
«Al recobrar su aspecto, abrazaría con orgullo la riqueza de poder ser parte de esa sociedad, encontrando en ella un lugar al que pertenecer»
A veces se cuestionaba si sería posible ser al mismo tiempo espectador y actor, sin que nadie notara su presencia. Al principio, la idea de la invisibilidad le pareció un juego fascinante.
Caminaría sin ningún tipo de restricciones entre la multitud. Escucharía confidencias ajenas y contemplaría el mundo desde una posición privilegiada. También podría descubrir secretos inconfesables y verdades ocultas, sin prejuzgar. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que aquello no sería un privilegio sino una carga. En los momentos de soledad no habría nadie a su lado. Sus palabras se perderían en el vacío. Buscaría la forma de tender la mano a los que ama, pero la ausencia de reconocimiento por su inevitable vanidad, acabaría pesando como una losa sobre su corazón.
Por último, tras la euforia inicial, rogaría ser visible. Al entender, que el verdadero encanto reside en ser aceptado con virtudes y defectos, en medio de esa hambrienta vorágine diaria.
Así, al recobrar su aspecto, abrazaría con orgullo la riqueza de poder ser parte de esa sociedad, encontrando en ella un lugar al que pertenecer.
@ Manuel Sanz Real

