Entrevista al Cardenal Silíceo. Por Alonso de Madariaga

Dedicado: «A los sefarditas repartidos por el mundo, que, con nostalgia inextinguible, recuerdan a España» (dedicatoria atribuida a don Marcelino Menéndez Pelayo).
Sepulcro del Cardenal Silíceo

     En su periplo ibérico —hambriento de Historia de España—, de nuevo, Alonso ha recalado en la milenaria Toledo («Toletum», en la Hispania romana). Tiempos tenebrosos estos, donde la «verdad oficial» margina y estigmatiza a los historiadores y donde se institucionaliza el olvido selectivo con la desmemoriada, revanchista y oficialista Ley de Memoria Histórica, impulsada por los delegados en España de la secta de los Sorosianos globalistas. Es tiempo de Reconquista, debiendo empezar por recuperar nuestra Historia. ¡Más historia de España, por favor! Sin embargo, la lucha ideológica a brazo partido no está reñida con un buen comer y un mejor beber. Por tanto, Alonso ha hecho una parada técnica para saciar un hambre más carnal en el Restaurante El Cardenal. A la hora de escoger el menú, entona el «Qui fecit totum benedicam cibum et potum bene-tibi vivas» (Quien todo lo hizo, bendiga la comida y la bebida. Que vivas bien.), echando mano de la inestimable ayuda del recetario La cocina del Colegio de las Doncellas: cordero guisado, con unas alcachofas de guarnición. Maridado con un tinto Ribera del Duero —Protos Reserva 2018—, con su característico color cereza oscuro. En la boca, aterciopelado y suave, con mucho cuerpo, ideal para suavizar la grasa y realzar el sabor del cordero.

 

     Entonado, que no achispado, nuestro inquieto criminólogo de días alternos, coge carretera y manta, ascendiendo por la subida de la Granja, torciendo a la derecha por la calle Real y despúes girando a la izquierda por la cuesta del Corchete, hasta la plaza del Cardenal Silíceo. El lugar de destino es el Real Colegio de Doncellas Nobles. Fundación de casi cinco siglos de antigüedad, destinada a la educación para la vida matrimonial de niñas y jóvenes de pocos recursos. Colegio fundado por el cardenal Silício —preceptor de Felipe II— el 5 de marzo de 1551. Con capacidad para 100 niñas, las cuales podían ingresar entre los siete y los diez años, permaneciendo hasta que contraían matrimonio. La institución educativa hacía por ellas algo más que educarlas: «Las dotaba con cien mil maravedís que cada una recibiría el día de su boda, dotación que no percibirían las que entran en religión». Dote aparte, significaba todo un privilegio el poder casarse con alguna de estas colegialas, no les faltaban pretendientes, estaban solicitadísimas. No ha sido una institución educativa mediocre y del montón, como lo son muchas de las actuales, ya que el año 1928, estaba considerado como el mejor colegio de Europa.

 

     Orientada al mediodía, está la fachada principal del edificio, el irredento entrevistador entra por la puerta que da paso a la iglesia barroca que alberga una capilla con el imponente sepulcro en forma de túmulo con la estatua yacente del Cardenal Silíceo, labrado en mármol de Carrara por el escultor Ricardo Bellver y Ramón. Presididas por La Caridad —amamantando a un niño—, están esculpidas en las cuatro esquinas del sepulcro las cuatro virtudes cardinales cristianas, cualidades que las doncellas debían cultivar: la Justicia, la Fortaleza, la Templanza y la Prudencia. Allí, de pie, esperándome junto a su propia tumba, se encuentra el Cardenal Silíceo.

«Veo una España, que despojada de su elemento común aglutinador —la fe cristiana y el idioma español—, se ve abocada a un cantonalismo propio de los reinos de taifas»

Entrevista al Cardenal Silíceo.

ALONSO DE MADARIAGA

     Beso las manos de vuestra merced.

CARDENAL SILÍCEO

     No preciso de un saludo tan formal. Para mí, es un privilegio estar ante un español irredento, alguien que no ha sucumbido a la arrolladora ideología woke.

ALONSO

     El placer es mío. Se cumple aquello de que en Toledo todo es posible. A pesar de las muchas ocasiones en las que he visitado la ciudad, nunca había reparado en este ilustre colegio, con su hermosa capilla y su magnífico mausoleo.

SILÍCEO

     Sí, es cierto, en Toledo el museo está en las calles.

ALONSO

     Pensando en los pocos pero fieles lectores que me aguantan, siempre hago esta pregunta, ¿por qué aquí, en este lugar?

