La paradoja de sorites o cómo hemos llegado hasta aquí. Por José Crespo

La paradoja de sorites o cómo hemos llegado hasta aquí.

«La paradoja del sorites nos empuja a meditar sobre los cambios graduales y sobre la dificultad de establecer límites en las cosas y en los conceptos»

Ya hablamos de algo similar cuando dije que somos las ranas puestas en agua tibia que no se atreven a huir del cazo, a pesar de que el agua comienza a hervir.

Hoy recuerdo una muy sencilla paradoja de la filosofía griega a la vez que inquietante y que conocemos como la ‘paradoja de sorites’ o ‘paradoja del montón’ mencionada por el filósofo griego Diógenes Laercio que aparece cuando la gente utiliza el «sentido común» sobre conceptos vagos, preguntándose por ejemplo: ¿En qué momento un montón de arena deja de serlo cuando se van quitando granos?

Diógenes Laercio fue un biógrafo e historiador de la filosofía. Poco se sabe de su vida, pero su obra «Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres» es la mejor fuente que nos ha llegado para reconstruir la historia de la filosofía griega.

Es considerado como un doxógrafo, esto es, un autor sin una filosofía propia que recoge por escrito la biografía, las vicisitudes, las anécdotas, las opiniones o ‘dóxai’ y las teorías de otros, a los que considera ilustres. Gracias a él se han conservado doctrinas y textos filosóficos de la antigüedad que se habrían perdido sin su esfuerzo compilatorio. La calidad de sus recopilaciones es desigual pues los modernos estudiosos le reprochan una falta de sentido crítico al reproducir informaciones extraídas de sus fuentes, pero al mismo tiempo se le reconocen la virtud de evitar reinterpretaciones o de introducir sesgos propios.

Diógenes en su obra mencionada cita los argumentos dialécticos de Eubúlides de Mileto, filósofo de la escuela megárica. La escuela megárica fue una corriente filosófica del siglo IV a. C. fundada por Euclides de Mégara que unía las enseñanzas morales de Sócrates con la metafísica de Parménides. Los miembros de esta escuela destacaron por su habilidad en la dialéctica, el uso de paradojas lógicas y por afirmar que el Bien es la única realidad. El gran Eubúlides, discípulo y sucesor de Euclides, es famoso por haber sido un gran adversario de Aristóteles y por crear célebres paradojas y sofismas lógicos que desafiaron la capacidad del lenguaje para describir la realidad, algunas muy conocidas como la del mentiroso, el velado, el calvo, el cornudo y la que nos ocupa en estas líneas, la del ‘sorites’ cuyo significado literal es ‘montón’, referido a un argumento construido a partir de un montón de grano.

La idea que concluye en una sencilla pregunta es de una gran simplicidad, si al montón le quitamos un grano sigue siendo un montón y si le quitamos otro igualmente sigue siendo un montón y si seguimos quitando grano a grano cada cambio generado por la retirada de un grano es demasiado pequeño como para transformar la realidad del concepto de montón, y es entonces cuando aparece la pregunta… ¿en qué momento deja de ser un montón?

Ese es el problema que se nos plantea con la paradoja del sorites que nos empuja a meditar sobre los cambios graduales y sobre la dificultad de establecer límites en las cosas y en los conceptos, y aunque nos parezca un juego de lógica en el ámbito de la Filosofía antigua en realidad nos ofrece una clara descripción de cómo cambian las cosas y los procesos a lo largo de la Historia porque casi nunca se producen de manera radical mediante un brusco golpe de timón y lo estamos presenciando, somos testigos de cómo las instituciones no se deterioran en un solo día, la confianza pública en las instituciones, en el estado, no desaparece de forma repentina, y en cuanto a la convivencia social tampoco se rompe de un día a otro, en la mayoría de los casos, no nos damos cuenta porque… ocurre grano a grano.

Algún pequeño exceso de un día, pasarse ligeramente de la raya otro, medias verdades, una pequeña mentira de un día o un pequeño abuso de otro.

Todos estos pasos parecen insignificantes hasta que llega el dramático momento en que descubrimos que nuestra realidad se ha desmoronado y que aquello que imaginábamos sólido ya no lo es, nuestra realidad se ha desmoronado.

Sin que sea santo de mi devoción, Rajoy lo clavó hace 8 años:

Esta es la enseñanza o lección que nos ofrece la paradoja del sorites, no que no sepamos dónde se encuentra el límite con exactitud, sino que en la mayoría de los casos nos damos cuenta que hemos superado ese límite cuando ya es demasiado tarde.

Este argumento sorites atribuido a Eubulides, algunas fuentes lo remontan a Zenón de Elea. En la época helenística, los escépticos emplearon la paradoja para mostrar las debilidades de sistemas dogmáticos como el estoicismo.

Esta paradoja fue empleada por Samuel Beckett en algunas de sus piezas teatrales, como por ejemplo en «Los días felices», obra clásica del teatro del absurdo. En ella, la protagonista, Winnie, es una señora de mediana edad que aparece en escena semienterrada en un montículo calcinado, bajo una luz cegadora. Pese a ello, a través de un ritual de gestos cotidianos, encuentra siempre motivos, por insignificantes que sean, para considerar sus «días felices», obra en la que los protagonistas enfrentan un deterioro continuo diario imperceptible físico y mental. Como ocurre con el montón, no hay una línea de tiempo mágica o un día específico a partir del cual nos declaramos «felices» de forma absoluta. Nuestro lenguaje está repleto de términos vagos… «mucho», «poco», «calvo», «feliz». La paradoja nos enseña que las etiquetas absolutas que usamos para medir la vida son construcciones mentales. La felicidad no es un «montón» cuantificable que se logra tras acumular un número exacto de buenos momentos, sino un continuo de experiencias variables.

En la política de Pedro Sánchez, esta paradoja se aplica frecuentemente para explicar el «cambio de posición» en temas clave del gobierno, analizar la evolución ideológica y las decisiones del ejecutivo.

Al igual que en la paradoja, los cambios en las políticas o alianzas del Partido Socialista se han dado de manera progresiva. Lo que en un momento se consideró inaceptable (como los indultos o la Ley de Amnistía), se presentó después como una medida de «normalización y convivencia».

El «grano de arena» institucional… cada decisión controvertida es un «grano» que, sumado al anterior, altera sustancialmente la naturaleza del proyecto político inicial del PSOE, sin que el gobierno reconozca un cambio de rumbo abrupto, sino una adaptación a las circunstancias.

Para los apesebrados, estas decisiones son evoluciones pragmáticas y necesarias para garantizar la estabilidad, pero la auténtica realidad es que el gobierno ha cruzado líneas rojas imperceptibles individualmente, y como consecuencia de ello, en conjunto han cambiado por completo el modelo de país prometido o esperado.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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