«Con el advenimiento de un nuevo grupo, Los vendidos, al mundo del entretenimiento, el alienado televidente emprende una feroz batalla, cadena a cadena, por conservar su estabilidad mental»
Hace tiempo que me propuse no ver televisión. Al menos, esa televisión del momento, que supera en mediocridad, partidismo y ridículo, a cualquier época visual.
En la actualidad, cualquier tiempo pasado, sí fue mejor, y nos demuestra el artilugio, que es cierto que siempre se puede encontrar más vulgaridad, mas desinformación, y más aburrimiento, en un medio de «comunicación» como es la televisión.
Con el advenimiento de un nuevo grupo, «Los vendidos», al mundo del entretenimiento, el alienado televidente emprende una feroz batalla, cadena a cadena, por conservar su estabilidad mental y a veces la emocional, navegando sin timón por el mundo de la imagen y el discurso amañados.
Incluso se empieza a añorar aquellos tiempos en los que podías, «tragarte» literalmente, cualquier programa de entretenimiento, adormeciéndote o no con chismes, colaboradores plastas y otros en la escasa oferta informativa.
«En mitad de cualquier bodrio insustancial, puede aparecer alguien señalándote con el dedo y haciendo proselitismo más o menos violento»
Lo que acabo de descubrir, y lo destapo, es que ahora, se ha inventado un nuevo método por el que, quieras o no, y en mitad de cualquier bodrio insustancial, puede aparecer alguien señalándote con el dedo y haciendo proselitismo más o menos violento, que no encubierto, a favor de una idea política cutre acerca de un pasado muerto y una historia que está y estará ahí por mucho que un puñadito de vividores se empeñen.
Y basta que se empeñen para que yo, sienta mas desconfianza y me aburra aun más con esos «muñequitos” que se mueven por el aparato que empieza a ser algo inservible.
Anoche, de nuevo, miré, no siempre viendo, el nuevo programa de la cinco donde hay dos partes bien diferenciadas: la primera, dedicada a resaltar historias acomodadas a una de las dos Españas, con énfasis nunca imparcial donde presentador y colaboradores, de la misma cuerda se dedican a mostrarse en contra o a favor desde pedestales prepotentes que aburren a las ovejas.
«Sacan a una señora franquista, como ellos dicen despreciativamente, como el que saca a la cabra a la calle para que haga equilibrios»
Donde «sacan» a una señora franquista, como ellos dicen despreciativamente, como el que saca a la cabra a la calle para que haga equilibrios, pero que a la vez, intentan encaminar al personal al apedreamiento virtual dirigido por la tal Fallaras, que aprovecha cualquier momento no para hablar de futuro, de planes, de horizontes, sino para apalear verbalmente a momias y muertos varios, incluido un régimen que terminó para bien o para mal hace cuarenta años, relacionado con una guerra vergonzosa que acabó hace ochenta.
Mire usted, vociferante señora, No existe el franquismo. Nadie es en realidad «franquista». A la mayoría nos importa más bien cero el franquismo, pero sí nos importa, y mucho, que alguien se arrogue el derecho a borrar, criminalizar y manipular una historia que esta ahí le pese a usted o a quién le pese.
«También nos importa que nos falten al respeto desde un medio que pagamos todos»
También nos importa que nos falten al respeto desde un medio que pagamos todos, y hayamos perdido por que sí, el derecho inalienable a la imparcialidad y a que los que dogmatizan desde la televisión, tengan al menos un mínimo de cultura histórica y por que no, un poco de vergüenza también. !A mi, no me presupongan ustedes! ¡A mi, no me interesa que me griten desde la pantalla! ¡A mi, no me interesan sus historias personales, de las que todo el mundo tiene una!
¡A mi, no me ofendan más, gratuitamente, presuponiéndome y estampándome un sello en la frente si no comulgo, aún más que con sus ideas, con sus deleznables métodos.
Por desgracia, españita, que no España, se lo traga todo. Ustedes lo saben. Confían que esta nueva modalidad, que consiste merendarse insidiosamente los círculos más desprotegidos intelectualmente del país, les resulte bien. Ahí es nada, llevarse al huerto a toda la audiencia del corazón y de programas que no tienen nada que ver con la política.
Dentro de poco, veremos a House o cualquier artista de series de éxito, haciendo proselitismo desde su película por mor de un doblaje “personalizado” ¿A que sí?, Pues denme las gracias por la idea.
Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales.
Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida.
Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común.
Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden.
La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.
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