La Deleznable Clase Política Española. Por Fran Encinas

La Deleznable Clase Política Española.

«Qué menos que exigirles rectitud, firmeza, entrega, honradez y, como mínimo, un rasgo de amor hacia su propio pueblo»

   El enorme problema que atraviesa nuestro país, caracterizado por el notable deterioro de todas las instituciones y entidades que representan al estado, no reside en la esencia de nuestra nación, a pesar de que algunos miembros del gobierno y sus socios insisten en hacer creer lo contrario. Tampoco es culpa de los españoles, pues cuando se les ha necesitado en cualquier época de nuestra historia, siempre han respondido con valentía, coraje y orgullo. Un claro ejemplo de ello se evidencia en el devastador episodio de la gota fría en Valencia, una de las catástrofes más destructivas que se recuerdan, cuando miles de españoles de todos los rincones del país han acudido en auxilio de sus compatriotas afectados por dicha catástrofe. 

 

  Es un orgullo observar que un lema, cuya autoría desconozco, pero que hago mío, ha cobrado tanto significado en este contexto: “Solo el pueblo salva al pueblo”. Ahora más que nunca, somos testigos de la posibilidad de tal hazaña, pues cuando contemplamos el sufrimiento de nuestros semejantes, no importa la raza, el origen, el género, la edad, la riqueza o la región nativa, los españoles nos entregamos a los demás porque somos un pueblo generoso, noble, valiente y solidario, dispuestos a arriesgarnos para salvar vidas. 

 

  Sin embargo, ante tragedias como estas, también emergen los instintos más bajos en ciertos individuos. Algunos aprovechan dichas desgracias para saquear, robando a quienes lo han perdido todo. Son actos cobardes y mezquinos que deben recibir el máximo castigo, pues atentan contra la dignidad de los más vulnerables. O como hemos visto este fin de semana, donde unas cuarenta asociaciones de izquierdas, o más bien de la extrema izquierda, aun con los cadáveres en el barro y el enorme dolor de las víctimas, convocaron una manifestación en Valencia para desacreditar al oponente, o más bien para “blanquear” la gestión negligente y criminal de Pedro Sánchez y donde mucha gente buena acudió por el dolor que sentían, cayendo en su trampa, pues solo buscaban manipular el relato para ocultar la verdad. Y dicha verdad es que todos ellos son responsables de esta infamia que tantas vidas ha costado. Desde el Presidente de la Generalidad que, bajo mi punto de vista, hizo dejación de funciones en una clara irresponsabilidad punible, o la directora de la AEMET, la ministra de Medio Ambiente y Transición Ecología, el Ministro del Interior, la Ministra de Defensa y, por supuesto, el Presidente del Gobierno que tenía que haber decretado el Nivel 3 de Emergencias o Nivel Nacional —Éste se produce cuando la gravedad de la catástrofe requiere la intervención de los recursos y medios del estado. Dicha coordinación pasa a ser del gobierno central—. De haberse decretado, la U.M.E. se habría hecho cargo de todas las fuerzas desplegadas en el lugar y hubiera coordinado con la máxima eficacia dicha catástrofe, pero esto no se produjo, seguimos con el nivel de alerta 2 —Les juro que casi dos semanas después de la tragedia no me atrevo a dar ni cifras de fallecidos ni de desaparecidos, pues no lo sabemos a ciencia cierta—. 

 

  En mi artículo anterior afirmé que vivimos en una partidocracia corrupta, donde muchos de sus miembros eran oportunistas que vieron en la política una vía para enriquecerse a costa de los españoles y, sobre todo, de los que menos recursos tienen. La supuesta libertad que trajeron los nuevos aires de la transición, ofreció la oportunidad a aquellos indeseables y burócratas para alcanzar el poder a través de los partidos políticos; saliendo los peores instintos de muchos de aquellos que solo buscaban su ambición personal. Lo más importante para cualquier funcionario o cargo público que se precie, es tener vocación de servicio público, es lo mínimo que se debe pedir a quien se supone va a representar a millones de conciudadanos. Qué menos que exigirles rectitud, firmeza, entrega, honradez y, como mínimo, un rasgo de amor hacia su propio pueblo. A pesar de lo que algunos puedan pensar, están sirviendo a un país que se llama España, su país. 

 

  En España, cada diputado representa, no solo a su propia circunscripción, sino que representan a todos los españoles, encarnando la soberanía nacional que reside en cada uno de ellos. Sin embargo, cada vez es más evidente que la mayoría, siempre hay honradas excepciones, no representan ni una cosa ni la otra, sino únicamente a sus propios partidos e intereses. Comprendo que debe ser duro para algunos que, habiendo nacido en España y renegando de sus orígenes, tengan que hacer el paripé de hacer como que sirven a España. Esto les debe suponer un acto de contrición que les amarga la existencia. Lo cual demuestran que parte de esa clase política, no solo son unos necios y cobardes, sino también unos traidores e ignorantes, ya que por mucho que no sientan la patria o aborrezcan de ella; aquí nacieron y, seguramente, aquí morirán. 

 

  Sentirse un apátrida en esa parte de la izquierda española, no es cosa de ahora, ya ocurría antaño, es uno de los males endémicos entre muchos de esa izquierda mezquina y guerracivilista: abominar de su propio país, de sus raíces, de su historia y tradiciones. Seguramente si buscamos los orígenes de este mal que les aqueja, tendríamos que remontarnos a los orígenes del marxismo, por lo tanto, a Karl Marx, Engels y más tarde Lenin y Stalin, donde aquel incipiente marxismo se convertiría en el posterior marxismo-leninismo o estalinismo, dando lugar a los regímenes comunistas que han ocasionado más de 150 millones de muertos y, aun a día de hoy, en algunos países con esos regímenes reina el terror y la muerte. 

