
«Alguien debería poner límites a estos cafres que creen tener derecho a vapulear a cualquier otro ser humano, el orden público y hasta a profanar obras de arte»
Cada día es más complicado, ver cualquier tipo de orden, seriedad, sentido común, comportamiento racional y respeto a los demás. Esto nos lo restriegan día a día la panda de cafres, con perdón de los miembros de esa tribu, que habitan entre nosotros, y que, por supuesto, no son de la susodicha tribu. Más bien tienen el calificativo, por otra parte, despectivo, que ellos sí merecen. Y son individuos de nuestra propia sangre, latitud, y continente. No creo que esto se deba de achacar a la educación. Los profesores, bastante hacen, frente a la panda de mentecatos desbocados e incluso sus padres, que han perdido toda autoridad a partir de ciertas edades, sobre sus hijos.
Los gallitos, no han sido educados en sus casas, porque “no se le pueden dar cachetes a los niños”, y menos al parecer a los gallitos con ínfulas de dictadores que tampoco han sido corregidos en las instituciones de enseñanza, que deberían tener esa potestad, guste o no a los padres. La poca mano dura que gastan las sociedades occidentales y más la española, es la culpable de esto. Debe de estar, esa sociedad, acomplejada por la figura de Franco, y es lo que hace que el mundo, se haya convertido en un “tócame, Roque” absurdo y descontrolado. Eso sí, cuando se trata de defender tu país o los valores occidentales, los muy valientes, toca culturas ¿trasnochadas? de “Boomers”, no se atreven a decir esta boca es mía.
¡No hijos no! Como decían unos cómicos, una cosa es respeto a los indefensos, y otra debe ser la coerción y castigos necesarios para meter en vereda a quienes creen tener derecho a subyugar a todos los demás, por eso, por chuletas y porque ellos lo valen. Alguien debería poner límites a estos papanatas que creen tener derecho a vapulear a cualquier otro ser humano, el orden público y hasta a profanar obras de arte. También a hacer cualquier otro tipo de desmán, maledicencia, impertinencia y demás cosas. Que todo quede reducido a una buena reprimenda o como mucho a una corta temporada entre rejas, no es solución. Hasta el día en que no sea doloroso infringir la ley, para estas cosas, no habrá orden, ni manera de controlar los desmanes de este tipo, fuera de toda mesura.
Que un museo haya que respetarlo, no hay ni que decirlo. Si alguien no respeta el lugar, muestra muy poca cultura y educación. Si los padres de estas joyas no han sido capaces de educar a estos alevines de bárbaros, es que algo está fallando en la autoridad de las familias, y si es así, esa función debería asumirla el estado. Hay una serie de personas que ya están empezando a necesitar mano dura, porque si no, ellos mismos, acabarán víctimas de su propio desenfreno, desorden y desvaríos varios.
En este sentido la condena, que debería ser ejemplarizante, de los que vandalizaron el museo de Louvre, también debiera ser publicitada a los cuatro vientos con la máxima difusión posible, para escarmiento de futuros alocados de la tontería. La fama no se puede ganar con estupideces, si quieres la fama has de pagar y como decían en la película Fama, escuela de artistas “la fama cuesta, y aquí es donde vais a empezar a pagar”. Pues eso, que esto no sea jauja para los jóvenes que no respetan lo que hay que respetar.
Y es por todo esto, por lo que empezaba diciendo que: Cada día es más complicado, ver cualquier tipo de orden, seriedad, sentido común y comportamiento racional y respetuoso con los demás. Esto nos lo restriegan día a día la panda de cafres, con perdón de los miembros de esa tribu, que habitan entre nosotros y que, por supuesto no son de la susodicha tribu, sino más bien tienen el calificativo, por otra parte, despectivo, que ellos si merecen. Y son individuos de nuestra propia sangre, latitud, continente y educación. No creo que esto se deba de achacar a la educación. Los profesores, bastante hacen frente a la panda de mentecatos desbocados e incluso sus padres, que han perdido toda autoridad a partir de ciertas edades, sobre sus hijos. Los gallitos, no han sido educados en su casa, porque “no se le pueden dar cachetes a los niños”, y menos al parecer a los gallitos con ínfulas de dictadores que tampoco han sido corregidos en las instituciones de enseñanza.
