Al buen tuntún. Por Amando de Miguel

Al buen tuntún. Ilustración de Linda Galmor

“Al buen tuntún no es más que la corrupción vulgar de lo que decían los antiguos romanos: ad vultum tuum. Equivalía al actual por la cara o por tu cara bonita”

Mi profesor de latín, Horacio Silvestre, me enseña que la gráfica expresión al buen tuntún no es más que la corrupción vulgar de lo que decían los antiguos romanos: ad vultum tuum. Equivalía, literalmente, a lo que, ahora, farfullamos, despectivamente, “por la cara” o “por tu cara bonita”. Viene a significar: sin muchas explicaciones, sin aportar ningún mérito o esfuerzo, graciosamente. El ramo de las expresiones dichas deja traslucir muy bien el aire de capricho, indiferencia o falta de rigor con que tratamos los asuntos de la vida colectiva. Antes, podían ser graves; hoy, pasan por superficiales. Lo que hay que salvar es el fútbol, la institución más solemne y la que insume más energías.

De forma genérica, se podría decir que, en nuestro fatigado mundo, domina la irresponsabilidad sin mucho sentido de culpa. En nuestros días, la acción favorita para muchas ocasiones es la de disfrutar. Se puede aplicar no, solo, al ocio, sino a muy diversos negocios de la vida de la educación, del trabajo. Por un lado, parecería que nos encontramos sumidos en un ambiente cientificista o, por lo menos, de rigor profesional. Nada de eso. Por encima de las formas rigurosas o técnicas, se desliza la actividad que, ahora, se impone: la alegre caracterización de los problemas o asuntos trascendentales como ocasiones para jugar, consumir, divertirse, solazarse. Los archiperres de comunicación internética sirven, fundamentalmente, para la función lúdica. El motivo fundamental para la acción, en todos los órdenes, es que proporcione ilusión, satisfacciones mil. Los medios de comunicación se siguen llamando así, pero, interesan más como si fueran de simple entretenimiento. El resultado es que la sociedad toda se infantiliza. Las jornadas laborales o de estudio se reducen al mínimo; en su lugar, se alza la institución del finde (el alargado fin de semana; no digamos si es el ansiado “puente”), la vacación en todas sus formas, la escapada (el viaje ocasional sin motivo). El cálculo de las obligaciones se determina, como todo, al buen tuntún, sin precisarlo mucho. Con ese mismo talante descuidado o abúlico, se promulgan las leyes, se presentan las magnitudes de la economía, se establecen los planes de estudios. El remate de esa política es, por ejemplo, el establecimiento de un subsidio para que los jóvenes puedan alquilar un piso y, así, emanciparse de los padres sin demasiados trajines. Al tiempo, el Gobierno se propone estipular un límite para el valor de los alquileres de las viviendas. Nos podríamos preguntar por qué no ponerlas gratis. Por algo, dice la Constitución que todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna. Se supone que, hoy, habría que interpretar ese precepto con el añadido de un automóvil eléctrico.

Hay más ilustraciones de la política del buen tuntún. Es lógico que el Estado castigue a los que se saltan las leyes. Pero, al tiempo, fomenta el aluvión de entrada de “inmigrantes ilegales”; cientos o miles todos los días. Inmediatamente, son objeto de la atención de los servicios sociales de carácter público. El ideal subyacente es que, en unos años, todas las dedicaciones serviles o más duras las realicen los que antaño fueron “migrante ilegales”. (La voz “migrante” le concede un plus de respetabilidad). Los españoles autóctonos bastante tienen con disfrutar de la vida. Salvando las distancias, algo así ocurrió con la lenta caída del imperio romano. Los “ilegales” de entonces eran los “bárbaros”.

No se espere que las autoridades nos especifiquen conceptos tan lábiles como los de “cambio climático”, “transición ecológica” o “energías sostenibles”, entre otras jerigonzas de similar progenie. Todo eso conduce, inexorablemente, a nuevos impuestos, que se calculan al buen tuntún. No importa que, en España, las cifras de desempleo privado sean las más altas de Europa, con tal de que se expanda el empleo público.

 © Amando de Miguel para La Gaceta de la Iberosfera.

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

Artículos recomendados

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: