
«El pueblo español está profundamente aburrido de algunos temas importantísimos, incluida la libertad, por pura desesperación»
Hay circunstancias en las que hay que dejar que los asuntos políticos, sindicales, profesionales y otros mueran de puro aburrimiento. No sé bien por qué, pero me da a mi en la nariz, que es donde siempre me da, que el pueblo español está profundamente aburrido de algunos temas, incluida la libertad, por pura desesperación. No es ya una desesperación al uso, es una especia de desistimiento frente a la realidad, una pataleta infantil, una inhibición, un no querer encarar los problemas porque no saben resolverlos o no ven solución.
Muchos medios dicen ¡ojo! ¡La extrema derecha ha triunfado en Austria! De acuerdo ya sabemos, y en otros países lo ha hecho la extrema izquierda y es igual de malo o peor. Todos los extremos son pésimos, pero las medias tintas que se gastan por aquí pueden ser peores. Digo que pueden serlo, porque no son ni “chicha”, ni “limoná” y así nunca sabe uno a lo que atenerse.
Los postulados acérrimos de la gente, la verdad, me entran por un oído y me salen por el otro. Porque la gente, contemplada como tal, solo es una masa informe de individuos, cuya personalidad se diluye como un azucarillo en el agua. A lo que realmente deberíamos temer es, sin duda, a la desestabilización del Oriente Medio, o para nosotros cercano oriente, en donde por una apártame allí esas pajas, pueden darnos en los morros a bombazos atómicos.
Tampoco resulta muy tranquilizador el dictador Putin. Otra vez la guerra de culturas y religiones, mira que somos burros. Sobre todo desde el lado de la religión de allá. No sería mucho más saludable para todos que la libertad de pensamiento se instalara en todo lugar. La mayor parte de las naciones occidentales ha dejado apartado el tema religión y lo ha separado de la política, como debe ser. Qué más nos da que los vecinos sean tarados o no, mientras no te impongan su estrechez de miras. Siempre he dicho que las creencias, sobre todo las religiosas, deben ser intimas y no molestar a los demás. De hecho el rezo es, o debería ser, algo intimo, un diálogo con uno mismo y sus convicciones.
Nada ni nadie puede hacer cambiar el fondo intelectual de cada uno en cuanto a sus creencias y nunca ha sucedido esto en la historia de la humanidad, si no ha sido por imposición, algo que a larga fracasa estrepitosamente. El problema reside en que para algunos pueblos las creencias forman parte de su estructura social y política. La configuración cerebral de los individuos resulta imprescindible para cada una de las posturas político religiosas, es un tema más genético que social. Esto conlleva, para los no creyentes, no solo defender los postulados contrarios, sino el ejercicio de la no aceptación y la acción del rechazo frontal, sobre todo si atenta contra la libertad individual en las sociedades democráticas.
Las sociedades no son nada sin individuos particulares, así que cualquiera que sea el régimen sobre el que se sostenga un país, debe estar sustentado por la capacidad de decisión y elección libre de sus integrantes. Por muy cabezotas que sean los individuos que conforman la mayoría, no lograran variar un ápice las mentes de los otros en temas tan íntimos como estos. Así que hay que decir, a otras culturas, “abandonad toda esperanza de manipulación de las creencias, porque al final se vuelven contra vosotros”.
Restar convicción sobre temas íntimos solo produce enfrentamiento y desestabilización social. La culpa de lo que ocurra en Gaza solo la tienen los grupos terroristas que la habitan. Deberían aplicar el vive y deja vivir. Por otra parte y en un lugar tan lejano de Israel, como lo es España, no me puedo creer que haya gente tan implicada con esos temas como para convocar manifestaciones, que a nosotros ni nos van ni nos vienen. Parece absurdo, de opereta barata y solo puedo entenderlo si los motivos, son otros, como la desestabilización del sistema democrático y la imposición de sistemas más totalitarios. Está claro que los regímenes dictatoriales son muy dados a utilizar el enfado y los sentimientos buenos y necesarios de los pueblos, en beneficio de la imposición de sus dictaduras, lo malo es que la mayoría que se implica, se deja arrastrar por lo que creen ser buenos sentimientos y no malas artes.
Cuando el pueblo español debería estar totalmente implicado en temas como el abaratamiento de su cesta de la compra, lo mueven fuerzas poco solidarias e interesadas en otros temas y no por ejemplo en criticar la subida de precios de la alimentación, el alquiler y otros, producidos casi únicamente por la política nacional que parece un túnel sin salida, por el puro capricho de un nefasto presidente del gobierno y lo que parecen ser Ministros aficionados. Mi padre estuvo muy enfermo en el hospital en el ochenta y dos. Ganó Felipe González las elecciones y recuerdo que dijo, empieza el principio del fin de lo que ha sido por el momento una gran nación. Creo que por como se desarrollan los acontecimientos, no iba desencaminado y es que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Pero bueno el pueblo que se manifiesta por los terroristas de Hamás sabrá lo que pide. Seguro que lo consiguen, eso sí, en menos de cinco años se arrepentirán y se darán golpe contra un muro y con la canción del mismo nombre, El Muro.
Yo a mi edad ya vengo curado de espantos. Ya lo publicó la revista La Codorniz un día en la época del dictador Franco, un tren entraba en un túnel en la portada, todas las hojas de la revista en negro y en la última página, el tren salía del túnel. Mejor no se puede decir, aprended jóvenes, os hace falta.