SILÍCEO

     Los arzobispos toledanos —en vista de la alta dignidad que ostentábamos— teníamos el privilegio de poder ser enterrados en la Catedral. No obstante, decidí ser sepultado en el Real Colegio de las Doncellas Nobles, ya que esta obra constituyó mi legado más importante. De entre todas las fundaciones que creé, esta era la niña de mis ojos. Fue una manifestación de cariño y compromiso con aquellas chiquillas de escasos recursos. Quería protegerlas permaneciendo junto a ellas aún después de muerto, asegurando la continuidad de la labor educativa. Estuve cómodo por más de tres siglos, durante los cuales, mis restos óseos permanecieron en un rincón del colegio, metidos en una caja metálica cubierta con un paño negro. Con el tiempo, alguien creyó que mis restos mortales merecían este precioso mausoleo de mármol. ¿Qué pienso? Si esta obra de arte ha ayudado al colegio a permanecer en el tiempo, ¡es perfecto! La viabilidad de la institución femenina era el objetivo primordial, por este motivo, desde el principio busqué y conseguí el copatronazgo del rey Felipe II.

ALONSO

     Un análisis sobre la finalidad de este colegio femenino.

SILÍCEO

     Me remitiré a una observación tanto acertada como divertida, hecha por un toledano de pro, Gustavo Morales

«Si el Diablo hubiera querido inventar algo para divertirse, no se le hubiera podido ocurrir nada más adecuado que la fundación de un colegio de doncellas, cuya finalidad fuera el matrimonio, y cuyo régimen y educación corriese por completo a cargo de las mismas colegialas, únicas dueñas y señoras del establecimiento. […]. El Cardenal y el Estado designan quiénes sean las favorecidas para el ingreso, dentro de las condiciones reglamentarias, y como aquello es punto menos que la antesala del Paraíso, las designadas suelen ser verdaderas señoritas con enlaces familiares distinguidos, hijas muchas veces de personajes. Tienen dote, pensión espléndida, gastos de viaje para tomar aguas o aires tónicos, profesores de idiomas, de música, aparte de la natural cultura y labores propias del sexo. Las niñas cuando entran, son protegidas por las antiguas que allí residen, y para hacer más directa e íntima la protección, se consideran y llaman tías y sobrinas. […]. No existe en el mundo nada comparable a esta Institución del Cardenal Silíceo, y yo le recuerdo con devoción, cuando pienso que supo tejer una red de oro y virtud para pescar buenos maridos para las colegialas del Instituto piadoso que tan espléndidamente dotó».

ALONSO

     ¿Por qué era tan importante el papel de la mujer como madre y esposa?

SILÍCEO

     Ha sido precisamente una mujer, una académica numeraria, Esperanza Pedraza, quien advirtiera de dicha necesidad perentoria: 

      «No tenemos colegios destinados, específicamente, a formar esposas y madres de familia. De nada sirve decir alegremente: “La familia está en crisis. Cuidado con la institución familiar que se desmorona”. Las soluciones de los problemas graves de la humanidad no se resuelven con una ley gubernamental ni con decretos dictatoriales; hay que educar día a día. Si la familia no la salvan las madres, no la salvará nadie. La Iglesia y el Estado tienen en sus manos una Institución social única —hoy que tanto se habla de protección y promoción de la mujer— donde se formen futuras esposas y madres mediante una sólida educación religiosa, moral, ética y profesional. Es verdad que habría que actualizarlo dotándolo de las más modernas instalaciones, nuevos sistemas pedagógicos, profesorado adecuado, estudios universitarios y sobre todo actualizando sus dotes a la equivalencia monetaria de los tiempos fundacionales. ¡Qué bien, si un día pudiera ser el Colegio la gran universidad donde acudieran de todas partes del mundo, para adquirir todos los saberes de una buena ama de casa y una madre de familia formada a todos los niveles que hoy la sociedad exige!».

ALONSO    

     El desplazamiento de la ventana de Overton, hace que este enfoque del asunto no case muy bien con la corrección política actual, obcecada en un tipo de igualdad entre sexos que pretende varonizar a la mujer y feminizar al hombre. Este proyecto de ingeniería social ha derivado en uniformidad, eliminando la diversidad y la individualidad. Se prohíbe por orden gubernativa la felicidad femenina en el desempeño de unas funciones dentro del papel de la familia tradicional. Supone una herejía y un torpedo en la línea de flotación de la imperante pseudoteología woke. ¡Las Belarras y Monteros, junto con todo el feminismo ultrasubvencionado, van a poner el grito en el cielo!

SILÍCEO

     Hay quien no tiene más luz que la del día. Es decir, que tiene pocas luces. No se pueden pedir peras al olmo… y menos al alcornoque. Ahora, si te refieres a si abrigaba dudas sobre la capacidad o valía de la mujer para gobernar, nunca las tuve. Te recuerdo que el lema de la monarquía hispánica era «Tanto monta» —Isabel como Fernando—, indicando el valor equivalente entre nuestros monarcas. Fui testigo de cómo una mujer fue capaz de unir a España como nación, acabando con sus interminables y sangrientas guerra civiles, terminar la hazaña de la Reconquista y ser la protagonista principal de la primera globalización, descubriendo y gestionando el Nuevo Mundo. Sin embargo, no es óbice para reconocer el papel fundamental —a lo largo de toda la historia de la humanidad— de la mujer en la familia como unidad básica de la sociedad.

