Inasequible al desaliento. Por Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo inasequible al desaliento en el estudio de grabación

«Llevo media mañana de jubilado consumida sin hacer nada de provecho que no sea para mí mismo pero permanezco inasequible al desaliento»

Ya llevo media mañana de jubilado consumida sin hacer nada de provecho que no sea para mí mismo. La jubilación si te da algo, es tiempo. Pero lo peor no es eso, que en definitiva puedes subsanar haciendo trabajos para otros menos afortunados, lo peor es cuando has heredado una artrosis procedente de tu abuela, que te tiene bastante machacado, con lo que muchos días te puedes olvidar de todo lo que no sea escribir. Incluso tocar el instrumento que he manejado toda mi vida, que es el bajo, a veces cuesta lo suyo porque lo notas en los dedos. Desde luego ya no corren tanto como antes sobre el mástil y las cuerdas.

Ayer tuve nostalgia de mi juventud, cuando acudía al conservatorio, mi hijo Diego ha terminado el sexto curso, el grado medio que le da el título superior en instrumento, en su caso la guitarra eléctrica, ha obtenido sobresaliente y con esta nota se dispone a hacer las pruebas para acceder al grado superior que son cuatro años más. Esas cosas que yo hubiera querido para mí, pero que, porque empecé muy tarde y en una familia sin antecedentes musicales, no pude conseguir.

Me alegro por mi hijo, ya que él si ha tenido esa suerte y aunque todo el mérito se lo debe a él mismo ha tenido en casa todo el apoyo que le hemos podido dar. Si todo va como debe de ser, el año que viene empezará el Grado Superior y con su tenacidad seguro que lo acaba bastante antes que en cuatro años. Mi hijo es eso, un animal musical, ya desde muy pequeño apuntaba maneras y a partir de los catorce o quince años se desveló como un autentico fiera del instrumento guitarra eléctrica.

Las aptitudes para llegar a ser algo en cualquier actividad, para mí que son innatas, hay que nacer con ellas, solo luego florecerán o no según el empeño que uno le ponga y el estudio y la suerte que tenga. He oído toda mi vida decir a muchos que no, que no es así que el empeño y el esfuerzo son la base de todo. Puede que sea la base para algunas actividades, pero para quedarse entre el montón de personas que también pueden hacer lo mismo que uno hace. Pero destacar, ser el mejor, no es cuestión de esfuerzo, que también, pero sobre todo es algo innato.

Ese plus para ser algo en cualquier cosa te tiene que venir de serie, si no, es imposible de conseguir. Veo el ejemplo más cercano cuando me miro en el espejo, yo toco el bajo desde los quince años y toco pasablemente, pero no soy ni mucho menos un crack. Toco bien pero de ahí a algo más va todavía ese plus que hay que tener de manera innata y con horas de tener el instrumento colgado del hombro. Puedo afirmar de hecho que yo pase muchísimas horas tocando en mi casa para llegar a ser un bajista pasable. En cambio, mi hijo que es un animal musical, fue coger la guitarra, sin saber nada previamente, y comérsela con patatas en un par de años, de hecho ha pasado con sobresalientes los seis años de instrumento en el conservatorio en apenas tres. Sus dedos parecen conocer el instrumento de oficio, y tiene un oído musical que desearía cualquier músico. Desafortunadamente no es una persona que desee destacar y a mis intentos de que forme un grupo musical, que sonaría muy bien, me dice que no le apetece, que lo que quiere es estudiar composición. Es una pena porque perderemos un gran guitarrista, porque con los años perderá habilidad y con suerte ganaremos un compositor de música clásica y de cine. Esto me parte el corazón en dos, pero cada quién es cada cuál.

A mí, por lo que se ve, no se me da mal escribir, soy capaz de narrar historias, de describir paisajes y emociones, de llevar del brazo a otras personas e introducirlas en mundos virtuales que solo existen en sus mentes, y sin embargo siempre me quedaré vacío, cuando un texto se acaba, siempre pensaré en que la historia está incompleta. Al cabo de una o dos semanas desearé reescribir lo escrito y muchas veces romperlo por considerarlo una tontería que no vale la pena. Creo que eso, es lo que en parte le ocurre a mi hijo Diego, que cuando oye algo que ha grabado hace algunos días le parece muy poco creíble y desearía hacerlo de nuevo y mejor. No sé, es algo que le ocurre a las almas inquietas, inconformistas, no tenemos la culpa de ser así, pero puedo decir que se sufre bastante, porque nunca llegamos a ver reflejado en los trabajos, la intención, el alma de lo que habíamos imaginado. Es frustrante.

Por eso comprendo a mi hijo cuando no quiere ser instrumentista, eso requiere una confianza en sí mismo inasequible al desaliento. Hoy he intentado volver a tocar el bajo, sé que lo haré decentemente si insisto, pero me puede la incertidumbre y además el no tener un propósito, dónde voy a buscar un grupo musical con sesenta y siete años ¿tal vez al centro de jubilados?, ya sé “Los Artrósicos Blues Band”. Por eso llevo media mañana de jubilado consumida sin hacer nada de provecho que no sea para mí mismo. La jubilación si te da algo, es tiempo. Pero lo peor no es eso, que en definitiva puedes subsanar haciendo trabajos para otros menos afortunados, lo peor es que has heredado una artrosis procedente de tu abuela, que te tiene bastante machacado, con lo que muchos días te puedes olvidar de todo lo que no sea escribir o vegetar.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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