 

  La mayoría de nosotros supusimos que los políticos tendrían una acentuada vocación de servicio público y un compromiso con el bien común: servir a la sociedad para hacer prosperar nuestra nación y hacerla más grande y respetada. Sin embargo, con el paso del tiempo, el deterioro en la clase política se volvió cada vez más evidente. El parlamento, sede de la soberanía nacional, se ha convertido en un “circo romano” lleno de mercaderes, trileros, aplaudidores, falsos, manipuladores, corruptos, mentirosos y traidores… Demasiados traidores que venderían a sus propias madres con tal de seguir en el poder.  

 

  Siempre supe de la importancia de la vocación, pues yo la tuve en mi anterior profesión —Lo supe aun siendo un niño—, de hecho, fue mi vida y mi pasión. Por lo tanto, la diferencia entre tener vocación de servicio público y no tenerla es abismal. No hay nada más patriótico que servir a España dentro de cualquier cuerpo de funcionarios del Estado. Hay quienes arriesgan sus vidas por una causa, por un ideal, o sirviendo a sus conciudadanos, como los funcionarios de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el ejército, los bomberos y otros cuerpos de la administración pública, quienes, tras aprobar difíciles oposiciones, se entregan a la llamada del deber. En contraste, los políticos ni siquiera necesitan opositar para alcanzar el poder o asumir responsabilidades sobre los ciudadanos; solo necesitan afiliarse a algún partido, saber engañar o mentir mejor que su contrincante, hacerle la pelota a su líder y ponerse de vez en cuando de rodillas… 

   

  El político es el único cargo público que no se somete a ningún régimen disciplinario, como así se hace con todos los funcionarios del estado. De hecho, pueden prometer la luna y, por supuesto, incumplir sus promesas, sus programas electorales, o decir una cosa por la mañana y otra por la tarde sin que esto tenga consecuencias. Y si llegan al gobierno, como lo hizo Pedro Sánchez, pueden decretar estados de alarma y leyes de amnistía inconstitucionales, excarcelar a terroristas, prevaricar a diario si fuera necesario, engañar permanentemente a los ciudadanos, restringir las libertades públicas, subir los impuestos de forma inquisitorial, amenazar en redes sociales a través de sus cientos de bots y trolls, aprobar leyes habilitantes y, por tanto, ilegales, cometer delito tras delito y protegerse usando todos los recursos del Estado, como la F.G.E. con el Fiscal General del Estado hoy imputado, o la Abogacía del Estado, que utilizan para querellarse contra los jueces que respetan el poco Estado de Derecho que queda y que investigan los innumerables casos de corrupción que rodean al presidente. O el ya manoseado Consejo General del Poder Judicial, donde sus vocales se los reparten los dos partidos mayoritarios, el PSOE y el PP, en contra de la propia Constitución, que desde siempre fue papel mojado y que ellos pisotean cuando les place. Como dijo Groucho Marx: “Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”, pues los políticos españoles cambian tanto de principios que los ciudadanos ya nos hemos acostumbrado. 

 

CONCLUSIÓN 

   

Hubo un tiempo en el que algunos políticos eran verdaderamente honorables, personas comprometidas con el futuro de España. Hoy, en cambio, muchos de nuestros representantes nos avergüenzan como ciudadanos. Resulta difícil comprender cómo, pese a los repetidos escándalos de corrupción, incompetencia y abusos de poder, muchos ciudadanos sigan depositando la confianza en aquellos que, lejos de servir al país, lo utilizan como un medio para obtener beneficios personales y puestos de poder.      

  Es hora de cuestionarnos el sistema partitocrático que permite esta perpetuación de conductas que tanto daño hacen a nuestra sociedad y a las instituciones, convirtiendo a España en un estado fallido y al borde del abismo. Aunque observando a mis compatriotas, no puedo sentir nada más que orgullo y la idea de, “solo el pueblo salva al pueblo” me hacen albergar esperanzas para el futuro de España. 

 

 

Fran Encinas

Me llamo Fran Encinas, expolicía nacional y escritor ocasional, aunque más bien diría vocacional, pues me gusta contar en artículos la realidad de nuestro país, eso sí, no dejo indiferente a nadie y presumo de mi vehemencia hasta en mis artículos. También tengo varios proyectos; uno de ellos a punto de culminarlo. Será un libro autobiográfico donde cuento, a parte de las intervenciones más relevantes que tuve el gran privilegio de vivir en primera persona durante mi etapa como Policía Nacional, y que pocas veces se ha contado con toda la crudeza. Pero la principal trama de dicho libro fue un hecho dramático, deleznable y terrible que sufrí y que marcó toda mi vida. El otro es una recopilación de todo lo acontecido en los últimos años de nuestra querida España desde la llegada de ZP al poder hasta, prácticamente, nuestros días. También fui comentarista político o como se hacen llamar los cursis, contertulio, más concretamente intervengo en un programa llamado Discusiones en el Gulag, del canal de YouTube de David Martínez, o mi participación en otro programa llamado Libres 2.0 de Luis J Martín, hoy Multicanalradio.

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1 comentario

  1. La política en el siglo XXI se ha convertido en sinónimo de parasitismo social y destrucción de lo que funciona para sustituirlo por experimentos que no funcionan. La descentralización ha generado que cada uno vaya por su cuenta sin rendir cuentas valga la redundancia.

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