     El filósofo e historiador estadounidense Will Durant —uno de los más influyentes en el siglo XX— enfatizó la importancia de la familia tradicional para la supervivencia de una sociedad, incluso de la civilización:

«La familia en la vía de acceso a la perpetuidad humana, además de seguir siendo la institución básica entre los hombres; podría perpetuar la raza aunque se derrumbaran todas las demás instituciones».

     Por otra parte, sobre la importancia de la mujer en nuestra sociedad, no me interesa en absoluto la opinión del típico y oportunista político de turno sin escrúpulos en su papel de captador de votos, sino la de aquellos académicos que han dedicado su vida a estudiar este fenómeno. Volviendo a Durant, recalcó la importancia capital de la mujer a lo largo de la historia en esta célula básica de la estructura de la sociedad:

«Por cuanto era la madre quien cumplía la mayoría de las funciones parentales, la familia estuvo al principio (hasta donde podemos penetrar en las brumas de la historia) organizada sobre la base de que la posición del hombre en la familia era superficial e incidental, mientras que la de la mujer era fundamental y suprema». 

     Más recientemente, Adriana Macías Madero, antropóloga y Dra. en Historia en la Universidad Autónoma de Zacatecas, ha publicado un articulo en la gazeta de dicha institución educativa, titulado El legado materno: huellas históricas del cuidado, la educación y la influencia a través del tiempo, donde dice: 

«Desde los albores de la humanidad, la figura materna ha tejido hilos invisibles pero poderosos en el entramado de cada sociedad. ¿Qué significaba ser madre para una mujer en las frías estepas prehistóricas, en los bulliciosos mercados de la antigua Roma o en los tranquilos telares del México colonial? ¿Cómo se transmitían los secretos de la supervivencia, las normas de convivencia y la riqueza cultural de una generación a la siguiente, a menudo susurrados al calor del hogar? […]. A través del vasto tapiz del tiempo, las huellas del papel materno resuenan con una fuerza innegable. Más allá de las representaciones artísticas o los documentos históricos, emerge una constante: la profunda impronta de las madres en la forja de la humanidad. Su rol como primeras educadoras y proveedoras de cuidado trasciende épocas y culturas, moldeando individuos y cimentando los valores que sostienen las sociedades. Su influencia, a menudo silenciosa pero siempre poderosa, constituye un legado vivo que continúa nutriendo el presente y proyectándose hacia el futuro. Reconocer esta trascendental contribución no solo honra el pasado, sino que también ilumina la invaluable función que las madres seguirán desempeñando en la construcción de un mañana más humano y cohesionado».

     De modo que, la familia desempeña funciones esenciales en la cohesión y supervivencia de una sociedad o nación: reproducción biológica, socialización moral y transmisión cultural, garantizando así la continuidad intergeneracional. ¿Quién tiene el derecho y el deber de inculcar la moral y la cultura a los hijos? ¿La familia o terceras personas ajenas a la institución familiar?

ALONSO

     ¿Cómo llegaste a ser preceptor del rey Felipe II?

SILÍCEO

     ¡Desde luego no fue por enchufe… como se padece y sufre en esta España timodemocrática! De los Reyes Católicos, heredamos la importancia del valor del mérito y capacidad como criterio de selección para ocupar un cargo público. Yo venía de una familia humilde de campesinos — Villagarcía de la Torre (Badajoz)—, no obstante, sufría una sed insaciable de conocimiento. Así que, como todos, alcancé el mérito y la capacidad a través de esfuerzo y tesón… de lucha. En 1493 ingreso en la Universidad de Valencia, donde permanezco un tiempo para formarme. Después, entre alumno y profesor —tres como alumno y seis como profesor— nueve años pasé en la Universidad de París. Allí se latinizó mi apellido Guijarro, llamándome «magisterio sílex», que con mi regreso a España, se castellanizaría en la forma de «silíceo», quedándose petrificado para la posteridad dicho apodo. En el 1514 publico mi Arithmetica retorica et practica, que se convertiría en uno de los libros de matemáticas más importantes del siglo XVI. Sí, me interesaba tanto el mundo espiritual como el físico. En el 1516, el claustro salmantino envía una delegación a París y me selecciona como profesor en la Universidad de Salamanca, cargo donde permanecería durante diecisiete años. Impartiría Lógica Nominal e introduciría en la universidad la enseñanza de la Filosofía Natural. Como consecuencia de mis méritos académicos y mi linaje de cristiano viejo, fui aceptado (1517) en el Colegio Mayor de San Bartolomé, centro neurálgico de la élite académica salmantina. Preocupado por un método para alcanzar el saber, publico muchas obras, entres estas: Dialéctica o Lógica magna y Lógica brevas. Finalmente, en el 1534, la emperatriz me llama a la Corte y tras el pertinente examen, me selecciona como uno de los maestros del príncipe Felipe. Le enseño al infante, latín, francés e italiano, además del catecismo. Esto creó un vínculo permanente entre nosotros.

