
«Lo malo, lo malísimo, que ocurre en España no es la falta de cultura, de la que yo tampoco soy un referente. Lo catastrófico es no reconocerlo»
Lo malo, lo malísimo, que ocurre en España no es la falta de cultura, de la que yo tampoco soy un referente. Lo catastrófico es que, no reconocerlo en cada uno, si es así, es peor. Lo mínimo bueno que se puede hacer a veces es agachar las orejas, cerrar la boca y escuchar. Suelo hacerlo y me encanta, me enriquece escuchar a los que más saben. En este sentido echo de menos programas de televisión, como La Clave, antes de que se lo cargaran hablando de política regional y comunal, cuando los políticos opinaron que, había que lavar los cerebros de los televidentes, prepararlos para una España diferente, esa que dejada de ser una.
Ya sé que los españoles no somos muy dados a hablar de temas de cierto nivel intelectual porque nos gusta cacarear más que a las gallinas, y sobre todo de fútbol los lunes por las mañanas en las cafeterías, como si el cénit de la cultura fuera el balompié.
Un poco de humildad en reconocer los déficit que uno pueda tener, no viene nunca mal. Esto te hace más humano, los hombres y mujeres, por ser políticamente correcto, no pueden poseer una enciclopedia del conocimiento, pero sí deben de tener intelecto para poder dar su opinión, aunque sea básica, en algunos temas. Claro que básica implica tener una y por desgracia no todos los españoles tienen opinión, sobre todo por incapacidad intelectual para tenerla consistente. Este es uno de los hándicaps que le veo a que el voto sea general, habría que pedir un nivel mínimo para poder ejercerlo y no solo la edad de dieciocho.
Como alguien dijo de las opiniones, e insisto porque ya lo he dicho en otra ocasión, son como los culos, todos tenemos una. El problema es que la diversidad de posaderas es limitada en forma y consistencia y en general también las opiniones.
Hay excepciones, hay seres humanos que son sobre dotados en inteligencia y variedad de pensamiento y a esos es a los que hay que escuchar si queremos enriquecer nuestro alma, espíritu e intelecto. Pero ¡oiga!, no a los políticos, que lo único que aportan son opiniones fungibles según día, hora y mes en que se producen. Hay un problema en la actualidad con las personas que se dedican a la política y es que, su preparación e inteligencia en general, son muy de andar por casa. Decir cosas como que, solo Sí es Sí, es igual de tontería que decir que, solo No es No, es una obviedad. Pero parece que la obviedad ha llegado a alcanzar en política, estatus de categoría filosófica. Lo que no sé, es si esto es así por un intento de simplificar el concepto para que sea entendido por toda la población o porque resulta más complicado explicarlo de otra manera. Más bien me inclino por lo primero, dado que habiendo aumentado el número de individuos en las sociedades, hay que hacer llegar a todos los niveles de formación la afirmación. Pero la afirmación es de una simpleza que dice muy poco de los individuos que no la entiendan.
Por eso no sé si es que los españoles en general somos un poco tardos de pensamiento o somos demasiado listos y han de simplificar hasta el mínimo la afirmación para que no se pueda manipular. Claro que de lo que sí puedo estar seguro es de que sobre lo de Sí es Sí y NO es No, no oiremos hablar en un bar a las nueve de la mañana de un lunes, a lo sumo, de algún gol que haya metido en propia portería algún político.
De verdad mira que tenemos nivel intelectual, somos cada día más personas en España y nada, que el nivel sigue igual. Podemos afirmar que el intelecto no se eleva de forma geométrica y en proporción al número de individuos nacidos, si no en proporción aritmética y no tan profusamente como sería deseable. Es por todo esto por lo que he comenzado diciendo que lo malo, lo malísimo, que ocurre en España no es la falta de cultura, de la que yo tampoco soy un referente. Lo catastrófico es que, no reconocerlo en cada uno, si es así, es peor. Lo mínimo bueno que se puede hacer a veces es agachar las orejas, cerrar la boca y escuchar. Suelo hacerlo y me encanta, me enriquece escuchar a los que más saben, en ese sentido echo de menos programas de televisión, como La Clave, antes de que se lo cargaran hablando de política regional y comunal, cuando los políticos opinaron que, había que lavar los cerebros de los televidentes. Al parecer hoy en día lo siguen haciendo y por desgracia el, a veces cacareado, pueblo no se entera o no se quiere enterar.
