La cultura política española debe más a la vacilante historia contemporánea que a lo que se estila en las democracias dizque avanzadas.
Ciertas constantes de la cultura política española. Por Amando de Miguel

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La cultura política española debe más a la vacilante historia contemporánea que a lo que se estila en las democracias dizque avanzadas.

la clave de las dicotomías sin salida esté en que la selección de los gobernantes se ha hecho al revés: se han escogido a los menos capaces.

El edadismo es una forma de discriminación social por cuestión de edad que afecta a muchas personas mayores.

Os voy a contar con mucho dolor en cada palabra en este artículo cómo sucedió el secuestro y posterior asesinato de mi querido abuelo.

Muchos analistas sensatos empiezan a sospechar que la actual democracia española se aproxima a los límites de un régimen autoritario

Este maldito gobierno sigue sin reconocer la peligrosidad que lleva aparejada la profesión de Policía Nacional, o de la Guardia Civil.

Nuestro amigo el cascarrabias salió contento de la reunión de coordinación de la acción de gobierno de coalición. Sólo se hace lo que ellos dicen: Sánchez está en el pincho de asar

Progenitores, dejemos de comportarnos como gallinas de corral e imitemos y comportémonos como el águila imperial ibérica.

Se calcula que en la época de la conquista, poblamiento y asentamiento español, los pueblos indios tendrían una población de unas 20.000 almas habitando unos 70 pueblos además de los mansos

No les basta con pactar con los asesinos de ETA e incorporarlos a la dirección del Estado, ahora también los alaban como si fuesen héroes-

Hay que recordar que quién ha puesto a Vox ahí no es el PP sino los ciudadanos, igual que fueron ellos quienes pusieron a la extrema izquierda…

El monstruo Frankenstein que ellos crearan no es sino una amalgama de cosas pochas, hediondas, purulentas y putrefactas.

Aquellos que pertenecemos al segmento de plata, vamos a tener que someternos a una puesta al día para la interpretación del nuevo lenguaje.

Esta historia es real y como decía Sigmund Freud a sus alumnos, “escríbalo, escríbalo”. Pues sí, hay que escribirlo que algo quedará.