Debate del estado de tribulación. Por Antonio Ramírez

Debate del estado de tribulación.

«Cuando más luz se necesita, y a tenor de las circunstancias, es probable que las tinieblas de la algarabía marquen este debate del estado de la tribulación»

Será un “todos contra todos”, sin tregua ni compasión alguna, las guerras partidarias irán cada una por su cuenta. El anuncio de “medidas económicas de calado” ante el encarecimiento de todo y la progresiva subida libre de los precios, intentarán paliar lo casi inevitable, ante la llamada inflación desbocada, y pretenderá capitalizar en lo posible la bronca a voces que se prevé.

Los reproches le vendrán al gobierno de la nación de parte y parte, desde dentro de la nave y desde fuera por la artillería de la flota adversaria. Todas las formaciones políticas, y ante la sombra electoral que nos acontece, aportarán a este tórrido verano, mas fuego y brasas a los que únicamente le vendrá algo de aire fresco a tenor de las ocurrencias en la retórica de la plática que se brinde.

Se buscarán las excusas y argumentos que hagan falta y, sobre todo, que la invasión de Ucrania lo trastocó todo. La izquierda, más dividida y con mas egos que nunca, intentará salvar los muebles para llegar al final de la legislatura y tener una mínima esperanza para no quedar muy trastocada en los comicios locales y autonómicos del mayo venidero y pensar en alcanzar con algo de aliento las próximas generales.

La derecha, expectante, se esforzará en no dar bandazos rutilantes en la creencia que sus próximas victorias vendrán a producirse por demérito de los contrarios más que por méritos propios.

Los nacionalistas, que ven las fauces del independentismo siempre clavadas en su espalda, seguirán perdiendo el alma a favor de él porque es él, y nada más que él, quien le saca los cuartos al gobierno de la nación por eso de la aritmética parlamentaria. Es por ello que el nacionalismo, vuelva a buscar, en su moderación, más posibles encuentros con los partidos estatales y así poder ofrecer, ellos también, “logros” a su territorios.

Volverá a recordarse la gravedad de lo acontecido en la frontera sur de Europa, en este caso la valla fronteriza entre Marruecos y Melilla; se exigirá luz y responsabilidades, lógico, pero es muy posible que no se llegue a mas que medidas, proclamas y enunciados coyunturales cuando realmente el problema de flanco sur europeo tiene un problema estructural con, especialmente, dos ciudades españolas, Melilla y Ceuta, en medio con decenas de miles de compatriotas que padecen y sienten disfunciones básicas a las que no parece contrariarles la esperanza. Habrá quienes se rasguen las vestiduras por lo sucedido y en su ánimo de afear, en parte para marcar territorio, al propio socio, no se vestirá a la profundidad de este complejo asunto con el sosiego ni la objetividad y así, hasta el próximo incidente.

Se hablará y reprochará, también, de la renovación del Poder Judicial, dando la impresión o más que ella, de nuevo, que los miembros de la judicatura y sus órganos de gobierno siguen siendo ese oscuro objeto de deseo de las distintas facciones políticas.

Cuando más luz se necesita, a tenor de las circunstancias que se viven, es probable y desgraciadamente que las tinieblas de la algarabía marque este nuevo debate, tras siete años de ausencia, más allá del entretenimiento por los diferentes episodios de ingenio discursivo que se ofrezcan. Es solo una opinión.

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma.

Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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