no es una necesidad primaria en España. Por Francisco Gómez Valencia

 

La protesta ya no es una necesidad primaria en España

 

“Protestar ya no es una necesidad primaria en ninguna sociedad moderna y en España tampoco. Personalmente creo que los españoles desde marzo del 2020 nos hemos dado cuenta que no decidimos prácticamente nada”

Los psicólogos dicen que desde que comenzó la pandemia hemos desarrollado un espíritu hipocondriaco “marca España” digno de ser estudiado y esto es algo políticamente interpretable. No les voy a aburrir con los síndromes y sus estrafalarios nombres, ni tampoco con los síntomas. Sin embargo les aseguro que la mayoría de las cuestiones que nos preocupan a nivel político, no existen. La política es el sector que genera más “compost” de todos. La bazofia inflamable es necesaria para entrar en combustión cuando a los actores políticos y sociales les interesa. Que nadie se escandalice por lo que digo; yo señalo a los medios de comunicación porque son asociados dependientes. Ellos gestionan la casquería desinformando a la opinión pública. Y los técnicos estudiamos las reacciones y tomamos decisiones asesorando a los que mueven los hilos. En política es igual que en cualquier otro sector, por eso llevan a cabo acciones políticas de gran calado ideológico sin ningún tipo de pudor y sin consentimiento del rebaño. Supuestamente disfrutan de impunidad.

Lo cierto es que a estos no les preocupa la reacción de la calle. Ya no quedan pudorosos por eso desde las Delegaciones de Gobierno supuestamente se falsifican los datos. Basta con analizar el nivel de crispación en las redes sociales para comprobar que vivimos batallando virtualmente desde la comodidad del sofá. Esto no resuelve las frustraciones pero aplacan la ansiedad. Los “likes o “me gusta” conseguidos vía “bots” en forma de software malicioso controla al equipo, por eso solo tenemos contacto con muy pocos. Protestar ya no es una necesidad primaria en ninguna sociedad moderna y en España tampoco. Personalmente creo que los españoles desde marzo del 2020 nos hemos dado cuenta que no decidimos prácticamente nada. Salíamos a la calle con el miedo al virus maligno aguantando sin rechistar colas kilométricas escondidos tras la falsa protección de la mascarilla. Ahora la revolución contra el absoluto silencio son los benditos botellones, aunque los medios promueven las “No fiestas” en vez de llamarlas “las fiestas anuladas por las autoridades políticas y policiales”.

Sin duda creo que la situación finiquitó la poca conciencia que nos quedaba de ser individuos libres cuando percibimos entonces lo que se siente al entrar en un supermercado y comprobar que esta arrasado y que la escasez de productos de primera necesidad era real. De hecho marcó un antes y un después en su día para muchos, pero lo resolvimos haciendo memes con lo del papel higiénico. De hecho algunos creímos que jamás olvidaríamos la Odisea provocada por el Gobierno mientras improvisaba y nos mentía con la ayuda de las teles fomentando el aplauso de las 20:00h, pero que va…, se nos ha olvidado la mar de rápido…

Tenemos un Gobierno que ha mutado no sé cuántas veces para ocultar que las duras medidas aplicadas eran inadecuadas, saltándose los cortafuegos legalmente establecidos, como sentenció el Tribunal Supremo declarando el estado de alarma ilegal. La restricción de derechos fundamentales que hemos sufrido bajo la excusa de la salud pública ha provocado una crisis social y política sin parangón en nuestra Historia. Nuestro Gobierno ha sido el que peor lo ha hecho según todos los observatorios internacionales y por ello nos tienen que rescatar. Somos unos auténticos apestados en la UE. Los EEUU nos ignoran porque nos creen unos parias al estilo de Zapatero. El Magreb se ríe de nosotros y Argelia nos impone que cuidemos al genocida del Frente Polisario porque dependemos de su gas y porque somos ecologistas -como le pasa a los alemanes con los rusos-. El enemigo de los del gas –Hassan– por eso nos invade mandando pateras a Canarias e incluso mancillando la frontera de Ceuta sin consecuencias ni represalias de la UE. Y desde Iberoamérica los impresentables presidentes manejados por los carteles de la droga, le dicen a nuestro Rey que es bobo y que tiene la culpa de todo lo que les pasa desde que iban en taparrabos. Pero pese a este escenario macabro, para el Gobierno los fondos nos los van a regalar y/o prestar a muy bajo interés. El todo vale y la cultura de lo gratis “parte la pana” en Bruselas y así nos lo cuentan una y otra vez, ya que somos la vanguardia del progresismo junto al estúpido de Canadá.

Somos pasto de las llamas. A los españoles nos importa una higa como se gasta el dinero público. Nos da lo mismo que los políticos malgasten el dinero público. Nos alegra ver como al vecino le roban vía impositiva lo que nunca debería salir de su bolsillo. Nos falta la mínima consciencia de que nuestro nivel de deuda pública está en el 125% sencillamente, porque la inmensa mayoría no sabe lo que significa. Nos parece bien y aceptamos sin inmutarnos que las partidas presupuestarias no se correspondan casi nunca con la realidad del gasto. Nos es indiferente que los gobiernos no dimitan cuando no pueden aprobar sus presupuestos, aunque las asambleas estén bloqueadas durante años. No nos importa que nos gobiernen haciendo pactos cuando eso no es lo que se ha votado. En definitiva, los españoles somos muy tolerantes a la propaganda.

El burdo adoctrinamiento de nuestros hijos con la Ley de educación. La campaña infame de vacunación de los menores de dieciocho años cuando el propio Ministerio de Sanidad informa que la incidencia es mínima. La subida bestial de los precios de las cosas -IPC-, que ya está provocando estanflación, es decir, que los precios suben por encima del PIB real provocando el estancamiento económico y el aumento del desempleo. El aumento considerable del precio de los servicios primarios como la luz, el gas o los combustibles, asfixia a la pequeña y mediana empresa que recordemos que es un actor importantísimo como generador de empleo. O el último ejemplo; la escenificación con la recepción de los refugiados afganos. Como si nos fuera la vida en ello viendo el despliegue de miembros del Gobierno en comparación al resto de países receptores, me ha parecido burlesco. Estos ejemplos, aunque hay muchísimos más dejan claro que a los españoles la calle solo nos gusta para salir de fiesta. Aun así dice el presidente Sánchez que no entiende a la derecha y arremete contra ella porque no celebran con ellos las buenas noticias que se producen en España.

#SánchezCaraDeCemento

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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