
«Crónica matutina de un jubilado que, entre petanca y gorriones, se topa con ministros, mentiras y bacanales negadas»
Estaba yo tan ricamente, como jubilado que soy, esta mañana, dormitando frente a la televisión y tratando de enterarme de las noticias por los avances informativos, cuando aparece una ministra —es de agradecer, frente a la ola de ministros—. Que aparezca el Presidente y tener el cuajo de oírle es, desde luego, menos interesante que una labor que voy a proponer y poner de moda entre los jubilados: jugar a la petanca y darles de comer a los gorriones en los parques.
El asunto puede resultar harto complicado y críptico, a veces por las mentiras, si no está uno al cabo de la calle, cuando me ha despertado una alegría. No una cualquiera, sino una Alegría, ministra de Sánchez. ¡Qué alegría! Por ella, no por Pedro.
A este último citado, al que todavía mucha gente no le ha tomado el pulso —más que nada por la falta de brío intelectual, y no sé si hasta por haber sido abducidos por los extraterrestres— sí le escuchan. Pobres. Los del PP y de Vox, al parecer, según el Yoyó, son herederos del dictador y no se les debería votar, porque deben de ser personas nocivas y anticonstitución del setenta y ocho. Pues no sé qué pensará de mí, pero yo voté la Constitución, que él mancilla mañana sí y tarde también, con conciencia o sin ella.
Claro que no debe haberse dado cuenta de que el que está bordeando constantemente la legalidad de la flamante Constitución de ese año es él, y no los demás españoles. Venden las huestes del PSOE —que sí le escuchan, y que a mi parecer deben formar parte del gran Yoyó— que todo lo que no sea PSOE, o como mínimo Sumar, es de ultraderecha. Y solo les falta ponerse la cruz gamada en las camisas. Será… (ponga adjetivo).
No debe pensar Sánchez que cuenta con el apoyo de Maduro, como antes contó Zapatero, aunque a mí me parezca que sí, que tiene el apoyo incondicional de cualquier dictador que se precie como tal. Pero esto es solo una sensación que a mí me da, y no creo que a muchos españoles más, del grupo cercano al PSOE.
No, si arrieritos somos… Qué le vamos a hacer.
Puede que yo sea el equivocado y que pertenecer al orden galáctico existente, o por existir también en nuestro planeta, sea lo más molón del universo cercano. Todavía hay categorías. Y claro, no es lo mismo ver el careto del gran Yoyó en la pantalla de buena mañana, diciendo mentiras, que ver el de una ministra que —te podrá gustar más o menos— pero es agraciada sobremanera y, desde luego, no es nada tonta.
Defendía, como gato panza arriba, la teoría —contra la opinión de los trabajadores del Parador Nacional de Teruel, y ante las preguntas de los parlamentarios que forman la comisión de control— de que “jamás hubo una fiesta con prostitutas en dicho parador”; menos, al parecer, la bacanal a la que algunos se refieren. Tampoco que acudieran al lugar mujeres de la vida en autobuses con luminarias, y menos que accedieran a las habitaciones en las que se alojó el exministro Ábalos.
Puede que sea cierto, o puede que no. ¿Quién lo sabe? Lo que sí está fuera de duda es que la información ha salido de alguna parte. ¿Será un bulo elaborado por los enemigos de Ábalos y, de rebote, del PSOE?
No sé cuántos comentarios en redes sociales como Twitter, ahora X, puedan haberse generado, más que nada porque no tengo, en la actualidad, dicha aplicación, que según me informa el ordenador ha sido atacada por ciberdelincuentes. No el canal, sino mi conexión a él. Como yo no he nacido para lo abstracto y matemático, por el momento sigo sin conexión a este bonito foro. Tampoco sé cuánto tiempo durará mi aislamiento, como náufrago de la tecnología, pero probablemente será hasta que algún alma caritativa —aunque fría— venga a auxiliarme con el problema.
Pero tecnologías aparte —y sonrisas y risas también— deberíamos reconocer que lo del Presidente del Gobierno sobrepasa ya lo del juzgado de guardia. Más cuando se propone llegar a las próximas elecciones con las orejas alzadas, por supuesto con orejeras a prueba de abucheos, si tiene que enfrentarse a una salida a campo abierto, calle o cualquier otro lugar habitado por la plebe. “¡Qué asco! —pensará— cuánto mierda y desagradecido suelto hay por ahí”.
Y debe de tener razón en algo, porque cada día aumenta geométricamente el número de los que sueltan peste sobre él y su Gobierno. Si se presentaran a Eurovisión, seguro que quedarían al final y ya fuera de lista; y si fuera una de bobos españoles engañados por las siglas del PSOE, ni siquiera estarían.
Nada, y Alegría riendo…
Y es por todo esto por lo que empezaba este escrito diciendo que estaba yo tan ricamente, como jubilado que soy, esta mañana, dormitando frente a la televisión y tratando de enterarme de las noticias por los avances informativos, cuando aparece una ministra —es de agradecer, frente a la ola de ministros—. Que aparezca el Presidente y tener el cuajo de oírle es, desde luego, menos interesante que una labor que voy a proponer y poner de moda entre los jubilados: jugar a la petanca y darles de comer a los gorriones en los parques.
El asunto puede resultar harto complicado y críptico, a veces por las mentiras, si no está uno al cabo de la calle, cuando me ha despertado una alegría. No una cualquiera, sino una Alegría, ministra de Sánchez. ¡Qué alegría! Por ella, no por Pedro.