 

ALONSO

     Miguel Cirilo Floridez, catedrático emérito de Filosofía en el Departamento de Filosofía, Lógica y Estética de la Universidad de Salamanca, escribió tu biografía para la Real Academia de Historia. Uno de los párrafos dice lo siguiente: 

«Como cardenal, Silíceo convalidó con su firma el estatuto de limpieza de sangre del Cabildo de la catedral de Toledo. Esta firma le ha hecho famoso en la historia y ha coloreado al personaje con un matiz negativo, como prototipo de persona conservadora. Este primer estatuto de limpieza de sangre estaba limitado en sus efectos al Cabildo catedralicio, pero llegó a ser muy famoso por servir de modelo a otros estatutos posteriores».

SILÍCEO

     Efectivamente, como cardenal y arzobispo de Toledo convalidé dicho estatuto. Fui un hombre con mis aciertos y mis errores, con mis luces y mis sombras, un hijo de mi tiempo. Primero, puntualizar que supone un anacronismo moral el juzgar la historia: hechos y personajes del pasado con los criterios éticos del presente. Es un error aplicar valores, normas y  mentalidades actuales a hechos, personajes y contextos del pasado: juzgar el pasado con los ojos del presente. Se puede y se debe estudiar la historia para comprenderla y aprender de los aciertos, escarmentar de los errores, prevenir el mal pero sin eternizar el resentimiento. ¡Y esto no significa que se justifique nada! No podemos convertir la historia en un Tribunal Ideológico. Así que, contextualizaré. En mi época, todos los reinos de Europa habían eliminado el judaísmo. Una corriente que durante siglos había asolado a Europa, hasta que finalmente llegó a España. Francia ordena la expulsión de los judíos en cuatro ocasiones (1182, 1306, 1322 y 1394) y confiscación de sus bienes. En el 1290, Eduardo I de Inglaterra ordena la expulsión masiva de los judíos. En el 1421 en Austria, estalla una gran persecución contra ellos con la quema de 270 judíos y confiscación de bienes. Arma (Italia) en el 1488. Ducado de Milán (Italia) en el 1490. España, en el 1492. Lituania (1495). Portugal (1496). Estados Pontificios (1569). 

     Los partidarios de la leyenda negra se han cebado con España. Asumo mi responsabilidad pero no puedo responsabilizarme por lo que hicieron otros antes y después de mí. En la defensa de España diré que los judíos expulsados de Europa, durante siglos encontraron refugio en España y especial protección de la Corona

«A decir verdad, la historiografía del siglo XIX mostró dos visiones en apariencia contradictorias sobre la Expulsión de los judíos de 1492. Como explica María Elvira Roca Barea en “Imperiofobia y leyenda negra” (Siruela, 2017), en los siglos XIX y XX el antisemitismo en la leyenda negra española ‘se expresó en dos vertientes, una nueva y otra vieja’. La vieja era archiconocida desde los tiempos de la presencia española en Nápoles, Milán y Sicilia, donde los italianos, y posteriormente las otras naciones europeas, habían calificado a los hispánicos como “marranos” por los muchos siglos en los que cristianos, musulmanes y judíos habían convivido en la Península. Para Lutero, Voltaire y otros pensadores nadie había más semita en Europa que los españoles por haber mezclado su sangre. De ahí su decadencia, argumentaban. Las corrientes de racismo científico surgidas en el siglo XIX, donde los anglosajones ocupaban la cima de las razas, retomaron esta idea de que los españoles eran una raza irremediablemente inferior y degenerada por la contaminación semita. El mestizaje explicaba, en su opinión, la decadencia del Imperio español que en el siglo citado vivió su periodo más declinante».

