¿Dónde está la derecha? Por Antonio E.

Dónde está la derecha.

«La futura derecha que coja el testigo deberá exigir respeto a las leyes, tradiciones y símbolos, que siéndolos de todos, serán exigibles a cualquiera que viva en España»

Rescato de mi memoria unas líneas que escribí hace unos años, hoy día son tan vigentes que solo he tenido que actualizarlas, y borrar superficialmente la pátina del tiempo.

El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. En el tema que nos ocupa, la derecha española persiste en tropezar una y otra vez, hasta que un mal día se rompa la crisma, y con ella el porvenir de España.

Desde el inicio de la transición, y hasta tan solo un minuto después de proclamada la Constitución, la derecha española empezó a disolverse como un azucarillo. Si los que redactaron la Constitución habían admitido varios títulos que van descaradamente en contra de la propia Nación española, lo más probable era que a la larga nos explotaran en la cara. Admitir nacionalidades donde solo hay una, España, fue una equivocación terrible, que hoy día estamos pagando. Privilegiar a unos españoles en detrimento de otros fue otro de los grandes fracasos. Dos puntos incuestionables para entender un punto de vista mal explicado, y no lo suficientemente divulgado.

Punto primero. Si la Constitución era totalmente homologable a cualquiera de las democracias más adelantadas del mundo libre, de hecho, lo es, la adhesión del independentismo catalán y del separatismo vasco no eran tan imprescindibles. Dada la contumacia en el delito de terrorismo e insurrección permanente de ambas regiones, pasada y actual, y su trayectoria antidemocrática a lo largo de su breve historia, hubiesen tenido que escoger entre unirse a la modernidad, la libertad y la democracia, o hundirse en el ostracismo y la corrupción inherente a su forma de concebir su particular estilo de gobierno. Allá ellos con su más que cuestionable futuro.

Y punto segundo. Con anterioridad al referéndum constitucional, se pensaba que con la mayoría que saliera del referéndum bastaba, pero salieron más partidarios que detractores, y la Constitución fue mayoritariamente votada. El triunfo de la democracia pasó a ser el problema de ambos nazionalismos, tanto para homologarse al entorno, español y europeo, como para poder gobernar sin antes acatar la Constitución. Allá ellos si persistían en sus traiciones. El estado español se empezó a debilitar desde el momento en que se les hizo ver a ambos nazionalismos, que eran imprescindibles, no tanto para el estado, si no para los partidos mayoritarios que querían gobernar gracias a ellos

De ese modo se hurtó a los gobiernos venideros el hecho de que solo les bastaría con aplicar la Ley y la misma Constitución, como únicos garantes de la integridad política y territorial de España, tal y cómo se hace en una nación justa, moderna y democrática. De esa forma el que se colocase fuera de la LEY, lo pagaría muy caro. Cabe añadir que la constitución alemana solo admite la existencia de una nación, la alemana ¿por qué en este aspecto cedió la derecha? La cobardía nubló el decoro, obnubiló el futuro, cercenó la convivencia. Pasamos de no tener Constitución, a tener una con coco dentro.

Fue a partir de ese momento cuando la izquierda con sus diferentes mafias o ramas comunistoides, los nazionalismos excluyentes y totalitarios, criminales y todo tipo de raleas extremistas, empezaron a enseñorearse del panorama político español, y lo que es aún peor, de su ciudadanía. Por parte de las derechas, empezaron a pelearse entre sí con inusitada saña, con lo cual a las izquierdas se las facilitó su labor de zapa. Es de suponer, que este razonamiento no será grato a los oídos de los que lo permitieron, pero es el que es, el que ellos perpetraron y consintieron.

A muchos de los jefecillos de la derecha habría que haberles dicho algo tan sencillo como que la Nación española era lo primero, y que sus puestos o poltronas irían en último lugar. Sentar esa base como parte fundamental de su propio ideario, no con tibieza como hicieron, si no con el pragmatismo necesario para que todo aquél que tuviese la tentación de puentearlo, se encontrara con un muro delante de sus narices, y de su propia credibilidad como español y como político. Por encima de España, nada ni nadie, por detrás, todos.

Pero la derecha empezó a ceder en todos los terrenos, rehuyó la batalla de las ideas, asumió como propias cuestiones que hasta ese momento había combatido, se ausentó de los principios de la nueva Constitución, principio de los males que vendrían después. Cobardía o rendición anticipada, yo opino que ambas.

Cedió en la enseñanza, dejando que aspectos de la misma como esfuerzo, trabajo, dedicación o respeto a los docentes fuesen olvidados. La izquierda y los nazionalismos, con Z, empezaron de inmediato a sembrar su cizaña, su mensaje y su semilla, hoy día sufrimos los resultados, cientos de criminales son objeto de culto en las Provincias Vascongadas. Mientras otros tantos mamarrachos e infectos mequetrefes son los dueños de Cataluña.

