«No sé yo que haya en el mundo palabras tan eficaces ni oradores tan elocuentes como las lágrimas.”
Félix Lope de Vega y Carpio
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Me recuerda hoy mi amiga Mercedes Ibáñez Huete la cita del inventor de todo un Mundo, el genial Tolkien, una de sus frases dirigidas al corazón de los hombres: “Desleal es aquel que desaparece cuando el camino es oscuro” y un servidor, ante la propuesta, no contempla otra imagen que la del impresentable Artur Mas, esposado y conducido por la UDEF, a las mazmorras del estado. El infame por antonomasia. El superlativo desleal.
Termina un año, que ha estado cargado de Elecciones Municipales y Autonómicas en diferentes ciudades españolas, con el broche final el pasado día 20 de diciembre con las Generales.
Yo no voy a juzgar como han llegado los unos y los otros a los despachos del poder, para eso están las leyes aprobadas hace 38 años con la llegada de la Democracia.
De lo que sí voy a juzgar o expresarme, como demócrata, es de la situación en que nos tienen estos nuevos » políticos «.
Nos sorprende que Asturias, Cantabria y el País Vasco ardan en el mes de diciembre mientras que la mayoría asume resignada que la mano del hombre ha prendido la mecha del desastre. Y no nos asombra que dependiendo de la fuente informativa y de paso, ideológica, en la que fijemos nuestra atención, los responsables del delito son los ganaderos, los subvencionados por los pastos, los del PP o los especuladores inmobiliarios.
Y sirva como curioso apunte que en esta navideña ocasión, aparte del miedo que representa la llamarada cerca de los hogares, nadie ha mencionado, o señalado, a los pirómanos enfermos que también conviven en nuestros montes azotados por la cultura del fuego, como los causantes del delito.


Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor
la han perdido y te culpan a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también aceptas que tengan dudas.
Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no incurres en el odio.
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.
Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y la derrota,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.
Si puedes apilar todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola jugada;
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios y tendones,
a cumplir con tus objetivos mucho después de que estén agotados,
y así resistir cuando ya no te queda nada
salvo la Voluntad, que les dice: «¡Resistid!».
Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
o caminar junto a reyes, sin menospreciar por ello a la gente común.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos pueden contar contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el implacable minuto,
con sesenta segundos de diligente labor
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y —lo que es más—: ¡serás un Hombre, hijo mío!