Pedro, alias el debates. Por Antonio E.

Pedro, alias el debates.

«Cuando debate Sánchez, lo primero que hace es mentir, después enfangarlo todo, conjuga como nadie las patrañas el postureo y el juego sucio»

Aún a riesgo de ser persistente en la crítica al embustero y mendaz Sánchez, correré el riesgo y hablaré de él una semana más. No pasa un solo día sin que éste sujeto nos obsequie con decenas de motivos para criticar, es un decir, su desquiciante y atrabiliaria forma de gobernar. El que alardeó días antes de dormir en la cama de Rajoy, su total predisposición a debatir con quien fuere, a conceder ruedas de prensa a cualquier medio, a someterse a pecho descubierto a las preguntas de cualquier periodista, lo dijo en muchas ocasiones, se preocupó muy mucho de hacer todo lo contrario. Cobardía o impostura, en Sánchez ambas.

Decir que este “notas”, desde el primer minuto de su mandato, se ha mostrado como un cobarde frente a la prensa libre, es tanto como decir que solo ha comparecido ante los que nunca le pondrían en apuros ni le afearían sus inmensas falsedades. Sánchez se ha especializado en la entrevista masaje, es decir, sólo se ha dejado entrevistar por especialistas en ese tipo de “felaciones” doctrinales, arte al que son tan aficionados en la extrema izquierda periodística. El paso de Sánchez por los platós o estudios de los medios de la extrema izquierda ha sido orgiástico hasta el delirio, orgásmico y gutural hasta la extenuación, y en cierto modo libidinoso hasta la carcajada. Hasta que llegó Sánchez, la extrema izquierda periodística había sido licenciosa. Después de él, podría decirse que ha terminado haciendo la “calle”.

Ignoro si en las facultades de las ciencias de la información se estudian estas habilidades, honestamente creo que no, pero también es justo y necesario admitir que en España tenemos a grandes especialistas en la materia, probablemente será un virus que sólo ataca al que se deja embaucar con las gilipolleces progresistas.

Desde los orígenes del sanchismo asistimos estupefactos al repugnante espectáculo de ver a un supuesto líder, esconderse ante la pluma de un periodista libre. De líder carismático a pufo, a bluf, a cascarón vacío, a nada. Por sus graznidos le reconoceréis, a Sánchez ni eso: es un tipo al que sólo se le puede preguntar lo que él diga, y contestar a lo que siempre lleva preparado. Le puedes preguntar la hora, y te responderá acusándote de fascista, le puedes preguntar que tal hace, y te responderá página cinco tomo décimo. Sánchez no debate, Sánchez lee, nunca improvisa, para eso está el fax del escaño.

Hoy nos almorzamos con su órdago a Feijóo para hacer un debate semanal, hasta que la hemorragia electoral nos libre de tan indigna compañía. El que desdeñó y se opuso a hacer dos cara a cara con Casado, el mismo que huye como lo que es, pretende atiborrarnos con su insulsa verborrea hasta que muramos de hastío. Espero que los propios del PP se nieguen ante tan exuberante coyunda, y bajen la hinchazón escrotal de Sánchez hasta que la detumescencia le haga entrar en razón.

Lo cierto es que con Sánchez será inútil debatir, se puede debatir con personas normales, entendiendo como persona normal a todo aquél que no sea Pedro Sánchez.

En un debate se pregunta y se contesta, se arguye y se interpela, se inquiere y se atestigua, se responde y se escucha, se asiente y se niega, todo ello dentro de un clima donde las formas lo son todo, pues es del todo de lo que se trata en un debate, en el que Sánchez sólo sabría rebuznar.

Cuando debate Sánchez, lo primero que hace es mentir, después enfangarlo todo, conjuga como nadie las patrañas el postureo y el juego sucio, nunca responde, siempre ataca, se aturulla y chulea, amenaza e insulta, usa el escarnio, embrutece y niega el diálogo, esquilma el raciocinio, aplasta la razón, flirtea con el sectarismo, y termina embistiendo exudando espumarajos.

No, con Sánchez no se puede debatir, ni sabe ni quiere, porque ignora en que consiste el noble arte de oír y escuchar. Sánchez ha mentido tanto a tantos y tantas veces, que ha conseguido ser su peor enemigo, y lo que es aún peor: si le juzgaran por ello la hemeroteca sería el principal testigo de cargo. Sánchez es un embustero contumaz, por convicción y por naturaleza, es un gran embustero, el mejor de todos.

Conclusión. El cobarde que nunca dio la cara ante la prensa. El déspota que nunca contestó a las preguntas de la oposición. El mismo tirano que abusaba del tiempo cuando su oponente sólo tenía unos minutos. El mismo embustero que nos mentía a la cara mientras estábamos encerrados por él. El mismo sin vergüenza que ninguneaba a nuestros representantes. El mismo jeta de siempre, se muestra ahora dispuesto a debatir aludiendo a lo democrático que es hacerlo. ¿Antes no lo era? ¿Qué ha cambiado? ¿Ahora se da cuenta de lo mezquino totalitario y sectario que ha sido su comportamiento? O simplemente es otra de sus patrañas para hacer ver al rebaño que él es el único, el único que ni en sueños podría ser nunca, sincero digno y decente.

Que nadie se extrañe, esto es otra argucia del que se ve acorralado, es el estertor de un psicópata que nos toma por imbéciles. Todos hemos visto y sufrido viendo a este tipo, sus tropelías, sus enjuagues con el golpismo catalán, sus pactos con etarras, Otegi lo es, sus equilibrismos con el comunismo chavista, sus embustes ante lo obvio, sus falsedades ante la realidad, su contumacia en la traición a su deber como primer responsable político, sus mil y un desplantes a SM el Rey Felipe, sus desprecios a la ciudadanía, sus tiránicas arbitrariedades, sus ponzoñosas maniobras para emerger como lo que nunca será, un buen presidente de gobierno.

Mira Pedro, ¡que debata contigo Txapote!

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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