El carrito de la compra es un caro motivo de alarma: Se ha encarecido en un veinticinco por ciento en un año y en un cincuenta de hace dos.
El carrito de la compra, un caro motivo de alarma. Por Rodolfo Arévalo

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El carrito de la compra es un caro motivo de alarma: Se ha encarecido en un veinticinco por ciento en un año y en un cincuenta de hace dos.

Sánchez lleva una vida regalada en palacio. No paga luz, gas, gasóleo, comida, … nada. No le preocupa la inflación, paro, … nada.

Lo fundamental de la España vaciada es que constituya un alivio para sumar votos de la izquierda. El precedente fue un partidillo con el marbete de Teruel también existe.

Porque no todo vale, nace NEOS, una muy necesaria iniciativa cultural y social en esta época donde las tinieblas están venciendo a la luz.

Hoy también tenemos un dictador, lo malo es que todavía la mayoría no se ha dado cuenta. Espera a que despabile más gente y esto va a parecer la Meca.

Aparece el coronavirus sudafricano. No saben si es una mutación malísima. Huele a más pinchazos (vacunas) y más estacazos (impuestos).

Destruyen la sociedad, la economía, la familia, el individuo. Se apropian de bienes y del pensamiento. Son como ratas de cloaca.

El ridículo del socialista Odón Elorza en su mezquindad pasará a la historia de España como el más miserable comportamiento con las víctimas del terrorismo.

Sánchez ata las cuentas de su legislatura y el nacionalismo cobra 400 millones extras. Saciados de dinero no saben ya qué pedir.

Lo extraño es que dos expresiones tan distintas sobre el deber, se muestren como, prácticamente, intercambiables en el habla corriente.

Sin patria, sin idioma, fugado, feo y cobarde…eres un partidazo… Puigdemont.

La Portada del Feliz Jueves: Se masca la tragedia por mucho que el socialismo sea chupiguay y el felón repita eso de que confiemos en él.

Maite Pagazaurtundúa: «El pacto con Bildu habla de una degradación del socialismo español» La eurodiputada alerta en ABC sobre la proliferación de los delitos de odio y la intolerancia en la política parlamentaria.

Estamos gobernados por el fruto de la indignidad que nada tiene que ver ni con la verdad, la justicia, la reparación o la reconciliación.