Despilfarro mental: entre terrazas soleadas y discursos de “miembras”. Por Rodolfo Arévalo

Despilfarro mental

«Mientras el ciudadano común lucha por encontrar sombra y refresco, otros se abrasan en sus propias ideas, convencidos de que el idioma es un juguete y el buen juicio, prescindible»

¡Qué alegría! ¡Qué esplendor vegetal se asoma alrededor cuando aparece la primavera!
Vuelven las ganas de beber refrescos en las mesas que colocan los bares en las aceras. Y también la posibilidad de comer en las terrazas de aquellas casas que las posean, esa tortilla de patatas tan trabajada por la mañana. El sabor puro del invento español se convierte en una delicia para el cuerpo. Algunos hicieron verdaderos esfuerzos para adelgazar, sólo para poder degustar la ambrosía de las cervezas, los refrescos, los hidratos de carbono y otras tentaciones.

Es bonito que el estro natural invada los corazones. Los árboles cargados de frutas o de flores son indicios de la continuidad de la vida. Digamos que las ofrendas milenarias en esta época del año siempre estuvieron justificadas. Ahora podemos ir a torrarnos —o directamente a abrasarnos— bajo el sol implacable de las playas, mientras defendemos a codazos el pequeño territorio que rodea la sombrilla y su exigua sombra.

Volver al norte con la piel roja —o con suerte, morena— y presumir durante unas semanas de tus cueros enteros, desnudos delante del espejo de la alcoba. Da igual que tu vientre penda un poco (o un mucho) de tu cuerpo. ¿Para qué acomplejarse, si los has visto peores, desparramados en las arenas playeras?

Al volver, piensas: “¡Ande yo abrasado y ríase la gente!”. Sabes que muchos desearían ser los portadores de las rojeces que tú luces como si fueran trofeos.

Por otra parte, nunca antes de 1800 se hicieron estos alardes de piel salvo, tal vez, los que hicieran los indios y hombres de color marrón (no quiero decir negro, no vaya a ser que alguien se ofenda y malinterprete la palabra, que aquí no pretende herir, sino calificar un hecho con naturalidad).

Y sí, basta ya, que me canso. Mejor me tumbo a la sombra de una higuera, a ver si cae algún higo… ¿pródigo? Ven ustedes la tontería de las palabras. No es hijo, es higo pródigo. Que también los hay.

Me atrevo a fabular que soy lagarto o cocodrilo tendido al sol, cerca del agua. Pero mis escamas están endurecidas, y aunque se quemen, importa poco ya en esta vida —o en la futura, si la hubiera—. ¿Se nota o no se nota que la ironía brota? ¿O bota? ¿Botafumeiro?

¡Póngame un vaso de leche fría, por favor, que no hay quién aguante este calor!

Y ante tanta desfachatez de algunos, miembros y “miembras” —“que quiero nota en el examen de redacción”— del PSOE, no queda mucho más que hacer que esperar a que lleguen las elecciones. A ver si entonces se caen del guindo, del peral, del manzano o de cualquier otro árbol frutal… los productos no maduros, sino a punto de pudrirse por su mal origen, tanto mental como intelectual.

Muy malo es cuando se utilizan palabras que se salen de madre, aunque sea de manera ficticia. ¡Ojo! Que las armas las carga el Diablo.

Democracias… demos gracias a Dios, o al Susum Corda, por esta paz constitucional que sobrevuela España desde el año setenta y ocho. Lo pongo por si alguien me acompaña en el sentimiento. Espero que así sea, porque si no, acabaría por no creer en el buen hacer, la alegría, el humor y el criterio del pueblo español en general.

Y por eso empezaba diciendo, para alejar la tontería: ¡Qué alegría! ¡Qué esplendor vegetal se asoma alrededor cuando aparece la primavera! Vuelven las ganas de beber refrescos en las mesas que colocan los bares en las aceras. Poder comer en las terrazas de las casas que las posean, esa tortilla de patatas tan trabajada por la mañana. El sabor puro del invento español se convierte en una delicia para el cuerpo. Algunos hicieron verdaderos esfuerzos para adelgazar, sólo para poder degustar la ambrosía de las cervezas, los refrescos, los hidratos de carbono y otras delicias.

Pero ya saben… mañana será otro día.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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