El proceloso mundo del deber. Por Amando de Miguel

El proceloso mundo del deber.

“Lo extraño es que dos expresiones tan distintas sobre el deber, se muestren como, prácticamente, intercambiables en el habla corriente”

En el idioma común de los españoles, el verbo “deber” resulta equívoco, acaso, por la característica mentalidad española, propensa a incumplir todo tipo de normas porque “no pasa nada”. Bueno, el sujeto, así, lo cree muchas veces. La cosa empieza con los “deberes” del colegio, que el escolante puede considerarlos como opresivos, una molestia.

La indeterminación se manifiesta en dos expresiones, que parecen significar lo mismo: A) debe ser, y B) debe de ser. Para mucha gente, ambos enunciados son equivalentes, intercambiables; pero, nada de eso. (A) se refiere a que existe una obligación moral, jurídica o social de que eso suceda o se cumpla. La razón es que alguien con autoridad ha decidido, previamente, que el resultado exigido es bueno o justo. Por tanto, hay un compromiso de realizarlo o conseguirlo. En cambio, (B) indica que es probable que eso suceda, normalmente, porque el sujeto lo desea o entiende que es conveniente para sus intereses. Cuando la probabilidad se acerque al 100%, se puede decir que el suceso tiene que ser o, simplemente, será. En los asuntos humanos, se da pocas veces tal condición estadística. Sin embargo, utilizamos el futuro del verbo “como si” tuviéramos esa seguridad. De otra forma, la convivencia se nos haría insoportable.

Lo extraño es que dos expresiones tan distintas, como (A) y (B), se muestren como, prácticamente, intercambiables en el habla corriente. Es más, algunas personas insisten, equivocadamente, en que debe de ser señala más obligación moral, jurídica o social que debe ser. En el mundillo político, es muy corriente pensar que lo previsto es lo que va a ocurrir. Eso es así, más que nada, porque se confunden las anticipaciones con los deseos o los intereses ideológicos.

Lo que tienen de común las dos expresiones dichas es que se refieren al contraste con la realidad (lo que es), la cual puede llevar a gruesos errores de percepción. Por ejemplo, cabe pensar que muchas personas no acepten el código moral, jurídico o social, que implica el deber ser. En los asuntos humanos, dado que se interpone la libertad, no se puede asegurar una alta probabilidad de realización de las conductas previstas. Por tanto, el debe de ser hay que tomarlo con muchas cautelas.

El mundo público requiere que se destaquen algunos individuos que toman decisiones sobre la conducta de otros, de la generalidad de la población. Son las autoridades, los gobernantes, los jueces, los empresarios, los profesionales de todo tipo. En tales circunstancias, resulta flagrante la tendencia a confundir (A) y (B). Para resolver la aporía, se recurre a una de estas dos soluciones: 1) Da lo mismo debe ser que debe de ser; se considera un distingo de profesionales. 2) Se intenta convencer a la gente de que lo que debe ser es lo que es, mediante la persuasión, la propaganda, la publicidad, incluso, la mentira. Cabe pensar que tales acciones constituyen una especie de violencia psicológica, de manipulación de las conciencias. Sin embargo, el agente que lleva a cabo tales prácticas se defiende con el argumento implícito de que lo hace en defensa propia o de que es parte de su oficio.

La verdad es que, para muchos españoles, (A) y (B) son declaraciones intercambiables. Incluyo a algunos escritores o periodistas de renombre. Lo cual revela un lamentable grado de incultura o, peor, un alto grado de desmoralización de la sociedad, donde eso se produce. Elija usted, lector curioso, que ha llegado hasta el fin de este escrito.

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

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