     Como explicaba anteriormente, nuestro mundo fue uno religioso, teocrático, donde lo familiar, social y político formaban un todo con el hecho religioso. Durante trescientos años estuvimos luchando los cristianos contra los mahometanos en las Cruzadas para recuperar los «Lugares Santos» (1096-1291 d. C.) y durante ochocientos años para recuperar la España cristiana. Como apunta certeramente Luis Suárez Fernández (Real Academia de Historia): «Pues la Monarquía se asentaba sobre el principio de que la religión católica era el signo de unidad y la condición indispensable para ser considerado súbdito y, en calidad de tal, recibir el status de libertad personal con los derechos naturales fundamentales». En lo que respecta a mi persona, sí, dicho estatuto de sangre fue fruto de mi piedad religiosa en la búsqueda de la mayor pureza doctrinal y obstaculizar que todas aquellas personas que no acreditasen su linaje de cristianos viejos, pudiesen ocupar cargos relevantes e influir en la política del Estado. Como príncipe de la Iglesia, recibí el encargo de dirigir espiritualmente el mayor imperio que el mundo había conocido, donde no se ponía el sol. Defendía a la civilización cristiana, como he admitido, con mis aciertos y mis errores.

ALONSO

     Escribía nuestro Ángel Alcalá Gálvez, mientras enseñaba Literatura Española en la City University de Nueva York (Brooklyn College):

«El teatro español del Renacimiento, la novela picaresca, la mística de Teresa de Jesús y de Juan de la Cruz, por citar las más señeras, son obra de judeoconversos. No es sólo Sefarad parte de la historia cultural de España, sino que la mejor cultura de España es cultura de origen, al menos parcial, judío, y ciertamente, judeoconverso».    

SILÍCEO

     Únicamente fui capaz de pensar en una España católica, sin embargo, es evidente que su historia es heterodoxa. ¡Ironías de la vida! Tras quinientos años, no puedo dejar de reconocer y admirar la fidelidad de los sefarditas a la memoria de Sefarad. Actualmente, es más fácil encontrar signos de auténtica españolidad entre los judíos sefarditas en la diáspora que entre los propios españoles peninsulares.   

ALONSO

     ¿Cómo ves España en el plano político?

SILÍCEO

      La noche se echa encima, el día está avanzado. Veo un pueblo sin ilusión, que no ama, ni cree ni espera… uno muerto en vida. Jesucristo nos advertía en Mateo 12:25: «Todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no permanecerá». Es una advertencia sobre el peligro subyacente en toda desunión, es decir, la división interna debilita y destruye cualquier organización, nación, ciudad o familia. Si un grupo está dividido por conflictos internos, luchas de poder o falta de unidad, inevitablemente se desmoronará y será incapaz de sostenerse a largo plazo. La unidad es esencial para la supervivencia y el éxito de cualquier organismo o nación con aspiración a perpetuarse en el tiempo. El susodicho, Will Durant, sin percatarse, fue capaz de predecir el futuro que le espera a España si no despierta del sueño inducido por su nefasta casta política:

«Atrapada en el intervalo relajado entre un código moral y el siguiente, una generación a la deriva se entrega al lujo, la corrupción y un desorden inquieto en la familia y la moral, salvo por un remanente que se aferra desesperadamente a las antiguas restricciones y costumbres. Pocas almas sienten ya que “es bello y honorable morir por la patria”. Una falta de liderazgo puede permitir que un Estado se debilite a sí mismo con luchas internas. Al final de este proceso, una derrota decisiva en la guerra puede asestar el golpe final, o bien una invasión bárbara desde fuera puede combinarse con la barbarie que brota desde dentro para poner fin a la civilización».

     Sí, veo una España, que despojada de su elemento común aglutinador —la fe cristiana y el idioma español—, se ve abocada a un cantonalismo propio de los reinos de taifas.

ALONSO

     Dedicaste tu vida a la enseñanza, ¿buscaste la igualdad?

SILÍCEO

     Busqué la igualdad de oportunidades educativas, no la igualdad en los resultados. ¿Quién está interesado en la igualdad de los resultados? Normalmente, aquellos para quienes las noches son cortas, los que por vagancia están por debajo del promedio, anhelado dicha igualdad, implorando de rodillas que el sistema iguale artificialmente los resultados para no quedar en desventaja. Por otra parte, quienes se aplican —hincando codos y dejándose las pestañas— en busca del mérito y la capacidad, no desean ser víctimas de esta progre y cercenadora tabula rasa. Es injusto, suprimir por orden gubernativa, las diferencias legítimas que surgen del esfuerzo y el talento. Una nación, una sociedad determinada, es como un organismo biológico en lucha por los recursos, por la supervivencia. Así que, no se puede permitir el lujo de dejar de fomentar el desarrollo de todas las capacidades potenciales de los miembros que la componen, si desea tener éxito en esta lucha con otros grupos. En una economía globalizada —donde todos compiten con todos—, premiar la desidia y penalizar el mérito, supone el suicidio de una sociedad.

ALONSO

     ¿Cuál es el «catecismo» de la globalista y satánica secta de los Sorosianos?

