Ayer hablé con la muerte. Por Julio Moreno López

Ayer hablé con la muerte. La muerte y la doncella, de Marianne Stokes

«Ayer hablé con la muerte. Ahora que soy consciente de la realidad, de que camino hacia ella de manera inexorable, como todos aquellos que pisan este planeta»

Ayer hablé con la muerte. Tras el bloqueo emocional por la reciente pérdida de mis padres, al fin me atreví a mirarle a los ojos. Nunca he tenido miedo a la muerte, no se trata de eso, pero ahora me acompaña cada minuto de mi vida, en el sueño y en la vigilia.  

 

Ayer hablé con la muerte. Ahora que soy consciente de la realidad, de que camino hacia ella de manera inexorable, como todos aquellos que pisan este planeta. Ahora que he entendido la falta de sentido de todo esto, la inutilidad de la lucha y los objetivos a medio y largo plazo. Ahora que tengo claro que toda la vida es ahora. Ahora que el mañana es más relativo que nunca. Ahora que las certezas se han vuelto incertidumbres y que he visto en directo como se escapa la vida de un cuerpo humano, que he experimentado como en un segundo pasas de la vida  a la muerte, sin una tabla a la que agarrarte para poder evitarlo. 

 

Ayer hablé con la muerte. Tras ver a mis padres convertidos en serrín, en unas urnas metálicas; tras comprobar que la vida que has vivido, los recuerdos que has atesorado, los objetos que has guardado con amor, se van al contenedor. Tras llenar mí casa con cosas que no son mías. Tras reconocerme a mí mismo que cada día miro menos sus fotos, que no hablo con ellos como si estuvieran conmigo, que morimos para ser olvidados.  

 

Ayer hablé con la muerte, tras superar la ira con la que le hablé hace tres meses, cuando de manera inesperada se los llevó en doce días. Cuando los vi apagarse, como se apaga una vela, sujetando sus manos que se volvieron frías. Tras la incomprensión y la sensación de injusticia por lo que estaba pasando. 

 

Ayer hablé con la muerte, compañera inseparable, que te observa y que te juzga, que te manipula, que trata de atenazarte con su presencia y a su vez te engaña con su lejanía; que, cuando te olvidas de ella, se hace presente para recordarte que un día inesperado vendrá a por ti, como ha venido a por otros, y te extinguirás para siempre, siendo apenas esas fotos, esos cuadros que pintaste, esas líneas que escribiste, hasta que el tiempo inexorable lo convierta todo en ceniza; hasta que la última persona que te recuerde desaparezca de la faz de la tierra y te acompañe, en el polvo del camino. 

 

Ayer hablé con la muerte, que me vino a consolar. Y le pedí perdón por no haber entendido que hizo lo que le pedí, y se los llevó juntos, para que juntos permanezcan allá donde estén. Y le di las gracias por que se fueron sin dolor, sin apenas darse cuenta, en una transición rápida entre este y otro estado, aunque no pude percibir como los 27 gramos que pesaba su alma abandonaban el cuerpo, para volar a otro plano, a otro estado de conciencia. Y le dije que por fin había comprendido el por qué de mi falta de miedo, que la muerte es la respuesta definitiva, pues si hay algo después, el miedo desaparece y si no hay algo después, el miedo deja de existir, como dejamos de existir nosotros. Que la única certeza es ella. Que no reniego de su presencia, de su inexorable verdad. 

 

Ayer hablé con la muerte.  

 @elvillano1970 

Julio Moreno Lopez

Nací en Madrid en el año 1970. Aunque mi título universitario indica que soy ingeniero informático por la Universidad Pontificia de Salamanca, nunca ejercí como tal. Enamorado del mundo del periodismo y de la literatura, colaboro en diversos medios escritos y en alguna que otra emisora de radio. Ahora, miembro de este proyecto tan bonito de La Paseata. Además, soy autor del libro “Errores y faltas” Y del blog del mismo nombre. En Twitter @elvillano1970.

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