Amar la lectura. Por Antonio Ramírez

Amar la lectura

«El viejo el mar nos recuerda la capacidad de los humanos para fracasar, levantarse, medirse, triunfar y de paso, amar la lectura»

Hay obras que son una pura herramienta iniciática para adquirir el hábito de la lectura. «El viejo y el mar» simboliza, como pocas historias de la literatura universal, como un relato puede ser una bella y profunda lección de vida. Una parte importante de las más significativas facetas humanas se dan lugar en este relato que, seguramente, es la mejor creación de aquel que fue llamado a ser uno de los mejores y más influyentes escritores del siglo XX. Premio Nobel y Pultzer, Ernest Hemingway ocupa para siempre lugar de honor en ese paraninfo de lo mejor de las letras unviversales.

 

«El viejo el mar» nos recuerda la capacidad de los humanos para fracasar, levantarse, medirse, triunfar y así, como en una rueda sin fin, tal es la vida.

 

Un viejo y humilde pescador, forjado en mil fracasos y abandonado por la suerte se enfrenta a su principal desafío y de ahí nace un monumental diálogo entre la fragilidad humana y el mar desde la lucha con un gran pez que simboliza su razón de vida.

 

Una magistral obra que cautivó , cautiva y cautivará, a buen seguro, a millones de lectores y que se ha convertido en un clásico al que cualquier escuela que se precie, cita y aboca a su lectura. Fue interpretado en el cine, de manera genial, por el siempre recordado Spencer Tracy.

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma.

Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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