Puntualizando al miserable. Por Antonio E.

Puntualizando al miserable.

«Es tan pequeña tu talla moral, tan falta de hombría de bien, tan repleta de cobardía, tan vacía de dignidad, que ni siquiera lo puedes ocultar»

Excelentísimo miserable: convendrás conmigo en que seguir el ritmo de tus desmanes desde que estás al frente del gobierno de España, es materialmente imposible. Estamos ante un tipo, tú, que se mueve como cerdo en cochiquera, posando como si fueras el puto maniquí que tanto y tan bien te gusta interpretar. El hartazgo que provocas, indecente charlatán, resulta insufrible, odioso, difícilmente soportable, pero lo que acabas de protagonizar en el Valle de los Caídos vuelve a sobrepasar, una vez más, los límites de lo tolerable.  

Cómo tienes que estar de angustiado, bufo atorrante, por lo que estamos sabiendo acerca de los turbios manejos de tu mujer, para que nada más llegar de Qatar hayas acudido raudo y veloz a la Basílica del Valle de los Caídos, para actuar en el infecto montaje preparado por tus asesores mediáticos para tratar de solapar las grotescas noticias que tu señora protagonizó, antes durante y después de la pandemia. La pantomima ha sido tan grotesca como indecente, tan tétrica como obscena: fotografiarte como un sieso pisoteando los restos y la memoria de las personas allí inhumadas.  

¡Qué cuajo tienes que tener miserable! Manoseas cráneos y tibias, y pasas al minuto siguiente a hacerte fotos y reportajes usando como decorado de fondo, los restos mortales de aquellos españoles que dieron su vida en cualquiera de los dos bandos. ¡Qué indignidad la tuya! Repugnante acróbata henchido de inmundicia, tener que recurrir al dolor de una guerra entre hermanos, para perpetuarte en un cargo que te viene tan grande como enorme es tu asquerosa veleidad. Es tan pequeña tu talla moral, tan falta de hombría de bien, tan repleta de cobardía, tan vacía de dignidad, que ni siquiera lo puedes ocultar. Es más, lo exhibes como tu logro más preciado. No es la primera vez que lo digo, hoy me reafirmo con toda la rotundidad de que soy capaz, que es mucha.  

Has esparcido tu ponzoña en un lugar sagrado donde reposan unidos, o más bien mezclados, los restos mortales de miles de españoles. Sabedor de lo imposible de toda imposibilidad, intentar juntar correctamente un solo esqueleto, sabiendo que, si lo intentáis, lo estaréis haciendo sin orden ni concierto juntando los huesos de muchos de ellos. ¿Qué pretendes con tan inhumana acción? ¿Colgarte una medalla? O zambullirte en la mierda que tu partido y tú lleváis vomitando desde que perdisteis lo que provocasteis. Da igual lo que contestes, de sobra sabemos lo que pretendéis y lo que pretendisteis, hace ahora más de ochenta y cinco años, y aún antes de esa fecha, también.  

Sólo a un psicópata como tú podría ocurrírsele utilizar la memoria de aquellos hombres, para tu repugnante y tedioso lucimiento personal. ¿Nadie te ha dicho que muy posiblemente entre aquellos huesos, que tú, en tu patética idiocia, crees que todos pertenecen a republicanos, hay combatientes de los dos bandos? Porque para que lo sepas, también se hallan los restos de combatientes y asesinados del bien llamado, bando nacional. 

¡Maldito seas repugnante y sucio mamarracho! ¡Quién cojones te crees que eres para perturbar el descanso eterno de aquellas pobres gentes! ¿A quién has pedido permiso para sobar sus despojos? O es que eres tan discapacitado moral que, en tu impotencia para simular ser humano, te eriges en dueño de todo lo que existe en la Nación, a la que pisoteas con inusitada maldad. Tal aseveración no sólo obedece a tus actos, también a tu intrínseco comportamiento y a tu más que acendrada falta de principios. No está en mi ánimo insultarte, lo único que hago es definirte tal y como te veo. Y si no te gusta te jodes, del mismo modo que nos estamos jodiendo por tu culpa millones de españoles. 

Escribí no hace mucho tiempo en estas mismas páginas sobre este tema. ¿Nadie te ha dicho, impenitente botarate, que es imposible volver a componer el esqueleto de cualquiera de los allí enterrados? ¿No te han explicado en que consiste un osario? ¿O es que ningún forense de los allí destacados tiene los suficientes arrestos para decirte lo imposible de tu macabro encargo? O es que es tanto el terror que causas entre tus serviles paniaguados, que callan y siguen tragando por el mero hecho de seguir figurando en tu particular nómina, y en el esperpéntico espectáculo en que has convertido tu maldita presidencia. 

