
«Yo también tengo en casa un espray de esos de pimienta (caducado) que pongo a disposición de doña Ana Vázquez, a condición de que le de un buen uso»
No sé a qué viene tanto escándalo, tanto rasgado de vestiduras, tanto dedo acusador. Cómo el ímpetu censor anida en ese espíritu civilizador y mediterráneo que debiera ubicarse en el alma de “madame Armengol” (como diría José Alejandro Vara) es algo que no logro entender.
Hace unos días, doña Francina, que es la tercera autoridad del Estado además de presidente del Congreso de los Diputados, por ende la jefa de la Cámara Baja, expulsó de la sala a la portavoz popular de Interior, señora doña Ana Belén Vázquez. Doña Ana tiene un dulce acento gallego y se define como centrista, y a mí eso no me parece ni mal ni bien. Sólo que son unos rasgos que le restan el ímpetu y la pegada que debiera tener un diputado echado a los leones.

Recuerdo que fue invitada a salir del hemiciclo por madame Francina porque a propósito de la indefensión y el miedo de las mujeres de Ceuta, exhibió un botecito de espray de pimienta que pudiera haber sido una inofensiva laca para el pelo. Se enfadó mucho la mallorquina apelando al Reglamento de Armas, que por motivos bien diferentes conocen de sobra ciertos parlamentarios de algunas provincias del norte. El momento verdaderamente fue tenso: se ignoraba si el arma estaba cargada y en condiciones de ser utilizada rociando de gas la inmunidad parlamentaria. He leído que el frasco fue vaciado previamente en uno de los numerosos váteres del lugar, creando la natural confusión y el desalojo de las estancias adyacentes. A quién se le ocurre. Y es que el edificio de la Carrera de San Jerónimo es jardín de infancia más que sede del poder legislativo.

Yo también tengo en casa un espray de esos de pimienta (caducado) que pongo a disposición de doña Ana Vázquez, a condición de que le de un buen uso. Dispongo asimismo (y aquí puede venir lo gordo) de dos aerosoles caducadísimos (cuya ubicación mantendré en secreto y sólo conoce don Manuel Artero, editor de La Paseata a la sazón) comprados de oferta hace lustros porque estaban de liquidación en una droguería. Este producto, que no me he atrevido a usar pues se trata de un insecticida de “descarga total” y por lo visto actúa como una bomba de humo, digo yo que podría servir de sustituto para la defensa personal. Es de tamaño reducido y deja secas a las garrapatas, arañas y pulgas que tanto incordian.
El día en que la periodista miss Argudo gane las elecciones primarias de Podemos, se haga con su secretaría general y el chalé y tome posesión del escaño en el Congreso, voy a regalar la miniatura de pimienta a la señora Vázquez Blanco y los dos específicos fabricados por la casa Bayer a doña Rebeca. Ese día va a empezar la fiesta de verdad. Será digno de ver cómo madame Armengol maneja la crisis, por muy licenciada en Farmacia que sea.

