De respeto necesario a la individualidad, la educación y los valores. Por Rodolfo Arévalo

Del respeto necesario

«Hasta que la humanidad no sea consciente del respeto necesario y que su salvación no es individual, no será posible la paz»

Si queremos que los valores humanos se salven de entre la mezcolanza de egoísmos, yoyoismos, partidismos, culturas y religiones, deberíamos ir pensando en borrar el disco duro en profundidad. Conseguir esto solo será posible desde el propio ser humano que educa a sus hijos con absoluta sinceridad en cualquier cultura de que se trate, destacando además en esas enseñanzas que lo importante es el propio ser humano, despojado de cualquier cultura a la que pertenezca.

Debemos ser conscientes de que no estamos solos en el mundo y que si fuera así no tendríamos ninguna posibilidad de supervivencia. El tejido inmaculado del cerebro recién nacido, y aún no contaminado, de un incipiente ser humano, es el lugar donde habría que bordar la sinceridad, la vergüenza, la honestidad y el amor hacía lo esencial de la humanidad, la supervivencia del grupo, y su capacidad de reflexionar sobre si misma. Los seres humanos son originariamente animales de grupo o sea, afortunada o lamentablemente, el ser humano es gregario, es incapaz de sobrevivir aislado del grupo, sin padecer muchas carencias, físicas y mentales.

El respeto necesario a los demás por muy diferentes que sean y la capacidad de incorporar o no las diferencias, con respeto a la individualidad, son las bases para no atropellar las configuraciones cerebrales de cada uno de nosotros, siendo conscientes de que las diferencias culturales solo se deben a postulados externos al propio ser humano, como la religión, la historia y la política.

Sin individualidad no puede existir ninguna cultura humana, porque cualquier comportamiento o pensamiento nace de la individualidad que busca desesperadamente la justificación del ser y por otra parte el formar grupo con otros seres semejantes, para sentirse arropado y para no soportar el vacío de la existencia. Esta búsqueda de la unión en el respeto individual creo, será la única manera de que sucumban, no los egoísmos que son innatos a la esencia humana y deben serlo, sino la mala consciencia y la desconfianza ante todo lo que no sea el yo y el deseo criminal hacia el hermano, magistralmente descrito en la Biblia cuando Caín mata a Abel.

Hasta que la humanidad no sea consciente de que su salvación no es individual, sino grupal y probablemente global, no será posible la paz entre los seres humanos. Uno de los peores sentimientos, para que esto deje de ser así, es la territorialidad. Este es un sentimiento absurdo de los hombres que consideran suyo el lugar en que habitan. Nada más irreal, el mundo no es de quién llegó primero, porque no tiene límites, temporales, sino de quienes trabajan el lugar en beneficio del grupo humano allí asentado, que no tiene porque ser exclusivo.

El territorio solo lo marcan los animales, véanse los perros orinando para dejar marcado su espacio. No digo que los humanos no seamos animales, pero tenemos racionalidad y sabemos que el hecho de ocupar un territorio nos otorga cierto derecho sobre él, pero que el producto vital que suministre no puede negarse a los que no son de él, no es excusa para no dar al que lo necesite, porque por encima de cualquier otra consideración, está la vida humana. Esto puede entrar en contradicción con la no aceptación de grupos muy diferentes en pensamiento, costumbres y usos, pero esta es una cuestión no biológica sino cultural.

Si desproveemos a los individuos de sus tradiciones particulares, todas las diferencias desaparecen, salvo las fenotípicas, porque las bases biológicas son iguales para todos. Asuntos como el color de la piel, la forma del cuerpo, la capacidad cerebral y la emotividad, solo son divergencias debidas a la conformación física necesaria para vivir en un determinado tipo de ambiente, pero esa diversidad queda absorbida en unas generaciones bajo el peso de las culturas diferentes, en lo relativo a las maneras de pensar. No estoy tan seguro respecto a la inteligencia, pues estoy por asegurar que hay diferencias notables entre razas humanas, no de una manera que impida la convivencia y la reproducción, pero sí sobre la capacidad intelectual que ya no depende de los individuos como tales, sino de la configuración de sus cerebros y de la capacidad que puedan tener para llevarlos al máximo rendimiento. Pero desde luego, no dudo que la mejor humanidad surgirá de la mezcla de fenotipos humanos, y creo que a mayor mezcla mayores probabilidades de éxito como especie tendremos en el futuro.

Urge empezar a ver el mundo de manera global. Lamentablemente lo que algunos llaman globalización, se queda en lo meramente económico, cuando debería ser realmente global. Las diferencias culturales desaparecen cuando varias culturas conviven durante muchos años. Todo los problemas surgen de las diferentes velocidades a que llegan a un determinado nivel de evolución cultural, subespecies diferentes. Este asunto debería ser objeto de estudio, se evitarían muchos problemas humanos. Por desgracia en cuanto alguien lo intenta surgen voces que hablan de racismo, que desde luego no están equivocadas, porque de eso se trata, de estudiar las cualidades y defectos de cada raza humana, en beneficio de la globalidad. Esas diferencias no son malas ni buenas, son simplemente adaptaciones al medio en el que existen.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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