El cabezón del prófugo Puigdemont por entre los montes pirenaicos ya asoma. Por Guirong Fu

El cabezón del prófugo Puigdemont por entre los montes pirenaicos ya asoma.

«Si un poco la vista el personal aguza, verá el cabezón del prófugo Puigdemont q por entre los montes pirenaicos ya asoma…»

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Si a uno le apetece llegar a ser delincuente,

léase ‘El Manual del Buen Separatista’:

aun sabiendo que no va a lograr una nación independiente,

puede tomarle, tranquilamente, el pelo a la gente,

jugar al sedicioso siempre que le apetece,

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y, en cuanto por todo ello los jueces le condenen,

podrá pedirse un buen indulto… o la amnistía!

Pero a la espera de que ese lejano día llegue,

puede darse pisto en Cataluña

o en el País Vasco hacerse el figurón;

o, si prefiere, presidir ‘cumbres en el exilio’… desde Wateloo!

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Y si, por un acaso, la conciencia un pelín le remuerde,

sepa usted que, según Sánchez, eso es justo lo que apoyan los españoles;

de suerte que él mismo se desvivirá, como hace siempre,

por atender a su deseo; bien que, personalmente,

a nuestro sufrido presidente todo ello le duele horrores.

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¡Cómo no van a votarle, pues, una y otra vez,

para permitirle apoyarse en cualquier escoria o hez,

cuando no piensa más que en los votantes, el pobre hombre!

Hasta puede que no nos viva muchos años: ¡Tal es su sacrificio!

Pero sin duda pasará a la historia por llegar a ser

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el líder político que por nuestra amada patria más que nadie hizo!

Y lo de menos son sus incontables estropicios

hasta dejar lo que, en tiempos, fue una España

pacífica y unida,

rota y hecha una mierdecilla… y enteramente del revés!

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A nadie extrañe, pues, que las repúblicas bananeras de allende el mar

ardan ya en deseos de poderlo prontamente celebrar.

Y los primeros, claro está, Nicolás… y su ‘pajarito’: ¡Dos demócratas simpar!

Bien es cierto que, en la España sanchista,

como toda la ciudadanía pudo ya comprobar

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siempre caben unas cuantas toneladas de ignominia más.

¡Y con qué patrio fervor acudieron los votantes a aplaudirla!

En efecto, el sanchismo anda muy crecido, es cierto;

por más que en nuestra patria empiece a oler ya a muerto:

nuestra democracia, ¡jamás estuvo tan mal herida!

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En manos de la ‘peste bubónica’ la estamos dejando;

y su ‘democrático detritus’, que comienza ya a apestar,

pronto no lo asumirán… ni cien mil letrinas!

Con todo, resulta obvio

que el votante sanchista

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tantísima podredumbre ya no olería

aunque a su naricita misma

se la fuésemos a enchufar:

El culo de su Narciso sigue

oliendo a fragancia de rosas.

Y a melifluas esencias del Caribe

todos aquellos que a España odian.

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Y «¡qué viene la ultraderecha!»

rebuznan, vociferan, balan o aúllan,

cada día más sectarios e idiotas,

ajenos al ridículo y al servilismo que acumulan

mientras su madre patria yace moribunda,

aguardando la puntilla de Sánchez… y su tropa!

(11)

Si un poco la vista el personal aguza,

verá el cabezón del prófugo Puigdemont

que por entre los montes pirenaicos ya asoma…

¡Átense los machos… y protejan a sus hijos,

que a cien leguas se ve que esto lleva camino

de superar lo de Sodoma y Gomorra…!

¡F I J O!

guirong fu

Tengo 60 tacos; es decir, una linda juventud... prolongada.
Catalán y ESPAÑOL de Barcelona, en donde ahora vivo feliz,
pues, TENIENDO SALUD, no me falta de nada.
Guirong Fu, en Twitter, decidí hacerme llamar;
y todos saben que es Nietzsche quien puse en mi avatar.
No hay en mí afán de ocultamiento,
pero va con mi talante el anonimato.
De otra suerte, aunque les pusiera mi retrato,
no habrían de reconocerme ustedes un pimiento.
Den todos por bien seguro, sin embargo,
que, siempre que se trate de defender MI DIGNIDAD
y EL HONOR de quienes me honran con su amistad,
no habré de ocultar de mí ni un solo dato.
¿Mis intereses? Los mismos que siempre tuve:
El humanismo, la buena literatura y el ámbito entero de la psicología.
Y aunque en la política no siempre demasiado me entretuve,
los años me han llevado a querer tomarle la medida:
Me duele su arbitrariedad, su falta de sentido común, sus dislates.
Su ambición soez, su arrogancia, su desvergüenza, su hipocresía.
Me indigna que me deslumbre con sus lindos 'escaparates'
y que cuando entramos a 'comprar' no nos dé más que porquería.

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