“El Malquerido”. Por Teresita Ávila

El Malquerido. Ilustración de Informalia

El que está celoso, nunca está celoso de lo que ve, con lo que imagina es suficiente». (Jacinto Benavente).

El hombre que quiere reinar no comprende -ni quiere comprender- el desaire que se ha cometido contra su persona, golazo en propia portería mediante. Esta vez se la han Colau vilmente y no lo ha visto venir desde sus ciento noventa. Era la ocasión: Un Bruce Springsteen memorable sacude Barcelona. Esta sí era la cumbre, el relaxing plan de los que mandan de verdad, de los pocos “alguien” que pisan el suelo. Digo “pisan” por decir, pues -como bien ha sido difundido por la prensa- los Obama (la pareja), y los Spielberg (la otra pareja), se han desplazado en avión -es de suponer que cada cual en el suyo, al no aportarse detalles-. Asimismo, se ha reseñado la presencia de Tom Hanks en algún medio, pero en ningún momento se le ha visto con la alegre cuadrilla participando en las visitas culturales o festines gastronómicos programados. Sin noticias de Gurb -rectifico- de Tom, quizá transmutado en Marta Sánchez como aquel. Vaya usted a saber. Raro.

El objeto pretextado para la escapada a la ciudad de los prodigios no ha sido otro que el arranque de la gira europea del pletórico The Boss. El pequeño y selecto grupo ha hecho piña en torno al cantante en una feliz comunidad, una nueva comunidad del Anillo (Un Anillo para gobernarlos a todos, un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas). Arte y política o viceversa. Hoy en día son indistinguibles los medios de persuasión utilizados por unos y por otros. Los cantantes hacen discursos. Los políticos, espectáculo. Y el cine proyecta la realidad construida a conveniencia. Congregados en el ceremonial de los tiempos, en el Estadio Olímpico de Barcelona, en torno a 60.000 personas aproximadamente disfrutaron de la velada. No imagino un sueño mejor para Pedro, hecho realidad, que vivir Last man standing allí mismo. Pero no pudo ser. No ha sido elegido.

La prensa ha cerrado filas exaltando la visita de la troupe sin reparar en quiénes han abonado la factura generada por los enormes gastos que han originado y los fastos de los que han disfrutado. Según puede leerse en elpais.com : El consulado de Estados Unidos en Barcelona ha declinado facilitar detalles hasta el momento de la agenda de los Obama, ya que se trata de ciudadanos sin cargos públicos. Así de hipócrita es el mundo. La tan cacareada “transparencia” posee un carácter volátil, sujeto a las veleidades del poder y del nombre al que se aplique. Las ventajas se disfrutan a la vista del pueblo, más convertido en plebe que nunca. La huella de carbono para ti, no para mí, oh dueño y señor de la barakah.

Escribía el insigne Jorge Luis Borges en su poema “Despedida”, incluido en Fervor de Buenos Aires:

Entre mi amor y yo han de levantarse

trescientas noches como trescientas paredes

y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.

Oh tardes merecidas por la pena,

noches esperanzadas de mirarte,

campos de mi camino,

firmamento que estoy viendo y perdiendo…

Definitiva como un mármol

entristecerá tu ausencia otras tardes.

El no honrado caballero se quedó sin su Glory days…

Muy tristemente, no habrá recuerdos en el fervor de Barcelona -en la mágica noche que ya pasó- del 28 de este abril que se nos fue. El no honrado caballero se quedó sin su Glory days, en cuya letra el gran Springsteen bien pudiera haberle hecho un guiño al autor del Manual de resistencia y haber cantado -con nuestra first lady haciéndole los coros junto a Michelle y KateI had a friend was a big basketball player.

I had a friend was a big baseball player

Back in high school

He could throw that speedball by you

Make you look like a fool boy

Saw him the other night at this roadside bar

I was walking in, he was walking out

We went back inside sat down had a few drinks

But all he kept talking about was

 

Glory days well they’ll pass you by

Glory days in the wink of a young girl’s eye

Glory days, glory days

 

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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