El que la hace la paga. Por Rodolfo Arévalo

El que la hace la paga. Peineta en la Moncloa

“Yo puedo perdonar, incluso pasar página, pero nunca olvidar, porque tengo una máxima heredada de mi madre: El que la hace la paga”

Si hay algo que no entiendo en esta vida, es cómo mucha gente es capaz de olvidar las afrentas que haya podido sufrir en el transcurso de esta. Yo puedo perdonar, incluso pasar página, pero nunca olvidar, porque tengo una máxima heredada del carácter fuerte de mi madre: “El que la hace la paga”.

El mundo a fuerza de aumentar la población se ha hecho tan competitivo que cansa. Agobian las multitudes en todo tipo de eventos clínicos, culturales, artísticos, deportivos y de cualquier otra actividad que queramos hacer. Nunca podrás poner tu nombre, es imposible, en una lista en la que de entrada no haya por los menos otros diez apelativos de Pila Bautismal, previamente inscritos. Este hecho, que en invierno y viajando en transporte público, puede resultar agradable por el calor, lo hace muchas veces insoportable por el olor a sudor, dependiendo de la higiene del personal. Esto, no tiene ninguna importancia porque se trata de recorridos medianamente cortos y puedes salir, nunca mejor dicho a flote, de los sudores.

Y que me perdonen los gobernantes que quieren reducir la contaminación del tráfico reduciendo la circulación de vehículos privados, antes tendrían que hacer una campaña pro ducha matinal con jabón y todo. Todo el mundo tiene derecho a moverse en libertad sin tener que soportar olores y apretujones de otros.

Todo hecho físico inherente al ser humano, ni es bueno, ni es malo, pero es cierto que todos los seres humanos pueden intentar usarlos de manera agresiva contra los demás. Lo que está clarísimo es que el arma por excelencia de los seres humanos es el intelecto y la agresividad verbal. Manipular a los individuos apelando a sus sentimientos mas íntimos. Es una bajeza que ejercen los gobiernos casi de manera continua. Blandir los efectos nocivos sobre el medio ambiente y la naturaleza de nuestras acciones, que por otra parte proporcionan beneficios a productores y gobiernos, que cobran tasas e impuestos, es de una hipocresía que se sale del mundo.

No hace falta llegar a las manos para hacer ver a los otros que tienes un rebote del quince, basta con ver la expresión de tu cara. Y aunque en medios como Twitter, Facebook u otros esto no pueda apreciarse, si se pueden dar pistas con las palabras bien empleadas, sobre nuestro estado de ánimo. Las posibilidades de expresión del rostro humano son muchas, con todas sus pequeñas variantes, duda, sospecha, inquina, afirmación, negación, incredulidad, asentimiento y casi todas las que uno pueda enumerar.

Pero ojo, es curioso y a la vez bastante peligroso, perder esas referencias conocidas y cercanas que nos dan pistas sobre cómo actuar frente al otro, y esto lo producen estos medios antes citados. . Este tipo de mensajes oral y visual que, a lo largo de la historia, era el más frecuente entre nosotros, ha pasado a pertenecer al ámbito de lo oculto, y por ello ha de ser manejado con prudencia, basta una coma mal puesta para que tu interlocutor pueda interpretar tu mensaje en uno u otro sentido.

La capacidad que se pueda tener de expresar por escrito lo que se quiera decir, no es potestad de todos los humanos porque no es un sistema que pueda llegar a dominar todo el mundo. Sí, de manera básica, para mensajes asertivos o negativos simples o de diario uso, pero no cuando se trata de elaborar reflexiones o pensamientos muy elaborados. Si se escribe “me gustó mucho tu tortilla del otro día” unos interpretarán que alguien le preparó una tortilla a alguien a quién le gustó comerla, pero también podría interpretarse que dos mujeres tuvieron una relación homosexual y que les gusto, dando lugar a malos entendidos.

Esto es lo malo y lo bueno del lenguaje y sobre todo de los lenguajes con mucho léxico, que además pueden tener diferentes significados dependiendo del contexto, pues las posibilidades de expresión, son casi infinitas. Dicen que las matemáticas son el lenguaje universal, pero a mi juicio necesitan un nivel de abstracción tal, que para mi, dado mi poco intelecto racional, son difíciles de entender. En este sentido el ser humano es muy complejo, porque probablemente pueda sentir una emoción y un mensaje transmitido con una sola fotografía de un atardecer y no enterarse de una formula matemática que los científicos llaman bella y que para muchos de nosotros solo son signos que expresan algo incomprensible.

Y me pregunto, no acabaremos perdiendo el sentimiento cuando tengamos que lidiar día a día con seres robóticos que los más poético que entiendan sea la palabra ON. Que triste futuro nos aguarda, si está desprovisto de las palabras con carga sentimental. – ¿Qué te pareció el fin de semana Rodolfo? – Estuvo muy ON. – Pues para mi resulto OFF al final, Puri no quiso saber nada de la cama. – Pues eso es una cerdada, seguro que se lo hizo con el robot con vibrador. – Es posible, pero conmigo ha acabado – Pues ten cuidado que en cualquier momento el robot te desconecta in eternis, te pone en OFF. – Está bien que me lo digas, no había tenido en cuenta esa posibilidad. Pero el otro día descubrí que me había desaparecido un cuchillo grande de la cocina…

Y claro es lo que tiene de pega, perder la emotividad del lenguaje, el doble sentido de las palabras y de las relaciones humanas, por mucha carga de olores que conlleven. Es por esto por lo que hay algo que no entiendo en esta vida y es cómo mucha gente es capaz de olvidar las afrentas que haya podido sufrir en el transcurso de esta. Yo puedo perdonar, incluso pasar página, pero nunca olvidar, porque tengo una máxima heredada del carácter fuerte de mi madre: “El que la hace la paga”. Por el contrario un robot puede olvidar, pero si el código sigue en su programa no perdonará, lo ejecutará. “Acabarás pagando el pato o cualquier otra cosa” Será como con los radares de tráfico. ¡Cazado!

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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