La verdad os hará libres. Por Rodolfo Arévalo

La verdad os hará libres. Ilustración de Mescojono

“Si algo queda claro a la hora de convivir es eso que hay que respetar la verdad de los demás para poder disfrutar del ejercicio de tu propia verdad”

Había un lema en el frontispicio de la puerta de mi colegio en Madrid que rezaba: “La verdad os hará libres”. Durante muchos años y aunque fui en mi juventud bastante mentirosillo, procuré hacer gala de aquel lema aunque me costara, afortunadamente los años me han enseñado a no ser tan transparente, como desearía, en ocasiones.

La convivencia implica la mentira, porque si no el mundo sería insoportable, máxime cuando te invaden pensamientos insanos, incluso brutales frente a otros seres humanos de los que durante algún tiempo abominas. Se puede odiar, no se puede legislar contra el odio, no se puede crear un delito de odio penado, porque el odio no es una acción que pueda penarse, es simplemente un sentimiento y pertenece al ámbito íntimo y no al social. Lo que está claro es que nadie puede odiar a alguien o algo eternamente, sobre todo por su propia salud, si es así es que hay algún defecto psicológico o enfermedad psíquica.

El olvido es la mejor solución frente a las afrentas, el olvido y el ostracismo, al menos el intelectual de tu propia mente, para el culpable. Digamos que las mentirijillas son un mal menor para conseguir una convivencia llevadera. Puedes pensar mal de otros, pero tu tampoco estas libre de que esos otros piensen pestes de ti. La buena vecindad, la paz y la concordia deben ser fines deseados, ferviente y encarecidamente, pero no siempre pueden llevarse en volandas.

El lema de mi colegio estaba muy bien quizás en aquel tiempo, hablo de los setenta, porque todavía, las personas en general, se respetaban unas a otras aunque por dentro se maldijeran algunos. Las personas de aquella época respetaban la autoridad, tanto del profesor, como de los padres y por supuesto de la autoridad. A ver quién era el guapo que se atrevía a decirle a un “Gris” “no hago ni puñetero caso de lo que me diga”, lo mínimo que te podía ocurrir era llevarte un buen porrazo, nunca mejor dicho, con la porra. De ahí a pasar a la dirección general de seguridad y acabar con una denuncia y mancha en tu expediente cívico había un paso. Bien es cierto que de solo seis meses de duración, pero ya estas marcado.

Puede que esto algún grupúsculo de personas lo interprete como algo dictatorial y fascista o comunista, que viene a ser lo mismo desde el punto de vista del mando, pero no lo es en absoluto. Para que las sociedades funcionen, tanto si son de diestra, como de siniestra o mediopensionistas, la autoridad debe ser algo respetado, porque la alternativa es el caos. El mundo actual empieza a ser caótico precisamente porque los valores que marcan los límites de la legalidad quieren ser frecuentemente transgredidos por algunos individuos que anteponen sus deseos e intereses por encima de los del resto de la sociedad.

Si algo queda claro a la hora de convivir es eso que hay que respetar la verdad de los demás para poder disfrutar del ejercicio de tu propia verdad y libertad, mientras esta se atenga a las normas recogidas en las leyes, en España en la Constitución del setenta y ocho. Si cualquiera, se trate de quién se trate, intenta romper alguna de estas normas, aceptadas en conjunto, será lógicamente reprimido y reeducado a base de penas de multa o cárcel.

Cuando hay grandes revueltas como hubo con el Rapero Hasél u otros asuntos creadores de turbas, está claro que la defensa de los derechos de la mayoría estarán siempre por encima del de las minorías. Tanto se trate reivindicaciones políticas, como sociales o culturales, el imperio de la ley siempre esta, estará y deberá estar por encima. El recurso a la pataleta solo es posible si la situación es tan insultantemente opaca que se salta la propia libertad de los demás integrantes de la sociedad. No quiere decir esto que las protestas multitudinarias no puedan celebrarse máxime cuando se trata de reclamaciones justas, como por ejemplo las que piden pan y trabajo, esas que debieran practicarse día sí y día también, en la España actual.

No sé si el actual presidente del gobierno padece de alguna enfermedad, de tipo psíquico, aunque lo parece por las órdenes que dicta día si y día también hasta por Real Decreto, pero lo que debe de estar por encima de todo convencimiento es que en España no podemos permitir que gobierne quien nos miente, no lo merecemos. Esa es la razón por la que debemos exigir a los gobernantes que nos gobierne la decencia y haciendo uso del lema LA VERDAD OS HARÁ LIBRES.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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