Día Nacional de Rusia. Por José Antonio Crespo

Con mi amigo, compañero de armas y periodista Juan Pons y en el centro el Excmo. Sr. Yuri Klimenko, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Federación de Rusia en el Reino de España.

«Tratar de conocer o penetrar en la idea de Rusia es aproximarse al entendimiento del concepto de ‘profundidad’ que expresó Fiódor Dostoievski»

La fecha del 12 de junio conmemora la Declaración de la Soberanía Nacional de la Federación de Rusia, aprobada el doce de junio de 1990 por el primer Congreso de los Diputados Populares de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR), tras el comienzo del proceso de desintegración de la URSS.

La Declaración de la Soberanía Nacional de la Federación de Rusia concedió a la RSFSR plenas facultades para la gestión de la vida política y social del país.

Proclamó la supremacía de la Constitución y las leyes rusas así como la igualdad de posibilidades para participar en la vida del Estado de todos los ciudadanos, partidos políticos, movimientos y organizaciones sociales y religiosas, la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial y la necesidad de ampliación de los derechos de los elementos constitutivos de la Federación.

El doce de junio de 1991 se celebraron las primeras elecciones presidenciales directas y abiertas en la historia de Rusia, en las que se impuso el entonces presidente del Consejo Supremo de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, el demócrata Borís Yeltsin.

Debido a que el nombre de la fiesta contenía la palabra “soberanía”, muchos ciudadanos la llamaban erróneamente el “Día de la Independencia”. Para eliminar la confusión, Yeltsin propuso en 1998 que se cambiara el nombre por el de Día de Rusia, que no se hizo oficial hasta el primero de febrero de 2002, al entrar en vigor el nuevo Código Laboral.

El país celebra la fiesta con todo tipo de eventos: conciertos, bailes e incluso discotecas en sus plazas y parques principales. Se dan clases de danza al aire libre, se organizan competiciones deportivas y concursos musicales de participación abierta. Se inauguran festivales y exposiciones. La celebración termina con fuegos artificiales.

Estados Unidos en realidad buscó su provecho y fragmentar aún más a la URSS, aunque por otra parte la política oficial de Washington antes de la disolución soviética en 1991 mostraba su preocupación por el riesgo y las consecuencias de un colapso total en el que una ruptura incontrolada del país e igualmente de su arsenal nuclear derivara en caos, guerras civiles y extrema inestabilidad a nivel global.

Estados Unidos comenzó a temer que el mapa se fracturara tanto que fuera imposible una gestión equilibrada, especialmente con las miles de cabezas nucleares repartidas por varias de las antiguas repúblicas soviéticas ahora independientes.

Se perdió una gran oportunidad para la integración de Rusia en la Unión Europea, creándose un espacio de seguridad que abarcase desde Alaska y Canadá hasta Vladivostok. Algo que fue tildado como utópico por los EEUU, provocando el vuelco de Rusia hacia Oriente y Asia.

El sincero deseo traicionado de Mijaíl Gorbachov y Borís Yeltsin de acercar Rusia a Europa fue un eje fundamental en el fin de la Guerra Fría, impulsado por la necesidad de integración económica y seguridad compartida. Sin embargo, sus visiones y enfoques difirieron significativamente en el contexto de sus respectivos mandatos.

Mijaíl Gorbachov, último líder soviético acuñó el concepto de la «casa común europea», una estrategia de política exterior basada en la interdependencia y la reducción de armamento nuclear. Su objetivo era superar la división de bloques, abogando por la coexistencia pacífica y valores compartidos sin renunciar al sistema socialista reformado.

Este acercamiento facilitó la firma de tratados históricos con Occidente, pero su aspiración colapsó junto con la propia Unión Soviética en 1991 y por la resistencia y oposición desde los EEUU.

Como primer presidente de la Federación Rusa independiente, el deseo de Yeltsin fue el proyecto de convertir a Rusia en parte de las instituciones occidentales y capitalistas y en diciembre de 1991, Yeltsin expresó el deseo de que Rusia se sumara a la OTAN a largo plazo.

El optimismo inicial se transformó en recelo en la segunda mitad de los años 90 debido a la expansión intencionada de la OTAN hacia el Este, a pesar de que con la disolución del Pacto de Varsovia la OTAN ya no tenía sentido, y las intervenciones en la antigua Yugoslavia, lo que hizo que Rusia sintiera que se la relegaba o más bien se la expulsaba de una sincera integración en el orden de seguridad europeo.

Gorbachov buscaba una reforma socialista y un reconocimiento de Europa que abarcara desde el Atlántico hasta los Urales, priorizando el desarme. Yeltsin, por su parte, buscaba una integración estructural, económica y diplomática con el mundo occidental, solicitando el ingreso directo de la Rusia capitalista en las instituciones euroatlánticas. Nada de ello fue posible.

En la recepción ofrecida en la embajada en Madrid con motivo de la Fiesta Nacional de Rusia con Luis Valiente director de Actas Editorial y en el centro la Agregada Cultural de la Embajada de Rusia Anna Ermachenkova.

Tratar de conocer o penetrar en la idea de Rusia es aproximarse al entendimiento del concepto de ‘profundidad’. Para Fiódor Dostoievski, el concepto de ‘profundidad’ no es una simple metáfora, sino el abismo insondable del alma humana. Sus obras exploran la tensión desgarradora entre el bien y el mal, la culpa y la redención, y el libre albedrío, retratando al hombre no como un ser racional, sino como una criatura guiada por deseos irracionales y una insaciable búsqueda de sentido. Creo sinceramente que esa idea de ‘profundidad’ tanto geográfica como cultural es la que mejor define a Rusia. Penetrar en esa profundidad es sencillamente saber y tratar de saber de la existencia de sus más de cientos noventa y cinco grupos étnicos donde encontramos además de rusos, tártaros, chechenos, basquires, chuvasios, ávaros… entre eslavos, pueblos túrquicos, caucásicos, finougrios, indígenas de Siberia y del lejano Oriente donde se encuentran los yakutios, tuvanos, nénets, evenkis, buriatos, chukchis y los aleutas, ochenta y nueve sujetos federales, entre oblast, kreis, territorios, ciudades federales, una región autónoma, con más de veinte repúblicas y más de doscientas treinta lenguas.

Cuando pensamos en Europa frente al ‘misterio’ de Rusia, al intentar aproximarnos en el conocimiento de Rusia no podemos quedarnos en la superficie y pensar sólo en una entidad misteriosa sino que debemos adentrarnos en su ‘profundidad’, no por ello secreta o insondable, sino enorme y abierta para ser conocida y para lo cual seguramente se necesitaría más de una vida. Término, la profundidad, ideal para definir ampliamente la geografía y la gente de Rusia tal como el embajador Yuri Klimenko ha traído a colación en su apasionado discurso previo al extraordinario concierto y recepción ofrecida en la embajada en Madrid con motivo de la Fiesta Nacional de Rusia.

En todo caso, felicidades en el Día Nacional de Rusia, esa gran nación que ocupa la mayor cantidad de husos horarios de la Tierra, con la mayor y más ‘profunda’ riqueza natural, geográfica, musical, pictórica, lingüística, religiosa, cultural, etnográfica y folklórica del globo.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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