SILÍCEO

     La obra de Thomas Malthus: Ensayo sobre el principio de la población. Publicado originalmente en el 1789, está más vigente que nunca. Presenta una funesta teoría basada fundamentalmente en la siguiente tesis: «La tendencia constante que se manifiesta en todos los séres vivientes a multiplicar su especie, aunque no lo permitan los alimentos con que cuenta». O sea, mientras la población crece en progresión geométrica, los recursos alimentarios aumentan en progresión aritmética, lineal. En román paladino: en la progresión geométrica cada numero duplica al anterior, mientras que la progresión aritmética es una sucesión de números en la que la diferencia entre términos consecutivos es constante. Esto tendría unas consecuencias catastróficas ya que la escasez de alimentos o recursos generaría conflictos sociales como: hambrunas, epidemias y guerras. No obstante, con el inducido invierno demográfico —prefieren el eufemismo de «transición demográfica»— y la mejora constante en las técnicas de producción alimentaria dieron al traste con toda la secuencia lógica de la profecía malthusiana.

     Sin embargo, este hecho constatable no ha podido finiquitar los principios expuestos por la teoría malthusiana, ya que los globalistas le han encontrado una novedosa aplicación como método de enfrentarse a los desafíos globales expuestos en la Agenda 2030: el impacto del hombre en el cambio climático, la degradación del medioambiente, y la dilapidación y agotamiento de los recursos naturales. Estas políticas «verdes» se centran en una reducción de la población mundial en aras de la sostenibilidad medioambiental. De ahí, el énfasis por implementar —a cualquier precio— políticas de control de la población: destrucción de la familia tradicional con su inherente instinto de procrear y perpetuarse en el tiempo, impulsando otros modelos de «familia» estériles; métodos anticonceptivos a mansalva; abortos al por mayor; y la última novedad… la eutanasia a la carta.

     Pero los frenos malthusianos para neutralizar al impacto que supuestamente deja la huella del hombre en el ecosistema, no han terminado con los métodos supracitados. Todo vale en esta cruzada satánico-globalista: guerras, enfermedades, epidemias, hambre y en última instancia… dar pasaporte a los pobres para evitarles el sufrimiento. Al cotizante y obligado tributario, le cae la del pulpo, se le acusa de provocar todos los males de la tierra y de constituirse en una amenaza mundial, especialmente con respecto al cambio climático y la sobreexplotación ecológica. Según los principios de Malthus, aunque la naturaleza se autorregula con sus propios medios de reducción de plagas, la élite puede aportar su inestimable ayuda implementando políticas no tanto para eliminar la pobreza como para finiquitar a los pobres, ¡raíz de todo mal! Así que, la paternidad no puede democratizarse urbi et orbi, o ser fruto de un calentón pasional, sino un privilegio otorgado discrecionalmente por la autoridad competente. El capitoste globalista, cuya máxima es «Un hombre es un hombre mientras produce», ya no necesita nuestra fuerza laboral. No entramos en la ecuación de la IV Revolución Industrial. Los pobres, como insaciables devoradores de recursos, somos la plaga a exterminar. De ahí que, Malthus, recomendara a las élites la aplicación de ciertos controles periódicos de transición demográfica —de lo más variopinto— para intervenir y obstaculizar la capacidad reproductiva del populacho:

«Los obstáculos destructivos que se oponen á la población son de una naturaleza muy varia, comprendiendo todas las causas que tienden de cualquier modo á menguar la duración natural de la vida humana por el vicio ó por la miseria. Así pueden contarse en esta clase las ocupaciones malsanas, los trabajos penosos ó excesivos que esponen á la inclemencia de las estaciones, la estremada pobreza, el mal alimento de los hijos, la insalubridad de las grandes poblaciones, todo género de escesos, de enfermedades y epidemias, la guerra, el hambre, la peste».

     Sí, amable lector y pardillo integral vocacional, no esperes soluciones a tus problemas desde la parasitaria y mercenaria casta política, sea esta nacional o europea. Asistimos como convidados de piedra a la instrumentalización de la vida humana en clave utilitarista o economicista. Para ellos, el «mal» a extirpar lo conformamos tú y yo —como devoradores de recursos— somos el problema… su problema. Somos el sacrificio propiciatorio a ofrecer sobre el altar del dios del CO₂. La implementación —vía expeditiva—, por parte de los globalistas sorosianos, de la supresión de los más débiles simulando un mecanismo biológico de selección natural darwiniana. ¿Detrás de todo? ¿El motivo real? La secta globalista a puesto en marcha la Operación Tarta: en el mundo actual hay un banquete —una tarta—, a menor número de comensales, mayor porción de la tarta les toca.

ALONSO

     Sin embargo, tu mundo, el mundo por el que abogas, es el de la familia tradicional, cuyo objetivo fundacional es el de generar descendencia.

