
«Si un poco la vista el personal aguza, verá el cabezón del prófugo Puigdemont q por entre los montes pirenaicos ya asoma…»
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Si a uno le apetece llegar a ser delincuente,
léase ‘El Manual del Buen Separatista’:
aun sabiendo que no va a lograr una nación independiente,
puede tomarle, tranquilamente, el pelo a la gente,
jugar al sedicioso siempre que le apetece,
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y, en cuanto por todo ello los jueces le condenen,
podrá pedirse un buen indulto… o la amnistía!
Pero a la espera de que ese lejano día llegue,
puede darse pisto en Cataluña
o en el País Vasco hacerse el figurón;
o, si prefiere, presidir ‘cumbres en el exilio’… desde Wateloo!
(3)
Y si, por un acaso, la conciencia un pelín le remuerde,
sepa usted que, según Sánchez, eso es justo lo que apoyan los españoles;
de suerte que él mismo se desvivirá, como hace siempre,
por atender a su deseo; bien que, personalmente,
a nuestro sufrido presidente todo ello le duele horrores.
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¡Cómo no van a votarle, pues, una y otra vez,
para permitirle apoyarse en cualquier escoria o hez,
cuando no piensa más que en los votantes, el pobre hombre!
Hasta puede que no nos viva muchos años: ¡Tal es su sacrificio!
Pero sin duda pasará a la historia por llegar a ser
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el líder político que por nuestra amada patria más que nadie hizo!
Y lo de menos son sus incontables estropicios
hasta dejar lo que, en tiempos, fue una España
pacífica y unida,
rota y hecha una mierdecilla… y enteramente del revés!
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A nadie extrañe, pues, que las repúblicas bananeras de allende el mar
ardan ya en deseos de poderlo prontamente celebrar.
Y los primeros, claro está, Nicolás… y su ‘pajarito’: ¡Dos demócratas simpar!
Bien es cierto que, en la España sanchista,
como toda la ciudadanía pudo ya comprobar
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siempre caben unas cuantas toneladas de ignominia más.
¡Y con qué patrio fervor acudieron los votantes a aplaudirla!
En efecto, el sanchismo anda muy crecido, es cierto;
por más que en nuestra patria empiece a oler ya a muerto:
nuestra democracia, ¡jamás estuvo tan mal herida!
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En manos de la ‘peste bubónica’ la estamos dejando;
y su ‘democrático detritus’, que comienza ya a apestar,
pronto no lo asumirán… ni cien mil letrinas!
… Con todo, resulta obvio
que el votante sanchista
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tantísima podredumbre ya no olería
aunque a su naricita misma
se la fuésemos a enchufar:
El culo de su Narciso sigue
oliendo a fragancia de rosas.
Y a melifluas esencias del Caribe
todos aquellos que a España odian.
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Y «¡qué viene la ultraderecha!»
rebuznan, vociferan, balan o aúllan,
cada día más sectarios e idiotas,
ajenos al ridículo y al servilismo que acumulan
mientras su madre patria yace moribunda,
aguardando la puntilla de Sánchez… y su tropa!
(11)
Si un poco la vista el personal aguza,
verá el cabezón del prófugo Puigdemont
que por entre los montes pirenaicos ya asoma…
¡Átense los machos… y protejan a sus hijos,
que a cien leguas se ve que esto lleva camino
de superar lo de Sodoma y Gomorra…!
¡F I J O!