 ¿Qué certeza podrán tener los familiares de la identidad real de los restos que les entreguen, en caso de que les entreguen alguno? ¿Quizá la misma que los familiares de fallecidos en cualquier accidente aéreo? ¿En las cenizas que puedan entregárseles, después de haber incinerado juntos a cuatro o seis u ocho cadáveres de una tacada? ¿Lo captas? 

A Zapatero, sus expertos le explicaron que identificar los restos que reposan en el Valle de los Caídos, era del todo imposible, que sólo unos pocos estaban identificados al haber sido llevados desde donde fueron enterrados por primera vez, propiamente dicho, después de ser fusilados, o muertos en combate, en cajas separadas hasta la cripta donde fueron depositadas con la identificación precisa de sus identidades. Pero a ti, ilustre zarrapastroso, sólo te sirve lo que desune, lo que rompe y hace trizas la convivencia entre españoles. El resto te da igual, como tristemente estamos comprobando, lo sabes y te gusta, si fuese de otra forma nunca hubieses llegado a regir el desastre en que has convertido a España. 

Utilizar a los que descansan eternamente junto a sus hermanos de sangre y fuego, fueran o no del mismo bando, es lo último que un hombre que se vista por los pies, pudiera ocurrírsele. Hace falta ser indigno y miserable, como tú, para utilizar los muertos de una guerra que vosotros mismos provocasteis. Una guerra para algunos ya lejana y olvidada, para la mayoría desconocida, para vosotros rabiosamente presente, con el único objeto de que unos mierdas como tú y tus adláteres puedan arrojársela a la cara a los que la sufrieron, que en mayor o menor medida fueron todos. 

Tú y tus mierdosos no cuentan los muchos miles de asesinados en Paracuellos del Jarama, abuelos atados por los pulgares con sus nietos, niños aún, civiles y gentes normales, fusilados a cañón tocante, como figura en algunos testimonios que aquellos criminales confesaron haber cometido en aquella y otras matanzas. Ni tampoco los sacados de La Modelo, Porlier, San Antón, Ventas y un largo etcétera de cárceles que estaban bajo el gobierno de la República. Checas y otros centros de detención, donde el Frente Popular social comunista, al que tanto admiras y en el que tan bien te ves reflejado, asesinó a mansalva a todo aquél que no agachó la cabeza, o no pudo escapar del terror rojo que vosotros provocasteis. Ni aquellas mujeres que antes de ser asesinadas, pasaron de mano en mano, por sudorosos milicianos que diría Almudena Grandes, de patético y triste recuerdo, para los que no lamieron los huevos a los que ella ensalzó hasta el vómito.  

Escribir desde la rabia y la indignación que tú provocas, no es fácil. Al final leo lo que acabo de escribir y empiezo a talar lo que mi conciencia me ha dictado. Me guste o no, el miedo sigue existiendo en la España que tú desgobiernas. Esta vez no volveré a quitar ni una sola coma, lo dejaré tal y como lo he redactado desde el título, hasta la firma que figura al final. 

Estoy concluyendo este pequeño artículo, cuando los medios libres están dando otra noticia más sobre las andanzas truculentas del personaje que tan bien representas. Me resisto a creer, magnífico degenerado, que no lo sabías, o tal vez sí, pero te has fotografiado junto a restos de soldados nacionales, fusilados por el Frente Popular social comunista de antaño. No sólo murieron en un lado, lo hicieron en ambos, aunque para ti, tal y como haces hoy día, sólo tienen derechos los de un lado.  

Has estado poniendo cara de circunstancias con el más indigno y miserable estilo de un sin vergüenza, con total seguridad el más completo y grande de la reciente historia de España. Sois la plaga que no cesa, seguís agarrados a una guerra que provocasteis, propiciasteis, alentasteis, y perdisteis, como no pudo ser de otra forma en quienes hicieron de la ignominia, su propio estandarte. 

Esta es tu penúltima hazaña, la del que ha hecho del enfrentamiento entre españoles su única doctrina válida. Hacerse fotos manoseando huesos para abrir los telediarios del día, es tan execrable como tú maldita presidencia.  

¡Sois un hatajo de indecentes! Deberían haceros lo mismo, cuando vuestros despojos hayan alcanzado el cenit de putrefacción, y vuestros huesos estén pelados y resecados, no tanto por el paso del tiempo, sino por vuestra esencia totalitaria.  

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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