SILÍCEO

     La tradición judeocristiana tiene su propio leitmotiv, expresado en la bendición de Dios a la primera pareja humana, Adán y Eva: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra» (Génesis 1:28). El planeta Tierra no fue creado para que una pequeña minoría selecta lo habitara, disfrutara y gestionara como un cortijo de su propiedad… como la isla Epstein. La idea era que el ser humano se multiplicara y ejerciese el dominio y cuidado de este hogar terrestre. En el judeocristianimo, tener hijos se considera como una bendición de Dios.

     Ahora bien, una vez matizado esto, en el caso de España, no podemos cerrar los ojos al problema existencial que supone para nosotros como nación, la imposición del catastrófico invierno demográfico al que estamos sometidos por parte de las élites globalistas europeas y españolas. Desde el año 2015, hay más defunciones que nacimientos. Por ejemplo, en el 2023, las muertes superaron a los nacimientos en 135 166.

     En curioso que, en los análisis que se hacen sobre las múltiples consecuencias de este invierno demográfico, se omite el impacto que tiene en nuestra viabilidad como nación. Por tanto, es pertinente el que me remita a las palabras de alguien que ha estudiado a lo largo de la historia de la humanidad el impacto de la tasa de natalidad, el eminente historiador Will Durant:

«Así, la tasa de natalidad, como la guerra, puede determinar el destino de las religiones; del mismo modo que la derrota de los musulmanes en Tours (732) impidió que Francia y España reemplazaran la Biblia por el Corán, la superior organización, disciplina, moralidad, fidelidad y fertilidad de los católicos podría anular la Reforma protestante y la Ilustración francesa». 

     Durant, califica el crecimiento demográfico de factor estratégico y político, puede ser tan decisivo como una guerra para conseguir la hegemonía religiosa, cultural o política. La tasa población es poder: el grupo que mantenga en el tiempo tasas de natalidad más elevadas puede alterar a su favor el equilibrio político, cultural o religioso de una nación. De modo que, mejor que invierno demográfico, o, transición demográfica, habría que hablar de «suicidio demográfico» de las sociedades secularizadas. Nuestra baja natalidad crea un vacío que está siendo llenado artificialmente con la población de otro grupo o civilización con altas tasas de natalidad. Y no, no estamos hablando de pérdida de influencia sino de la mismísima existencia. ¿Sabes qué tasa de natalidad se precisa para la continuidad de España como la nación que conocemos desde hace 500 años? Para que una generación sea reemplazada por la siguiente (reemplazo generacional) se precisa una tasa de fecundidad por un mujer de 2,1 hijos. Sin embargo, los últimos datos para España —los correspondientes a 2023—, indican una tasa de fecundidad de 1,12 hijos por mujer. Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, como Perico I celebra con cien actos los 50 años de la muerte de Franco —¡que tantos votos le ha dado y le da!—, diré que en el año 1975 la tasa de fecundidad en España estaba en el 2,77. De modo que, si miramos una gráfica de barras que comprenda el período 1975-2023, apreciaremos que el pseudodemocrático Régimen de 1978 ha sido ha sido más que nefasto, letal, en lo que respecta a la tasa de natalidad. 

     En realidad, estamos sumidos en una guerra silenciosa que nos conducirá inevitablemente a un choque entre civilizaciones. Pero, mientras llega el choque frontal, nos ofrecen un «aperitivo» para hacer boca. Sí, llueve sobre mojado: una inmigración ilegal permanente, masiva y fuera de todo control que amenaza nuestro sistema de bienestar y nos llevará a una fractura social probablemente de carácter violento. Esto no lo digo yo, sino Pierre Brochand, quien fuera de 2002 al 2008 director general de la Dirección General de Seguridad Exterior (DGSE) de Francia ―el jefe del espionaje―, leyó un informe ante la Amicale Gaulliste du Sénat:

«En primer lugar, que la realidad del mundo no es bonita ni feliz, y que es suicida insultarla, porque, como un bumerán, se venga multiplicada por cien. En segundo lugar, en lo que se refiere a la acción, el peor pecado de todos es confundir nuestros deseos con la realidad. Que, aunque lo peor no siempre es seguro, es mejor preverlo para evitarlo. Que las sociedades “multiculturales” están destinadas a desmoronarse. Que no somos más ‘listos’ que los libaneses o los yugoslavos para conseguir que la gente que no quiere ‘viva junta’.

Y, sobre todo, que, en las relaciones entre grupos humanos, nadie hace regalos a nadie, que los asesores —sean del New York Times o de SOS Méditerranée— nunca son los que pagan y que, si no nos hacemos cargo de nuestros intereses vitales, nadie lo hará por nosotros. Por un lado, no me estancaré en los números. Porque, con casi medio millón de entradas [de inmigrantes] anuales y una tasa del 40% de niños de 0 a 4 años de origen inmigrante, la causa me parece que se entiende a este nivel».

