
«Necesito avisarte que, por la noche, ni se te ocurra cruzarla amigo, porque sus esquinas te helarán el corazón. Antes nos queda luchar contra infamia»
Cae el día y de camino por la calle Atocha hacia la estación alucino. En dirección contraria veo subir hacia el centro de Madrid una legión de carteristas, ladrones, borrachos y un nutrido grupo de seres vociferantes arropados con la bandera palestina que gritan consignas a favor del muro. Menos mal que dejo la capital por algunos días.
Ya en el tren miro por la ventanilla y veo que ya es de noche. Por ello me dispongo a encender la luz de una trilogía de al menos cinco mitos, personal, única, intransferible para que anime como linterna capaz de enfocar la luz del día y, así me permita emprender este modesto pero libre camino por la España turbia, antes de denunciarla por inconstitucionalidad ante la noche del Tribunal Supremo. Y, de paso, avisarte que, por la noche, ni se te ocurra cruzarla amigo, porque sus esquinas te helarán el corazón, como aseguró la madre de Joseba Pagazaurtundúa, una mañana de vuelta de poner unas flores en la tumba de su hijo asesinado por ETA. Nos queda resistir y luchar contra infamia.
En su honor y el de todas las víctimas de la infamia, recuerdo el fleco de un poema del poeta Octavio Paz: «Mientras muchos lloran con lágrimas, algunos lo hacen con sus pensamientos», y me viene a la memoria musical un estupendo tema de mi admirado Loquillo en el que musicó el poema que el Nóbel mexicano dedicó a una especial pintura: «Central Park», del surrealista belga Pierre Alechinsky :
El espejo es de piedra y la piedra ya es sombra,
hay dos ojos del color de la cólera,
un anillo de frío, un cinturón de sangre,
hay el viento que esparce los reflejos
de Alicia desmembrada en el estanque.
Don’t cross Central Park at night.

