
ACTO PRIMERO
Nos encontramos en una amplia sala, de techos altos. Se trata de una gran casa palaciega, decorada con gusto antiguo. Al fondo una chimenea encendida sobre la que se entrecruzan dos espadas toledanas. A ambos lados los cuadros: el de la izquierda es el retrato de un magistrado con aire altivo y luengas barbas; viste la toga reglamentaria y muchas puñetas (con perdón). A la derecha una imponente señora con vestido de noche y collar de perlas y el pelo recogido en trenzas al estilo ruso. En el techo una gran araña de forja parece caer sobre una mesa donde reposa un jarrón con flores y unos libros. Cubre gran parte de las paredes una gran biblioteca; en primer término un pequeño gabinete con escritorio. Varias mesas con lámparas se desperdigan por la estancia cuyas ventanas cubren unos pesados cortinones. En el foro, en los extremos unas puertas gemelas que están cerradas.
En la parte izquierda hay dos tresillos, en uno de los cuales está sentada una dama, ya un poco entrada en edad, discretamente vestida y peinada. También dos butacas; en una de ellas, mirando al público un señor en batín, de la misma edad que ella, con un gran bigotón blanco. Sobre una mesita baja unas tazas de café y gran variedad de revistas y periódicos. Que está leyendo el matrimonio en el momento de levantarse el telón.
DON LEONCIO.- Cómo está el país, Aurora. Fíjate en las noticias del Heraldo: “Roban a una anciana en el centro de Zaragoza por el procedimiento del tirón. La mujer ha sido trasladada al hospital Miguel Servet con pronóstico reservado”. O esta otra: “Estafan a un vecino de Binéfar en el casino de Huesca, cargándole en su cuenta la comida anual de la XXVI Promoción de Inspectores de Hacienda. El monto ascendió a cuatrocientas seis mil quinientas treinta y ocho pesetas, tabaco aparte. Los graciosos se hicieron cargo, todo un detalle, del menú del estafado, que compartía mesa con una bella señorita y cuya factura se liquidó en cuatro mil ochocientas pesetas, copa incluida”.
DOÑA AURORA. Mira que confundir las cuentas… Si es que aún hay mucho pardillo por esas tierras, que se entretienen con ciertas compañías femeninas… aunque el caso no es de estafa sino de despiste monumental.
DON LEONCIO.- Pero bien callados los inspectores, cuya fiesta les resultó barata. Por lo visto la interfecta también era inspectora de Hacienda y estaba en el ajo. Además, como indica el Diario del Altoaragón “el hombre pagó con billetes contantes y sonantes, con lo cual no hay prueba digital del follón”.
DOÑA AURORA.- Del follón no sé, pero del lío ya habrá pruebas. Seguro que lo tiene todo grabado el excomisario Vallejo.
(Entra por la derecha un MAYORDOMO perfectamente uniformado, de mediana edad y casi calvo con una bandeja vacía.)
MAYORDOMO.- Con permiso, doña Aurora. ¿Les traigo otro café, un jerez?
DON LEONCIO.- Nada, Fermín. Es tarde para otro café y pronto para beber.
MAYORDOMO.- Pues retiro el servicio y me retiro yo mismo, como Martínez-Almeida. Y pregunto a la cocinera cómo va la perdiz para el almuerzo.
(El MAYORDOMO se retira, en efecto, llevando la bandeja y las tazas.)
DOÑA AURORA.- Hay que ver este Fermín, qué cultura la suya, haciendo alusión al cierre del Retiro. Qué suerte tuvimos al contratarle hace veinticinco años.
DON LEONCIO.- Y qué suerte la suya con el empleo. A ver si te piensas que con su licenciatura en Filología Hispánica hubiera encontrado algo mejor…
(Queda la estancia en silencio, sólo se oye el crepitar de la leña. La pareja se afana en leer la prensa con gran interés.)
DON LEONCIO.- Y Cómo está España, Aurora. No hay forma de encontrar una fontanera y sin embargo dice El Adelantado de Guadalajara que un 15% de jóvenes tiene pensado emigrar al no tener salida laboral. Y The Telegraph se hace eco (en inglés) de los últimos escándalos del exministro Ábalos en materia de bragueta. Para que luego digan que no somos internacionales…
DOÑA AURORA.- Tú y tu manía de meterte en política, Leoncio. Hay que leer otras noticias que pasan en el mundo. Fíjate lo que dice el Hola: “Los propietarios del castillo de Crowville, condado de Escotiland, rescatan la vieja tradición de los fantasmas familiares. Ofrecen esta arraigada atracción en un paquete turístico que incluye alojamiento, pensión completa, susto y paseo campestre”.
DON LEONCIO.- Se ve que no han pisado nuestro Congreso, porque allí sí que hay susto y fantasmas. Además, no veo esa manía de visitar Escocia. Sin salir de nuestra comarca tenemos caza, campo y partida de cartas en el bar.
DOÑA AURORA.- (Con desdén.) Hombre, me vas a comparar… Lo que se lleva ahora y es muy chic son las visitas au château, como en la película Página en blanco, ¿te acuerdas?
DON LEONCIO.- Qué jóvenes éramos, y qué guapa estaba Deborah Kerr…
DOÑA AURORA.- Mira, mira esto otro. Sale en el ABC de ayer: «La finca de los Hernand en Toledo se reinventa a sí misma. Acogerá bodas civiles, LGTBI+, Queer, casorios monomatrimoniales y poligamias varias. Los jardines del cigarral servirán asimismo para celebrar el banquete nupcial. Cada evento lo presidirá una celebrity de Televisión Española y contará con la presencia de un notario y un concejal».
DON LEONCIO.- Qué horror… (Se levanta, saca un puro del bolsillo y se dirige a la ventana detrás del sofá.) Estas modernidades… Y estos fríos que no se van este año, y eso que estamos en mayo.
DOÑA AURORA.- Ya lo dijo Moratinos, que era cosa del “clima climático”. Menudo aburrimiento, marido. Y encima no ha llegado todavía el último número de La Gallina Ilustrada. Cosa de Correos, que cada año funciona peor.
DON LEONCIO.- (Paseando por el salón.) ¿No escribe en ese catorcenal una muchacha muy mona… ¿cómo era?
DOÑA AURORA.- María Durán Gil-Casares. De los Gil-Casares de toda la vida. Hace las Crónicas Charlamentarias, una sección muy celebrada.
(Aparece de nuevo el MAOYORDOMO, esta vez sin bandeja.)
MAYORDOMO.- Con permiso de los señores. El señor Comandante de Puesto de la Guardia Civil se encuentra en el vestíbulo. Pregunta si están disponibles los señores.
DON LEONCIO.- La Benemérita en casa, qué raro. Dígale que pase, Fermín. Y a la cocinera que nos prepare un caldito caliente antes de la comida, porque vaya tiempecito.
(El MAYORDOMO hace mutis mientras baja cae lentamente el TELÓN.)

