
«España, como patria común de todos los españoles, muere ayer, cuando un grupo de indocumentados se erigen como únicos propietarios»
Definitivamente desde ayer día 30 de mayo de 2024, España ha recibido una profunda cuchilla a traición en su costado, cuchillada de muerte perpetrada para que un traidor mantenga siete votos necesarios, no para ninguna convivencia, para su conveniencia, su supervivencia, con la connivencia de todos los enemigos, con él el primero, que quieren destruir España.
Ayer se puso punto y final a 1600 años de Historia con mayúsculas en la que nos podíamos remontar con orgullo hasta el rey godo Ataúlfo, cuya estatua podemos todavía contemplar en los jardines junto al Palacio Real de Oriente, pues su unión con Gala Placidia, hija de Teodosio II, tuvo un rol muy destacado en el conflicto que existió con el Imperio romano lo cual provocó, entre otros acontecimientos, que los pueblos germánicos tuvieran que abandonar las tierras de Galia y movilizarse a Hispania, donde la presencia de los visigodos se mantuvo por tres siglos asentando los antecedentes de la Hispania que daría en España.
España, como patria común de todos los españoles, muere ayer, cuando un grupo de indocumentados se erigen como propietarios de ella olvidando que España no es fruto de ningún pacto contractual, pues España es un patrimonio anterior a esta y lejanas constituciones, España es territorio y también la suma de generaciones, pasadas, presentes y futuras, y por lo tanto una unidad de destino común. Ante esas generaciones futuras los actuales españoles tenemos la responsabilidad de custodiar ese legado y transmitirlo, depositándolo en las manos de la siguiente generación, algo que al parecer no ocurrirá por voluntad propia de un traidor y sus secuaces, un mentiroso que se cree España sin defender a nuestro Rey, pisacharcos de la política internacional, además de un fraude académico salpicado de corrupción desde el ámbito del partido hasta el personal, presuntamente o no. No hemos podido caer más bajo, nos lo merecemos.
