
«El viejo el mar nos recuerda la capacidad de los humanos para fracasar, levantarse, medirse, triunfar y de paso, amar la lectura»
Hay obras que son una pura herramienta iniciática para adquirir el hábito de la lectura. «El viejo y el mar» simboliza, como pocas historias de la literatura universal, como un relato puede ser una bella y profunda lección de vida. Una parte importante de las más significativas facetas humanas se dan lugar en este relato que, seguramente, es la mejor creación de aquel que fue llamado a ser uno de los mejores y más influyentes escritores del siglo XX. Premio Nobel y Pultzer, Ernest Hemingway ocupa para siempre lugar de honor en ese paraninfo de lo mejor de las letras unviversales.
«El viejo el mar» nos recuerda la capacidad de los humanos para fracasar, levantarse, medirse, triunfar y así, como en una rueda sin fin, tal es la vida.
Un viejo y humilde pescador, forjado en mil fracasos y abandonado por la suerte se enfrenta a su principal desafío y de ahí nace un monumental diálogo entre la fragilidad humana y el mar desde la lucha con un gran pez que simboliza su razón de vida.
Una magistral obra que cautivó , cautiva y cautivará, a buen seguro, a millones de lectores y que se ha convertido en un clásico al que cualquier escuela que se precie, cita y aboca a su lectura. Fue interpretado en el cine, de manera genial, por el siempre recordado Spencer Tracy.