La derecha cedió en los medios de comunicación, al principio poco a poco, pero no tardó en entregar a la siempre sectaria y totalitaria izquierda los principales medios de comunicación. Fue bajo gobiernos de derechas cuando se obviaron sentencias relativas a la concentración de medios bajo una misma empresa, dejando el terreno expedito al desembarco de las izquierdas y sus brigadas de comisarios políticos, algunos de ellos de clara vocación y extracción chequista. Hoy día lo estamos sufriendo, para colmo de males, esos medios no tardaron en venderse a su viejo amo, en realidad siempre lo estuvieron. Para la izquierda el lapsus desde el 39 al 78 fue utilizado para rearmarse en sus clásicas marranadas, sectarismo, totalitarismo y traición a la patria, nada nuevo bajo el tamiz de la historia.

Que se haga proselitismo del terrorismo, ya no es noticia, que se haga burla y escarnio de las víctimas, tampoco, que los distintos gobiernos vascongados se aprovechasen de la carnicería etarra tampoco, que se filtren bulos es lo normal, hoy día se hace desde la presidencia del gobierno continuamente. Que las salas de justicia se instalen en los platós de televisión es la norma, en definitiva ¿Dónde se ha metido la derecha? ¿Dónde están sus protestas ante tanta infamia? ¿Qué campaña han hecho para señalar a los culpables del escarnio? Lo más sencillo es poner un «tuit», tarea en el que destacados inútiles alcanzan la excelencia.

Se cedió en justicia, dejando que fuera la izquierda la que pusiese el listón más bajo de la historia en lo tocante al nombramiento de jueces y fiscales, no oponiéndose al gobierno de González cuando puenteó la Constitución otorgándose el poder de nombrar a los jueces que algún día podrían juzgarlo a él, como en efecto sucedería años después con el PSOE. ¿Fue puro tacticismo por parte de la derecha? O tal vez lo más fácil fuera emular a los saqueadores.

Y en esas estamos. En éste y en otros casos ya sabemos cómo se comporta la izquierda, lo que no podíamos esperar es que la derecha dijera a todo, amén.

En España la derecha que hemos tenido hasta hoy día, desde el minuto uno de la promulgación de la Constitución, no ha cumplido el contrato que tenía con sus votantes, ni ha cumplido con España. La derecha que encarnó la UCD de Suarez, fue un conglomerado de mediocres y resentidos con el extinto Régimen, salvo algunas honrosas excepciones. Excepcionales traidores, excelentísimos mamarrachos, ilustres majaderos, no hablo de traición a un muerto, hablo de traición a unos principios fundamentales, que sin referirme a los del Movimiento, eran los de servir a la ciudadanía española que vive en España. ¿cabía más honor que ese? Sí, cabía la rapiña de todos los sinvergüenzas que han vivido de la política desde el minuto uno de la democracia.

La mayor parte de la derecha que había gobernado con el General Franco, se retiró a sus cuarteles de invierno, carentes y desnudos de la representación necesaria para dar otra vez la batalla de las ideas. Lo cierto es que ellos fueron los que más y mejor cumplieron a rajatabla con la honrosa misión de mirar hacia el futuro, sabedores de lo que dejaban atrás. Renovarse sí, pero todos, incluidos los que hoy día viven de recordarnos una y otra vez la Guerra Civil en la que ni estaban por razones obvias, ni reconocen que fueron ellos los que la provocaron, alentaron y propiciaron.

La nación agoniza bajo la satrapía de Sánchez, y su sección negocios, posiblemente el único programa que esta izquierducha ramplona sabe hacer. A ello se ha llegado por un motivo clave, la inacción de la derecha que ha gobernado, y la cobardía patológica de quienes, sin estar en el gobierno, se pierden en peleas estériles ridículas y trasnochadas.

La derecha en su conjunto conocía de antemano la desvergüenza modos y formas de gobernar de la izquierda extrema, y del PSOE en particular, y no se plantaron. Conocían, y si no es de juzgado de guardia desconocerlo, el objetivo que perseguía el nazionalismo en sus dos vertientes más graves, y no dieron la batalla, es más, se rindieron a las primeras de cambio. Convirtieron el verbo heredar, en su más preciado objetivo, sabedores del desastre que se van a encontrar, pero al parecer no les importa.

Mis reproches van a esa derecha meliflua y cobarde, blanda y ruin, corrupta y miserable, llorona cainita y fratricida, que desde el principio confundieron gobernar con figurar ¿Qué es más importante? El ego de un par de imbéciles, o la extenuante y sagrada misión de velar por la supervivencia de la Nación que nos ampara a todos. Que cada uno de ustedes se conteste a sí mismo, si es que conceden un minuto a esta cuestión.

La futura derecha que coja el testigo deberá exigir respeto a las leyes, tradiciones y símbolos, que siéndolos de todos, serán exigibles a cualquiera que viva en España. La derecha que se haga con el apoyo de la ciudadanía, solo tendrá una opción, respetar la Ley, las normas que nos obligan a todos, y hacerlas cumplir a rajatabla, en especial a la basura que pretende derogarlas, sin que le tiemble el pulso cuando de defenderlas se trate.

La derecha deberá ser pragmática en la defensa de lo esencial, a los principios éticos y morales con que una nación que se respete a sí misma se dote, y desprenderse cuanto antes de todas las adiposidades y roña que le sobran, que son muchas, politicastros e idiotas incluidos.

Si fuere así, aún estaríamos a tiempo de salvar esta vieja y venerable Nación, si no fuese así, contarán con el desprecio de la mayoría de los españoles.

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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