     Sobre esta misma problemática, en un programa de radio, Brochand añadió:

«Hace cincuenta años teníamos los mejores servicios públicos del mundo. Estábamos orgullosos de ello y todo el mundo los envidiaba. Hoy son despreciados por todos y nos quejamos de su bajo nivel. La pregunta es: ¿qué ha pasado en este tiempo? Nos enfrentamos a 450.000 personas cada año que no han contribuido ni un centavo a la infraestructura que usarán desde el primer día. Hemos acogido a 2,6 millones de personas en los últimos cinco años. ¿Cómo se puede esperar que estas personas, que luego se convierten en consumidores netos y contribuyentes deficitarios no ejerzan una presión insoportable sobre los servicios públicos?».

     Sí, Alonso, en este momento histórico y trascendental, el debate se centra sobre quién tiene derecho a decidir sobre la reproducción y la existencia humana. Así que, la fecundidad se convierte en un acto de rebeldía, de resistencia cultural y política.

ALONSO

     Perico I, ¿qué opinión te merece?

SILÍCEO

    Tu definición de él, podríamos decir que es exacta, matemática: el Autócrata en pantalón de pitillo. Es la suma de la arrogancia y la ignorancia. Se cree un dios hecho carne, por tanto, por encima de los mortales. De hecho, como tiranozuelo venido a más, goza del tipo privilegiado de autonomía: es soberano en tanto en cuanto que tiene la facultad para darse a sí mismo una norma, una ley. Por esta razón, está obsesionado por colonizar el Estado y erosionar el poder que lo fiscaliza… el Poder Judicial. Su estrategia consiste en concentrar todo el poder en su persona para  dominar total y completamente las instituciones del Estado. Ahora, es más peligroso que nunca, como un animal acorralado. Se siente acosado por innumerables casos de corrupción que le rodean. De modo que, tiene una necesidad perentoria de politizar e instrumentalizar jueces y tribunales, de que sean extensiones de su voluntad, como el resto de instituciones del Estado.

     El sistema político en España se caracteriza por el culto al líder, donde se premia la lealtad sobre el mérito y el esfuerzo, provocando en el amado líder la paranoia del poder. Por este motivo, Perico I, ha pasado de su congénito nivel de desconfianza, a un síndrome de vigilancia extremo caracterizado por una desconfianza patológica con proyecciones de amenazas reales e imaginarias. Ahora mismo, padece un delirio de persecución. Sospecha de todo y todos. Ha entrado en modo Stalin: necesidad de control absoluto a través de sistemas de vigilancia masiva, y el paso inmediato… purgas masivas. Además, su narcisismo exacerbado le hace creer que está destinado a ser alguien trascendente, a marcar una época que se definirá como antes y después de él. Como los últimas días de Hitler, en su búnker de Berlín, está desconectado de la realidad, incapaz de procesar información de forma lógica y coherente… insistiendo en medidas imposibles. 

     Esta paranoia se institucionaliza de tres maneras concretas. Primero, una censura estratégica a través de un Ministerio de la Verdad al más puro estilo orwelliano, empleando la publicidad institucional como mecanismo de control de los medios de comunicación. Es él quien determina qué es información y qué no lo es, qué es verdad y qué bulo o desinformación. Segundo, deshumaniza y criminaliza a la disidencia. Quien no le vota y quiere botarle, o es facha o de extrema derecha, o franquista o agente de Putin. Tercero, entra en modo Calígula, incapaz de distinguir la lealtad de la adulación. Sistemáticamente, entre su entorno cercano, elimina o se quita de encima a todo aquel de quien sospecha. Se hacen más frecuentes los encuentros en conventículos, en el formato de reuniones secretas. Reduce sus comparecencias en los órganos de representación de la soberanía nacional: las Cortes y el Senado.  Llegado a este extremo, no me extrañaría que tuviese en plantilla un catador de venenos para probar comida y bebida.

ALONSO

     Una última apreciación a modo de despedida.

SILÍCEO

     España está sometida por un autócrata en pantalón de pitillo. El caradura, tiene una voluntad férrea por hacerse con todo el poder, con personificar al Estado. El suyo es el poder del Mal, uno que nos amenaza con llevarnos a un punto de no retorno, a un desastre irreparable. Me repito, la noche se echa encima, el día está avanzado. 

Alonso de Madariaga

Natural de una Barcelona maravillosa, abierta y cosmopolita que ya no existe. Exiliado lingüístico, hui de la dictadura del KKK catalanista. Heredé el humor de mi padre, Cervantes y Quevedo. Me gusta entrevistar (in absentia) a personajes públicos inaccesibles e importunarlos con preguntas políticamente incorrectas aderezadas con un puntito de ironía y de sarcasmo. ¡Vamos, que les ajusto las cuentas! Graduado en Criminología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia, mención o especialidad en Psicología de la Delincuencia.

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